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    <title>Abriendo caminos</title>
    <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/</link>
    <description>Relato ficticio sobre la vida de una chica y su relación con el tabaco. CW: smoking fetish.</description>
    <pubDate>Thu, 07 May 2026 11:10:02 +0200</pubDate>
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      <title>Parte 28: El relato de Íngrid.</title>
      <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-28-el-relato-de-ingrid</link>
      <description>&lt;![CDATA[Había cumplido catorce años unas semanas antes, empezaba el verano y unos amigos de mis padres, Isabel y Tomás, habían invitado a nuestra familia y a otra más a una barbacoa. Los padres se pusieron a hablar de la educación de los hijos y de los desafíos de la adolescencia, incluida la cuestión del tabaco. Tomás defendió que lo peor es que los chicos vieran el tabaco como algo prohibido, porque las prohibiciones resultaban muy atrayentes para los adolescentes y consideraba que la atracción de lo prohibido era la principal causa de que los adolescentes fumaran. Argumentó que, para evitar que se hagan fumadores, lo mejor es que los chicos prueben el tabaco en un ambiente seguro, para matar la curiosidad y para que no lo vieran como un tabú a trasgredir. Quizás por la influencia de las cervezas, los adultos encontraron los argumentos de Tomás muy convincentes, y a mi y a Pablo, un chico de mi edad hijo de la otra familia invitada, nos invitaron a fumar sendos cigarrillos.&#xA;&#xA;Acepté la invitación. Siendo hija de fumadores tenía cierta curiosidad por saber como era fumar. Pablo dudó un poco pero finalmente aceptó un cigarrillo. Encendimos los pitillos uniéndonos a los adultos fumadores, tosimos un poco y fumamos sin tragar el humo. El sabor me pareció muy extraño, esperaba un sabor intensísimo pero lo encontré más suave e indefinido de lo que esperaba. Me dio un poco de vergüenza fumar delante de los adultos y de mi hermana, pero a la vez sentía la satisfacción de ver que ya no me consideraban una niña sin más, me pareció un bonito gesto de confianza y los adultos se veían satisfechos de lo liberales y desenfadados que eran con sus hijos. Al acabar el cigarrillo, el sabor de boca que dejaba fumar me pareció bastante malo y traté de eliminarlo con algún refresco.&#xA;&#xA;Un par de semanas más tarde, después de cenar en familia, teníamos una charla distendida, mis padres se pusieron a fumar y me apeteció repetir la experiencia. Cogí la cajetilla de mi padre y me miraron interrogativamente, por lo que dije que me apetecía fumar un pitillo. Me dijeron que ni se me ocurriera y me quitaron la cajetilla de la mano. Aquello me sentó como un tiro, noté que se me subía la sangre a la cara y me sentí furiosa. Traté de que no se me notara durante unos minutos pero estaba realmente enfadada y me fui a mi cuarto. &#xA;&#xA;Al día siguiente aun me duraba el enfado y mi madre me dijo que por que me había puesto así, que si había empezado a fumar a escondidas. Le dije que no, que no fumaba, pero que me sentía humillada y defraudada porque ahora veía que, cuando me habían dejado fumar un cigarrillo, no era porque confiaran en mi y pensaran que era suficientemente madura para manejar la experiencia si no porque estaban seguros de que me desagradaría y esperaban que le cogiera asco al tabaco, pero &#34;¿Y que pasa si a la cría le apetece fumar otro cigarrillo? ¿No se os había ocurrido esa posibilidad? Ahí se acaba lo de hacerse los padres enrollados&#34;, le dije furiosa porque lo que habían intentado hacer pasar como un gesto de confianza era un realidad un acto de manipulación o una especie de broma a mi costa. Mi madre me dijo que ya no era una niña, o no del todo, pero que aun era muy joven para fumar, que una cosa es probarlo o fumar un cigarrillo ocasionalmente y otra que una chica de catorce años se ponga a tontear con el tabaco, que es muy adictivo y me engancharía antes de que me diera cuenta. En el argumento de mi madre vi un punto flaco y le pregunté a que se refería con ocasionalmente. Saboreé la pequeña victoria dialéctica de ver que mi madre quedaba un poco confusa con mi pregunta, dudó un poco, &#34;pues eso, de tarde en tarde&#34;, yo no solté presa e insistí en preguntar cuanto era eso. Por la cara que ponía, creo que mi madre sopesó poner fin al debate diciéndome que me dejara de tonterías, que no podía fumar y punto, pero debía ser consciente de que me sentía humillada por pensar que no confiaban en mi y me dijo: &#34;no se, como cada dos meses o algo así&#34;.&#xA;&#xA;No estaba segura de que mi madre hubiera hablado en serio, pero hicimos las paces. Pasaron los dos meses y yo quería saber si mi madre mantenía lo dicho o era algo que había dicho a la ligera para gestionar el berrinche de la niña. Le pregunté delante de mi padre, después de cenar juntos y con ellos a punto de encenderse sus cigarrillos, si se acordaba de que me había dicho que un cigarrillo cada dos meses estaba bien para una chica de mi edad. Mis padres se sorprendieron un poco y se miraron buscando una aclaración o coordinar su reacción. Mi madre suspiró y reconoció el plazo en que ella había estimado que fumar un cigarrillo era una práctica ocasional aceptable, así que les pedí un pitillo. Me lo dieron, lo encendí y fumé con mis padres, reencontrándome con el sabor del humo de tabaco.&#xA;&#xA;Pasaron casi otros dos meses, había salido de compras con mi madre y habíamos ido a una cafetería. Ella se encendió un cigarrillo para acompañar su café, entonces aun se podía fumar en las cafeterías. Me pregunté como sería fumar en un lugar público. &#34;¿Puedo?&#34;, le dije echando mano a su cajetilla. Dudó un momento, echo una mirada alrededor y asintió. Fumé sin tragar el humo, como de costumbre, pero tratando de no parecer novata. La verdad es que me sentía super mayor y el cigarrillo me supo bien. Visto el precedente pensé que mis padres no pondrían pegas si fumaba cada mes y medio y se lo comenté a mi madre. &#34;Si, un cigarrillo cada mes y medio me parece bastante seguro, no creo que así te enganchases&#34;, confirmó mi madre.&#xA;&#xA;Pasó otro mes y medio y me sentí orgullosa al pensar que podía fumar un cigarrillo en cuanto me pareciera, pero no me interesó hacerlo y reservé esa posibilidad para cuando llegara el momento adecuado. El día de navidad comimos con mi familia materna y tras los postres, con los cafés, varios adultos se dispusieron a fumar. Ahí me apeteció y pedí un cigarrillo a mi padre. Mi abuela Cirila se sorprendió y preguntó apesadumbrada si es que yo había empezado a fumar, le dijeron que no, pero que tenía permiso para fumar un cigarrillo ocasionalmente. Mi tía abuela Goretti, que estaba sentada a mi lado, se adelantó y me ofreció uno se los suyos. La tía Goretti era la hermana divorciada de mi abuela Cirila, sin hijos, más jóven que ella y entonces recién jubilada. Seguía fumando pero fumaba poco, cigarrillos R1, que son muy bajos en nicotina. Acepté la invitación de mi tía Goretti y me dio fuego amablemente antes de encender su cigarrillo. Me gustó el sabor suave del R1, más que los de mis padres. Me daba cuenta de que no fumaba igual que los fumadores expertos, que ellos tragaban el humo y yo no porque temía toser, como con mi primer cigarrillo. Sin embargo, tras unas caladas sin inhalación, con el R1 me atreví a dar una calada pequeña y aspirar el humo en mis pulmones. El humo entró con fuerza pero conseguí retener el humo unos momentos, luego eché el humo que tardó un momento en aparecer cuando empecé a exhalar, pero luego salió en un fino y bonito chorro de humo, todo ello sin toser. Sentí la nicotina en mi cabeza, una sensación de leve movimiento y embriaguez que nunca había experimentado y me pareció divertida. La tía Goretti sugirió que si fumaba de vez en cuando mejor que fumara cigarrillos de estos que cigarrillos más adictivos, mis padres no dijeron nada pero tomaron nota de la sugerencia.&#xA;&#xA;A mediados de febrero estábamos viendo una película en casa y mis padres fumaban. Me dieron ganas de fumar y les pedí un cigarrillo. Mi padre me dijo que mejor fumara un R1 y que había una cajetilla en un cajón del salón. Miré en el cajón y era cierto, una cajetilla de R1. &#34;¿Para mi?&#34;, les pregunté a mis padres sorprendida. Mi padre me dijo que no tenía permiso para fumar cuando quisiera, si era lo que me había imaginado, pero que cuando fumara mejor que fumara uno de esos. Me pareció bien, porque me había gustado el R1 de mi tía que había fumado, así que encendí el cigarrillo y lo encontré rico, tragando el humo de algunas caladas.&#xA;&#xA;Mi abuela Cirila y Goretti estaban abonadas a la orquesta sinfónica de la ciudad y solían ir a los conciertos con unos amigos. Solía pasar que alguno de su pandilla no pudiera ir al concierto y su entrada servía para invitar a alguien. Mi hermana y yo ya habíamos ido muchas veces y aquella vez me volvió a tocar. Después del concierto fuimos todo el grupo a una cafetería que se estaba llenando de espectadores del concierto, creándose un ambiente agradablemente pequeño burgués. Un señor del grupo sacó una pipa y mi tía y otra señora sacaron sus cigarrillos. Goretti me ofreció un cigarrillo y rechacé la invitación explicando que aun era pronto, que hacía solo un mes que había fumado. Mi tía abuela dijo que no importaba, que aquellos cigarrillos eran ultralight y que solo iba a conciertos con ellas de tarde en tarde. El ambiente de la cafetería era bastante fumador y me apeteció saborear un cigarrillo y unirme a los adultos fumadores, por lo que acepté el cigarrillo y la otra fumadora del grupo me dio fuego. Me supo bien y pude inhalar el humo con más facilidad que nunca, quizá por estar en un ambiente humoso. Mi abuela nos miró a mi y a Goretti con el ceño fruncido, pero enseguida se relajó e incluso me pareció intuir cierto orgullo de mostrar que su nieta estaba hecha una mujercita.&#xA;&#xA;Seguí con la pauta de un cigarrillo ultralight al mes que fumaba en casa, o saliendo con mis padres o en eventos familiares, solo un par de veces quedando con amigas, me llevé la cajetilla y me fumé un cigarrillo, sorprendiendo a todas. No fui la única usuaria de la cajetilla de R1 de casa, un par de amigas de mi madre que no eran fumadoras, al menos de a diario, a veces se animaban a fumar uno cuando venían a casa. Una amiga de mi hermana, Brenda, también se apuntaba a fumar uno en alguna de sus visitas. Yo estaba muy satisfecha con aquella pauta, no quería ser fumadora pero me gustaba fumar aquellos cigarrillos ocasionales, me parecía que era una forma estupenda de tener todo lo bueno de no ser fumadora pero disfrutando de los cigarrillos. &#xA;&#xA;Con quince años debí fumar algo más de quince cigarrillos, no creo que llegara a veinte. A los dieciséis fumé algo más, calculo que entre veinticinco y treinta cigarrillos, en todo el año, no vayáis a creer. Aunque no hubiera pasado el mes de plazo, si estaba tomando algo con mi madre o mi padre en una cafetería o estábamos en otra situación propicia y me apetecía un cigarrillo, no me solían poner pegas. También fumé algún cigarrillo con mi tía abuela Goretti, el cigarrillo de después de los conciertos era imperdonable, y un día, estando sola en casa, me dieron ganas y me encendí un pitillo fuera de programación. Fumé alguno más con Brenda, con una compañera de clase de inglés y en casa de una compañera del instituto con la que hice un trabajo, porque su madre quiso hacerse la enrollada y me invitó a fumar. La cajetilla del salón de casa siguió siendo de cigarrillos muy bajos en nicotina, pero no siempre de R1, también apareció alguna cajetilla de Nobel Plata y de Silk Cut Silver, estos últimos me gustaron menos. Si fuera de casa mis padres me dejaban fumar, fumaba un Nobel de mi madre o un Chesterfield de mi padre, que me parecían demasiado fuertes pero que podía fumar satisfactoriamente con caladas pequeñas.&#xA;&#xA;En una de esas, Aurora, una amiga del barrio, me vio un día fumando con mi madre en una cafetería y quedó flipada. Otro día nos encontramos y, con cara de admiración, me dijo que me había visto fumando, le expliqué que no era fumadora pero que fumaba un cigarrillo de vez en cuando, me preguntó si era rico fumar, fui sincera y le contesté que si, que disfrutaba fumando. Ella me confesó que siempre había tenido curiosidad por fumar pero que nunca había tenido una amiga fumadora, así que me hizo prometerle que le dejaría probarlo. Aurora empezó a venir a mi casa de vez en cuando y, como en su tercera visita, mi madre salió a hacer recados y nos quedamos solas. Cogí la cajetilla de Nobel Plata, saqué dos cigarrillos y le expliqué brevemente a Aurora, que estaba contenta y nerviosa, como se encendía un cigarrillo, aconsejándole que no tragara el humo al principio y que se limitara a mantenerlo en la boca, antes de hacerle una demostración encendiendo el mío. Aurora me imitó, echó una bocanada de humo y sonrió feliz de poder probar por fin el tabaco. Dio unas cuantas caladas, imitando mi manera de fumar. Dijo que el sabor era extraño pero no era tan malo y me preguntó si siempre sabía así. Le dije que se le va cogiendo gusto y, viendo que iba bien, le sugerí que podía probar a inhalar el humo. Le mostré como, tomé una calada grande, abrí un poco la boca para que viera el humo que había cogido y aspiré haciéndolo desaparecer en mis pulmones, para exhalarlo unos segundos después, mientras Aurora me miraba fascinada. Le sugerí que tomara una calada mucho más pequeña para no marearse y le di un &#34;besito&#34; a mi cigarrillo como ejemplo. Hizo como le dije y pudo tragar el humo y echarlo sin toser, aunque se notó que poco le faltó. Después se confió y si le dio la tos. Acabó la experiencia entre satisfecha de haber pasado la prueba y algo decepcionada porque no le había gustado, pese a que notaba que a mi si que me gustaba. Imprudentemente le dije que al principio sabe raro pero que después es agradable.&#xA;&#xA;Un par de semanas después Aurora y yo repetimos la experiencia porque Aurora había quedado con curiosidad después de su primera experiencia fumadora, así que quedamos en una cafetería de fuera del barrio y llevé los cigarrillos. Nos sentimos muy contentas con nuestra imagen de chicas mayores, tomando café y fumando en un lugar público, aunque parte de la diversión radicaba en que realmente no nos sentíamos mayores pero nos satisfacía ser capaces de hacer una interpretación convincente. La siguiente vez que nos vimos, Aurora traía su propia cajetilla. Alguna vez fumamos juntas en el parque, en mi casa o en una cafetería. Me sorprendió descubrir que pronto Aurora fumaba con mas frecuencia que yo y que en pocas semanas fumaba casi a diario.&#xA;&#xA;Quizás aun tenía dieciséis años en un par de los primeros encuentros con Aurora en los que fumábamos un cigarrillo, pero fue con diecisiete años que pensé que tenía controlado lo de fumar y que ya podía permitirme fumar un poco más sin problema, por lo que de vez en cuando quedaba con Aurora para charlar fumando un pitillo. A parte de los encuentros con Aurora, también empecé a salir con otras amigas, amigos y primas. Si estábamos en un lugar en que se fumaba a veces me apetecía y parecía bastante natural fumar un cigarrillo, aunque lo hacía pocas veces y creo que mis acompañantes lo veían como una especie de travesura mía. Luego estaban los cafés tras las clases de inglés, varios de mis compañeros eran mayores que yo y solían ir a una cafetería tras las clases. Alguna vez me uní a ellos y, como alguno era fumador, me daba el gusto de fumar un pitillo. Por aquella época no compraba tabaco, no tenía edad para comprarlo legalmente y no me apetecía ir a comprarlo a baretos cutres de barrio, como hacia Aurora, ni tenía necesidad de hacerlo, así que los cigarrillos que fumaba eran los ultralight de casa y de los que me invitaba Aurora, los compañeros de inglés y la tía Goretti, poco más.&#xA;&#xA;Al fumar de vez en cuando con Aurora y con los compañeros de la clase de inglés, me empezaron a gustar los cigarrillos con niveles más altos que mis ultralight. Una tarde, en una cafetería de una ciudad cercana donde había acompañado a mi madre para hacer unos trámites, me dejó fumar un cigarrillo de los suyos y le comenté que me estaba gustando más que los ultralight. Me miró, chascó la lengua con algo de fastidio y me dijo que mejor que me limitara a un ultralight de vez en cuando, que así era más difícil que me enganchara. Le pregunté si le gustaban los ultralight y me contestó sonriendo comprensiva que no, que prefería cigarrillos algo más intensos, pero que era cosa de costumbre y que mejor que yo no me acostumbrara.&#xA;&#xA;En el instituto, entre mis compañeros de curso,cada vez había más gente que fumaba abiertamente. En otros cursos fumaban solo algunos malotes y malotas, gente un poco marginal y alguna chica atormentada. Ahora a la salida del instituto y por ahí veías fumando gente del instituto con otros perfiles y que se veían contentos, disfrutando del tabaco despreocupadamente. Algunas chicas se veían bien fumando y otras lo hacían con nada de arte. Al comentar eso con Aurora me dijo que yo fumaba con mucho estilo, lo cual me sorprendió y me dio un poco de risa, pero Aurora insistió en que era así, que por eso me había pedido que le ayudara a probar el tabaco, porque al verme fumar con mi madre le había parecido adulta, elegante y poderosa. Seguramente al haber fumado en compañía de mujeres adultas de generaciones para las que fumar era una demostración de modernidad, autoafirmación y estilo, su manera de fumar se me había pegado un poco.&#xA;&#xA;El caso es que, viendo a gente de mi edad fumando con normalidad, había empezado a pensar que quizás no tenía mucho sentido que me negara el placer de fumar con más frecuencia y que no tenía que obsesionarme con evitar engancharme, eso me había influido para darme permiso para fumar en mis encuentros con Aurora y con mis compañeros de inglés.&#xA;&#xA;Cuando cumplí dieciocho ya pude comprar tabaco en estancos y a los pocos días lo hice, me compré una cajetilla de Nobel Plata y una cajetilla de Lucky Strike suave para Aurora, para resarcirla de los cigarrillos a los que me había invitado. Me apetecía tener mi propia cajetilla porque con los cigarrillos de casa me cortaba un poco a la hora de fumar, para que no se viera que los cigarrillos bajaban demasiado rápido, o para llevárme la cajetilla fuera de casa. Al tener mis propios cigarrillos me sentí más libre para fumar y encontraba más momentos para darme el gusto. Empecé a alternar cigarrillos ultralight con light. A pesar de que estaba fumando más aun no fumaba abiertamente, delante de mi familia desde luego pero tampoco delante de mis amistades no fumadoras. Sin embargo, el día de la fiesta de fin de curso salí del armario como fumadora delante de mis compañeros. Tengo que reconocer que fumar delante de todo el mundo tuvo su parte divertida, de gesto de autoafirmación, pero también me daba algo de corte. Que Almudena fumara un cigarrillo conmigo fue un gran apoyo, todos nos miraban pero ahí estábamos las dos fumando como si nada.&#xA;&#xA;Me apetecía fumar con más frecuencia y no pasó mucho tiempo antes de que fumara a diario. A veces mis padres salían de casa y me encendía un pitillo sin importarme que me vierami hermana. En los últimos días de curso empecé también a fumar un pitillo al salir del instituto, juntándome con alguna otra fumadora. Recuerdo un día que, estando en casa de una compañera haciendo un tardío trabajo escolar, me empezaron a entrar ganas de fumar. Al salir a la calle, en el camino a casa, sola, me encendí un pitillo y, vaya, me gustó más que nunca, me sentó de maravilla. Pensé si era que me estaba enganchando pero la idea no me inquietó mucho porque estaba encantada por la satisfacción que estaba experimentando, no iba a renunciar a esa satisfacción por evitar la adicción. &#xA;&#xA;Además, mi manera de ver el tabaco y a los fumadores había cambiado en los últimos meses, aunque la mayoría de la gente que me rodeaba no fumaba, veía a gente de mi edad fumando y a otra gente más o menos conocida, disfrutando sus cigarrillos, y cada vez me parecía menos atractiva la opción de ser no fumadora, me empezó a parecer un poco... triste, con perdón. Creo que en esas semanas me enganché al tabaco y no hice nada por evitarlo, acepté convertirme en una fumadora.&#xA;&#xA;Todas las chicas encontraron interesante el relato de Íngrid, aunque las no fumadoras del grupo sintieron algo de lástima porque Íngrid se enganchara al tabaco, por más que era evidente que había sido una decición bastante consciente y que disfrutaba fumando.&#xA;&#xA;-Al final el truco de tus padres no funcionó - dijo Casia.&#xA;-¿Que truco?- preguntó Ingrid.&#xA;-Lo de dejarte probar el tabaco para quitarte el interés o para que le cogieras asco. Al final eres fumadora.&#xA;-Bueno, no diría que les salió mal, durante varios años no me enganché al tabaco.&#xA;-Pero al final fumaste hasta engancharte- insistió Casia inmisericorde, con cierta chufla.&#xA;-Es normal que no quisiera privarse de ese placer- dijo Mafalda apoyando a Irene- lo único que no entiendo es que te limitaras tanto durante años.&#xA;-El caso es que el expemento no funcionó, al menos no del todo- dijo Casia- al final la nicotina se impuso y tomó el control.&#xA;-Conozco a una chica que fuma ocasionalmente desde la adolescencia y sigue fumando dos o tres pitillos a la semana- intervino Artemisa.&#xA;-¿Y que edad tiene?&#xA;-Veintisiete años, ya es una pauta asentada.&#xA;&#xA;Las fumadoras del grupo sintieron una punzada de envidia al saber de una fumadora capaz de mantener un consumo tan moderado indefinidamente.&#xA;&#xA;-No es lo más corriente- opinó Almudena- lo corriente es que pase como con Irene e Ingrid, que la nicotina vaya haciéndose camino para tomar el control. Con los puros es más fácil.&#xA;&#xA;CONTINUARÁ.&#xA;&#xA;&#x9;Si quieres hacer algún comentario al autor de este relato, escribe a sigfrido@gmx.es.&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>Había cumplido catorce años unas semanas antes, empezaba el verano y unos amigos de mis padres, Isabel y Tomás, habían invitado a nuestra familia y a otra más a una barbacoa. Los padres se pusieron a hablar de la educación de los hijos y de los desafíos de la adolescencia, incluida la cuestión del tabaco. Tomás defendió que lo peor es que los chicos vieran el tabaco como algo prohibido, porque las prohibiciones resultaban muy atrayentes para los adolescentes y consideraba que la atracción de lo prohibido era la principal causa de que los adolescentes fumaran. Argumentó que, para evitar que se hagan fumadores, lo mejor es que los chicos prueben el tabaco en un ambiente seguro, para matar la curiosidad y para que no lo vieran como un tabú a trasgredir. Quizás por la influencia de las cervezas, los adultos encontraron los argumentos de Tomás muy convincentes, y a mi y a Pablo, un chico de mi edad hijo de la otra familia invitada, nos invitaron a fumar sendos cigarrillos.</p>

<p>Acepté la invitación. Siendo hija de fumadores tenía cierta curiosidad por saber como era fumar. Pablo dudó un poco pero finalmente aceptó un cigarrillo. Encendimos los pitillos uniéndonos a los adultos fumadores, tosimos un poco y fumamos sin tragar el humo. El sabor me pareció muy extraño, esperaba un sabor intensísimo pero lo encontré más suave e indefinido de lo que esperaba. Me dio un poco de vergüenza fumar delante de los adultos y de mi hermana, pero a la vez sentía la satisfacción de ver que ya no me consideraban una niña sin más, me pareció un bonito gesto de confianza y los adultos se veían satisfechos de lo liberales y desenfadados que eran con sus hijos. Al acabar el cigarrillo, el sabor de boca que dejaba fumar me pareció bastante malo y traté de eliminarlo con algún refresco.</p>

<p>Un par de semanas más tarde, después de cenar en familia, teníamos una charla distendida, mis padres se pusieron a fumar y me apeteció repetir la experiencia. Cogí la cajetilla de mi padre y me miraron interrogativamente, por lo que dije que me apetecía fumar un pitillo. Me dijeron que ni se me ocurriera y me quitaron la cajetilla de la mano. Aquello me sentó como un tiro, noté que se me subía la sangre a la cara y me sentí furiosa. Traté de que no se me notara durante unos minutos pero estaba realmente enfadada y me fui a mi cuarto.</p>

<p>Al día siguiente aun me duraba el enfado y mi madre me dijo que por que me había puesto así, que si había empezado a fumar a escondidas. Le dije que no, que no fumaba, pero que me sentía humillada y defraudada porque ahora veía que, cuando me habían dejado fumar un cigarrillo, no era porque confiaran en mi y pensaran que era suficientemente madura para manejar la experiencia si no porque estaban seguros de que me desagradaría y esperaban que le cogiera asco al tabaco, pero “¿Y que pasa si a la cría le apetece fumar otro cigarrillo? ¿No se os había ocurrido esa posibilidad? Ahí se acaba lo de hacerse los padres enrollados”, le dije furiosa porque lo que habían intentado hacer pasar como un gesto de confianza era un realidad un acto de manipulación o una especie de broma a mi costa. Mi madre me dijo que ya no era una niña, o no del todo, pero que aun era muy joven para fumar, que una cosa es probarlo o fumar un cigarrillo ocasionalmente y otra que una chica de catorce años se ponga a tontear con el tabaco, que es muy adictivo y me engancharía antes de que me diera cuenta. En el argumento de mi madre vi un punto flaco y le pregunté a que se refería con ocasionalmente. Saboreé la pequeña victoria dialéctica de ver que mi madre quedaba un poco confusa con mi pregunta, dudó un poco, “pues eso, de tarde en tarde”, yo no solté presa e insistí en preguntar cuanto era eso. Por la cara que ponía, creo que mi madre sopesó poner fin al debate diciéndome que me dejara de tonterías, que no podía fumar y punto, pero debía ser consciente de que me sentía humillada por pensar que no confiaban en mi y me dijo: “no se, como cada dos meses o algo así”.</p>

<p>No estaba segura de que mi madre hubiera hablado en serio, pero hicimos las paces. Pasaron los dos meses y yo quería saber si mi madre mantenía lo dicho o era algo que había dicho a la ligera para gestionar el berrinche de la niña. Le pregunté delante de mi padre, después de cenar juntos y con ellos a punto de encenderse sus cigarrillos, si se acordaba de que me había dicho que un cigarrillo cada dos meses estaba bien para una chica de mi edad. Mis padres se sorprendieron un poco y se miraron buscando una aclaración o coordinar su reacción. Mi madre suspiró y reconoció el plazo en que ella había estimado que fumar un cigarrillo era una práctica ocasional aceptable, así que les pedí un pitillo. Me lo dieron, lo encendí y fumé con mis padres, reencontrándome con el sabor del humo de tabaco.</p>

<p>Pasaron casi otros dos meses, había salido de compras con mi madre y habíamos ido a una cafetería. Ella se encendió un cigarrillo para acompañar su café, entonces aun se podía fumar en las cafeterías. Me pregunté como sería fumar en un lugar público. “¿Puedo?”, le dije echando mano a su cajetilla. Dudó un momento, echo una mirada alrededor y asintió. Fumé sin tragar el humo, como de costumbre, pero tratando de no parecer novata. La verdad es que me sentía super mayor y el cigarrillo me supo bien. Visto el precedente pensé que mis padres no pondrían pegas si fumaba cada mes y medio y se lo comenté a mi madre. “Si, un cigarrillo cada mes y medio me parece bastante seguro, no creo que así te enganchases”, confirmó mi madre.</p>

<p>Pasó otro mes y medio y me sentí orgullosa al pensar que podía fumar un cigarrillo en cuanto me pareciera, pero no me interesó hacerlo y reservé esa posibilidad para cuando llegara el momento adecuado. El día de navidad comimos con mi familia materna y tras los postres, con los cafés, varios adultos se dispusieron a fumar. Ahí me apeteció y pedí un cigarrillo a mi padre. Mi abuela Cirila se sorprendió y preguntó apesadumbrada si es que yo había empezado a fumar, le dijeron que no, pero que tenía permiso para fumar un cigarrillo ocasionalmente. Mi tía abuela Goretti, que estaba sentada a mi lado, se adelantó y me ofreció uno se los suyos. La tía Goretti era la hermana divorciada de mi abuela Cirila, sin hijos, más jóven que ella y entonces recién jubilada. Seguía fumando pero fumaba poco, cigarrillos R1, que son muy bajos en nicotina. Acepté la invitación de mi tía Goretti y me dio fuego amablemente antes de encender su cigarrillo. Me gustó el sabor suave del R1, más que los de mis padres. Me daba cuenta de que no fumaba igual que los fumadores expertos, que ellos tragaban el humo y yo no porque temía toser, como con mi primer cigarrillo. Sin embargo, tras unas caladas sin inhalación, con el R1 me atreví a dar una calada pequeña y aspirar el humo en mis pulmones. El humo entró con fuerza pero conseguí retener el humo unos momentos, luego eché el humo que tardó un momento en aparecer cuando empecé a exhalar, pero luego salió en un fino y bonito chorro de humo, todo ello sin toser. Sentí la nicotina en mi cabeza, una sensación de leve movimiento y embriaguez que nunca había experimentado y me pareció divertida. La tía Goretti sugirió que si fumaba de vez en cuando mejor que fumara cigarrillos de estos que cigarrillos más adictivos, mis padres no dijeron nada pero tomaron nota de la sugerencia.</p>

<p>A mediados de febrero estábamos viendo una película en casa y mis padres fumaban. Me dieron ganas de fumar y les pedí un cigarrillo. Mi padre me dijo que mejor fumara un R1 y que había una cajetilla en un cajón del salón. Miré en el cajón y era cierto, una cajetilla de R1. “¿Para mi?”, les pregunté a mis padres sorprendida. Mi padre me dijo que no tenía permiso para fumar cuando quisiera, si era lo que me había imaginado, pero que cuando fumara mejor que fumara uno de esos. Me pareció bien, porque me había gustado el R1 de mi tía que había fumado, así que encendí el cigarrillo y lo encontré rico, tragando el humo de algunas caladas.</p>

<p>Mi abuela Cirila y Goretti estaban abonadas a la orquesta sinfónica de la ciudad y solían ir a los conciertos con unos amigos. Solía pasar que alguno de su pandilla no pudiera ir al concierto y su entrada servía para invitar a alguien. Mi hermana y yo ya habíamos ido muchas veces y aquella vez me volvió a tocar. Después del concierto fuimos todo el grupo a una cafetería que se estaba llenando de espectadores del concierto, creándose un ambiente agradablemente pequeño burgués. Un señor del grupo sacó una pipa y mi tía y otra señora sacaron sus cigarrillos. Goretti me ofreció un cigarrillo y rechacé la invitación explicando que aun era pronto, que hacía solo un mes que había fumado. Mi tía abuela dijo que no importaba, que aquellos cigarrillos eran ultralight y que solo iba a conciertos con ellas de tarde en tarde. El ambiente de la cafetería era bastante fumador y me apeteció saborear un cigarrillo y unirme a los adultos fumadores, por lo que acepté el cigarrillo y la otra fumadora del grupo me dio fuego. Me supo bien y pude inhalar el humo con más facilidad que nunca, quizá por estar en un ambiente humoso. Mi abuela nos miró a mi y a Goretti con el ceño fruncido, pero enseguida se relajó e incluso me pareció intuir cierto orgullo de mostrar que su nieta estaba hecha una mujercita.</p>

<p>Seguí con la pauta de un cigarrillo ultralight al mes que fumaba en casa, o saliendo con mis padres o en eventos familiares, solo un par de veces quedando con amigas, me llevé la cajetilla y me fumé un cigarrillo, sorprendiendo a todas. No fui la única usuaria de la cajetilla de R1 de casa, un par de amigas de mi madre que no eran fumadoras, al menos de a diario, a veces se animaban a fumar uno cuando venían a casa. Una amiga de mi hermana, Brenda, también se apuntaba a fumar uno en alguna de sus visitas. Yo estaba muy satisfecha con aquella pauta, no quería ser fumadora pero me gustaba fumar aquellos cigarrillos ocasionales, me parecía que era una forma estupenda de tener todo lo bueno de no ser fumadora pero disfrutando de los cigarrillos.</p>

<p>Con quince años debí fumar algo más de quince cigarrillos, no creo que llegara a veinte. A los dieciséis fumé algo más, calculo que entre veinticinco y treinta cigarrillos, en todo el año, no vayáis a creer. Aunque no hubiera pasado el mes de plazo, si estaba tomando algo con mi madre o mi padre en una cafetería o estábamos en otra situación propicia y me apetecía un cigarrillo, no me solían poner pegas. También fumé algún cigarrillo con mi tía abuela Goretti, el cigarrillo de después de los conciertos era imperdonable, y un día, estando sola en casa, me dieron ganas y me encendí un pitillo fuera de programación. Fumé alguno más con Brenda, con una compañera de clase de inglés y en casa de una compañera del instituto con la que hice un trabajo, porque su madre quiso hacerse la enrollada y me invitó a fumar. La cajetilla del salón de casa siguió siendo de cigarrillos muy bajos en nicotina, pero no siempre de R1, también apareció alguna cajetilla de Nobel Plata y de Silk Cut Silver, estos últimos me gustaron menos. Si fuera de casa mis padres me dejaban fumar, fumaba un Nobel de mi madre o un Chesterfield de mi padre, que me parecían demasiado fuertes pero que podía fumar satisfactoriamente con caladas pequeñas.</p>

<p>En una de esas, Aurora, una amiga del barrio, me vio un día fumando con mi madre en una cafetería y quedó flipada. Otro día nos encontramos y, con cara de admiración, me dijo que me había visto fumando, le expliqué que no era fumadora pero que fumaba un cigarrillo de vez en cuando, me preguntó si era rico fumar, fui sincera y le contesté que si, que disfrutaba fumando. Ella me confesó que siempre había tenido curiosidad por fumar pero que nunca había tenido una amiga fumadora, así que me hizo prometerle que le dejaría probarlo. Aurora empezó a venir a mi casa de vez en cuando y, como en su tercera visita, mi madre salió a hacer recados y nos quedamos solas. Cogí la cajetilla de Nobel Plata, saqué dos cigarrillos y le expliqué brevemente a Aurora, que estaba contenta y nerviosa, como se encendía un cigarrillo, aconsejándole que no tragara el humo al principio y que se limitara a mantenerlo en la boca, antes de hacerle una demostración encendiendo el mío. Aurora me imitó, echó una bocanada de humo y sonrió feliz de poder probar por fin el tabaco. Dio unas cuantas caladas, imitando mi manera de fumar. Dijo que el sabor era extraño pero no era tan malo y me preguntó si siempre sabía así. Le dije que se le va cogiendo gusto y, viendo que iba bien, le sugerí que podía probar a inhalar el humo. Le mostré como, tomé una calada grande, abrí un poco la boca para que viera el humo que había cogido y aspiré haciéndolo desaparecer en mis pulmones, para exhalarlo unos segundos después, mientras Aurora me miraba fascinada. Le sugerí que tomara una calada mucho más pequeña para no marearse y le di un “besito” a mi cigarrillo como ejemplo. Hizo como le dije y pudo tragar el humo y echarlo sin toser, aunque se notó que poco le faltó. Después se confió y si le dio la tos. Acabó la experiencia entre satisfecha de haber pasado la prueba y algo decepcionada porque no le había gustado, pese a que notaba que a mi si que me gustaba. Imprudentemente le dije que al principio sabe raro pero que después es agradable.</p>

<p>Un par de semanas después Aurora y yo repetimos la experiencia porque Aurora había quedado con curiosidad después de su primera experiencia fumadora, así que quedamos en una cafetería de fuera del barrio y llevé los cigarrillos. Nos sentimos muy contentas con nuestra imagen de chicas mayores, tomando café y fumando en un lugar público, aunque parte de la diversión radicaba en que realmente no nos sentíamos mayores pero nos satisfacía ser capaces de hacer una interpretación convincente. La siguiente vez que nos vimos, Aurora traía su propia cajetilla. Alguna vez fumamos juntas en el parque, en mi casa o en una cafetería. Me sorprendió descubrir que pronto Aurora fumaba con mas frecuencia que yo y que en pocas semanas fumaba casi a diario.</p>

<p>Quizás aun tenía dieciséis años en un par de los primeros encuentros con Aurora en los que fumábamos un cigarrillo, pero fue con diecisiete años que pensé que tenía controlado lo de fumar y que ya podía permitirme fumar un poco más sin problema, por lo que de vez en cuando quedaba con Aurora para charlar fumando un pitillo. A parte de los encuentros con Aurora, también empecé a salir con otras amigas, amigos y primas. Si estábamos en un lugar en que se fumaba a veces me apetecía y parecía bastante natural fumar un cigarrillo, aunque lo hacía pocas veces y creo que mis acompañantes lo veían como una especie de travesura mía. Luego estaban los cafés tras las clases de inglés, varios de mis compañeros eran mayores que yo y solían ir a una cafetería tras las clases. Alguna vez me uní a ellos y, como alguno era fumador, me daba el gusto de fumar un pitillo. Por aquella época no compraba tabaco, no tenía edad para comprarlo legalmente y no me apetecía ir a comprarlo a baretos cutres de barrio, como hacia Aurora, ni tenía necesidad de hacerlo, así que los cigarrillos que fumaba eran los ultralight de casa y de los que me invitaba Aurora, los compañeros de inglés y la tía Goretti, poco más.</p>

<p>Al fumar de vez en cuando con Aurora y con los compañeros de la clase de inglés, me empezaron a gustar los cigarrillos con niveles más altos que mis ultralight. Una tarde, en una cafetería de una ciudad cercana donde había acompañado a mi madre para hacer unos trámites, me dejó fumar un cigarrillo de los suyos y le comenté que me estaba gustando más que los ultralight. Me miró, chascó la lengua con algo de fastidio y me dijo que mejor que me limitara a un ultralight de vez en cuando, que así era más difícil que me enganchara. Le pregunté si le gustaban los ultralight y me contestó sonriendo comprensiva que no, que prefería cigarrillos algo más intensos, pero que era cosa de costumbre y que mejor que yo no me acostumbrara.</p>

<p>En el instituto, entre mis compañeros de curso,cada vez había más gente que fumaba abiertamente. En otros cursos fumaban solo algunos malotes y malotas, gente un poco marginal y alguna chica atormentada. Ahora a la salida del instituto y por ahí veías fumando gente del instituto con otros perfiles y que se veían contentos, disfrutando del tabaco despreocupadamente. Algunas chicas se veían bien fumando y otras lo hacían con nada de arte. Al comentar eso con Aurora me dijo que yo fumaba con mucho estilo, lo cual me sorprendió y me dio un poco de risa, pero Aurora insistió en que era así, que por eso me había pedido que le ayudara a probar el tabaco, porque al verme fumar con mi madre le había parecido adulta, elegante y poderosa. Seguramente al haber fumado en compañía de mujeres adultas de generaciones para las que fumar era una demostración de modernidad, autoafirmación y estilo, su manera de fumar se me había pegado un poco.</p>

<p>El caso es que, viendo a gente de mi edad fumando con normalidad, había empezado a pensar que quizás no tenía mucho sentido que me negara el placer de fumar con más frecuencia y que no tenía que obsesionarme con evitar engancharme, eso me había influido para darme permiso para fumar en mis encuentros con Aurora y con mis compañeros de inglés.</p>

<p>Cuando cumplí dieciocho ya pude comprar tabaco en estancos y a los pocos días lo hice, me compré una cajetilla de Nobel Plata y una cajetilla de Lucky Strike suave para Aurora, para resarcirla de los cigarrillos a los que me había invitado. Me apetecía tener mi propia cajetilla porque con los cigarrillos de casa me cortaba un poco a la hora de fumar, para que no se viera que los cigarrillos bajaban demasiado rápido, o para llevárme la cajetilla fuera de casa. Al tener mis propios cigarrillos me sentí más libre para fumar y encontraba más momentos para darme el gusto. Empecé a alternar cigarrillos ultralight con light. A pesar de que estaba fumando más aun no fumaba abiertamente, delante de mi familia desde luego pero tampoco delante de mis amistades no fumadoras. Sin embargo, el día de la fiesta de fin de curso salí del armario como fumadora delante de mis compañeros. Tengo que reconocer que fumar delante de todo el mundo tuvo su parte divertida, de gesto de autoafirmación, pero también me daba algo de corte. Que Almudena fumara un cigarrillo conmigo fue un gran apoyo, todos nos miraban pero ahí estábamos las dos fumando como si nada.</p>

<p>Me apetecía fumar con más frecuencia y no pasó mucho tiempo antes de que fumara a diario. A veces mis padres salían de casa y me encendía un pitillo sin importarme que me vierami hermana. En los últimos días de curso empecé también a fumar un pitillo al salir del instituto, juntándome con alguna otra fumadora. Recuerdo un día que, estando en casa de una compañera haciendo un tardío trabajo escolar, me empezaron a entrar ganas de fumar. Al salir a la calle, en el camino a casa, sola, me encendí un pitillo y, vaya, me gustó más que nunca, me sentó de maravilla. Pensé si era que me estaba enganchando pero la idea no me inquietó mucho porque estaba encantada por la satisfacción que estaba experimentando, no iba a renunciar a esa satisfacción por evitar la adicción.</p>

<p>Además, mi manera de ver el tabaco y a los fumadores había cambiado en los últimos meses, aunque la mayoría de la gente que me rodeaba no fumaba, veía a gente de mi edad fumando y a otra gente más o menos conocida, disfrutando sus cigarrillos, y cada vez me parecía menos atractiva la opción de ser no fumadora, me empezó a parecer un poco... triste, con perdón. Creo que en esas semanas me enganché al tabaco y no hice nada por evitarlo, acepté convertirme en una fumadora.</p>

<p>Todas las chicas encontraron interesante el relato de Íngrid, aunque las no fumadoras del grupo sintieron algo de lástima porque Íngrid se enganchara al tabaco, por más que era evidente que había sido una decición bastante consciente y que disfrutaba fumando.</p>

<p>-Al final el truco de tus padres no funcionó – dijo Casia.
-¿Que truco?– preguntó Ingrid.
-Lo de dejarte probar el tabaco para quitarte el interés o para que le cogieras asco. Al final eres fumadora.
-Bueno, no diría que les salió mal, durante varios años no me enganché al tabaco.
-Pero al final fumaste hasta engancharte- insistió Casia inmisericorde, con cierta chufla.
-Es normal que no quisiera privarse de ese placer- dijo Mafalda apoyando a Irene- lo único que no entiendo es que te limitaras tanto durante años.
-El caso es que el expemento no funcionó, al menos no del todo- dijo Casia- al final la nicotina se impuso y tomó el control.
-Conozco a una chica que fuma ocasionalmente desde la adolescencia y sigue fumando dos o tres pitillos a la semana- intervino Artemisa.
-¿Y que edad tiene?
-Veintisiete años, ya es una pauta asentada.</p>

<p>Las fumadoras del grupo sintieron una punzada de envidia al saber de una fumadora capaz de mantener un consumo tan moderado indefinidamente.</p>

<p>-No es lo más corriente- opinó Almudena- lo corriente es que pase como con Irene e Ingrid, que la nicotina vaya haciéndose camino para tomar el control. Con los puros es más fácil.</p>

<p>CONTINUARÁ.</p>

<p>    Si quieres hacer algún comentario al autor de este relato, escribe a sigfrido@gmx.es.</p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
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      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-28-el-relato-de-ingrid</guid>
      <pubDate>Tue, 04 Jul 2023 10:56:11 +0200</pubDate>
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    <item>
      <title>Parte 27: Campamento en Malplena.</title>
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      <description>&lt;![CDATA[Por fin terminaron la temporada de exámenes. En la tarde del viernes del último examen, Casia, desbordante de adrenalina,  se unió a Óliver, Kety, Berta y algún otro amigo ciclista y salieron de la ciudad hacia un albergue a setenta kilómeros de allí. Almudena y otros veteranos de la Ruta Viracocha llevaban tiempo hablando de salir a acampar y al final su proyecto había confluido con los deseos de Casia de hacer una ruta ciclista larga al acabar el curso, por lo que proyectaron hacer un campamento en la comarca de Malplena, una zona de interior poco habitada, a ciento y tantos kilómetros, donde podrían darse un baño de naturaleza.&#xA;&#xA;    Evelia Villaverde había invitado a cenar a su casa a Casia, Patricia y Fabiola para ese mismo viernes. Casia excusó su presencia por razón de su compromiso deportivo, sugirió que Almudena la sustituyera, la baronesa aceptó y Casia convenció a Almudena de que asistiera, aunque esta no podría quedarse hasta tarde, dado que a la mañana siguiente salía para montar el campamento en Malplena.&#xA;&#xA;    La velada resultó muy tranquila, la propia Evelia había acabado ese día su temporada de exámenes y estaba cansada. Fabiola y Patricia acudieron con sus parejas, Marcos y Basilio. Acudieron también otro par de estudiantes amigos de Evelia, con inquietudes artísticas, dos pintores, una clarinetista , un guitarrista de rock, una frutera y su hija.&#xA;&#xA;&#x9;La frutera Hortensia era la suministradora habitual de frutas y verduras de Evelia, tenía un puesto en el mercado de abastos del barrio y era una mujer de unos sesenta años, de aire recio, teñida de rubio, con orígenes humildes y con aire tenaz, de mujer que pisa fuerte, una reina proletaria de barrio. La acompañaba su hija Marcela, de veintipocos años, con curvas pero no obesa, con su pelo castaño teñido al estilo californiano, con expresión dulce e inocentona, tenía un trato confiado y cercano con su madre, a pesar de que Hortensia parecía una mujer dura era protectora y respetuosa con su hija. Según avanzó la velada y la conversación, Almudena se fue dando cuenta de que Marcela tenía alguna limitación cognitiva. &#xA; &#xA;  Con los postres sirvieron café y colocaron ceniceros en la mesa. Uno de los pintores, el guitarrista, Hortensia, Marcela y Fabiola sacaron sus cajetillas de cigarrillos. El tabaco de la frutera y su hija era de la misma marca. Encendieron cigarrillos y exhalaron humo con expresión de satisfacción. &#xA;&#xA;&#x9;Que bueno- celebró Fabiola tras su segunda calada.&#xA; &#xA;   Marcela fumaba en presencia de su madre con espontaneidad, relajada y contenta , como si se sintiera amparada o quizá más conectada con su madre al fumar, dando caladas sin complejos y expulsando lentos y abundantes conos anchos de humo. Se recreaba en las sensaciones del fumar y parecía sentirse orgullosa de su dominio sobre aquella actividad adulta, que la equiparaba a su madre. Si no fuera por su dominio de la técnica del fumar parecería que hacía poco que había descubierto las satisfacciones del tabaco. En aquella situación a Almudena le dieron ganas de fumar un puro y contempló a los fumadores con envidia. El pintor fumador captó la expresión de Almudena y le ofreció un cigarrillo, pero esta rechazó la invitación.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena no fuma cigarrillos, fuma puros de vez en cuando- comentó Fabiola.&#xA;&#x9;Vaya, lo siento- dijo Evelia- no tengo puros en casa.&#xA; &#xA; &#xA;&#xA;&#x9;A la mañana siguiente Almudena, Fabiola, Marcos y su hermano pequeño Tristán, Bayta, Rufo, Maia, Ingrid acompañada de dos primos adolescentes, Nissa, Ricardo, Joaquín, Ana Topisto se juntaron en la estación de tren con mochilas y tiendas de campaña para dirigirse a la comarca de Malplena, para unirse al campamento del Círculo Excursionista. Los padres de Almudena iban a usar el coche familiar ese fin de semana, por lo que habían optado por el transporte público. En la estación se juntaron con más gente de la que solía asistir a las caminatas del Círculo. Tras el tren, cogieron un autobús que les dejó en un pueblo de Malplena, junto a un polideportivo. Allí les recibieron Irene, Artemisa y Emilia, la prima de Rebeca, que habían ido a buscarles en coche para trasladarles al campamento. Tras efusivos besos y abrazos Fabiola e Íngrid sacaron sus cigarrillos, Irene le aceptó uno a Fabiola, las tres se dieron fuego y llenaron sus pulmones de humo con satisfacción. Las conductoras miraron el montón de equipaje y al grupo de viajeros con escepticismo.&#xA;&#xA;&#x9;Vamos a tener que hacer varios viajes- dijo Emilia. Las otras conductoras asintieron.&#xA;&#x9;Nosotros vamos en bici- dijo Tristán, que  con Marcos y Ricardo revisaban las bicicletas que se habían traído.&#xA;&#x9;Aun así- dijo Irene.&#xA; &#xA;&#x9;Tras unas cuantas idas y venidas, todos estuvieron en el lugar de campamento con sus pertrechos, donde les esperaban Rebeca con sus primas adolescentes y su novio Lorenzo, Matilde, Ángela, Patricia, su novio Basilio con su hermana África y Mila, amiga de esta. Había varios de los habituales del círculo senderista, como Silvia, que se había traído a dos primas más jóvenes, y diversos veteranos de la Ruta Viracocha. Almudena se inquietó al ver que estaba Ángela, pensando en el efecto que una chica tan desinhibida sexualmente podía causar en aquel grupo. Le asustó un poco pero también sintió cierta expectación por las situaciones divertidas que podían crearse. Al acercarse Ángela a saludar besó a Almudena en los labios.&#xA;&#x9;-¿Dispuesta a pasártelo bien? - le dijo Almudena, que había dudado si preguntarle si iba a ser buena.&#xA;&#x9;-Dispuestísima.&#xA; &#xA;&#x9;Joaquín vio el beso de Almudena y Ángela con contrariedad. Hacía unos meses que había salido de una relación de pareja, en el viaje en tren hasta Malplena había estado charlando con Almudena y su viejo interés romántico por la chica se había reavivado, por lo que encontrarse con la posibilidad de que Almudena fuera lesbiana era un jarro de agua fría. &#xA; &#xA;&#x9;Al llegar al campamento ya se estaban encendiendo los campingases para preparar la comida y los recién llegados se unieron a los preparativos. Tras la comida los fumadores encendieron sus cigarrillos. Irene, que no solía fumar cigarrillos en las salidas del Círculo Senderista, con la presencia de más fumadoras se sintió mucho más cómoda para fumar y encendió un cigarrillo contenta.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Fumas? - le dijo sorprendida una prima de Rebeca de catorce años.&#xA;&#x9;-Por desgracia si. Es un asco pero estoy enganchada y no lo puedo dejar. No empieces nunca.&#xA;&#xA;&#x9;La chica se fue a otro lado.&#xA;&#xA;&#x9;-Mentira, no es un asco, me encanta fumar- aclaró Irene a sus acompañantes con una sonrisa traviesa, cuando se alejaron los oídos púberes, antes de dar una buena calada e inhalarla con delectación.&#xA;&#xA; &#x9;Tras la comida, algunos se quedaron en el campamento charlando o echando la siesta y otros salieron a explorar la zona, caminando por senderos que les llevaban en distintas direcciones. Los grupos no se volvieron a reunir hasta las nueve, para la cena. Cuando Almudena volvía al campamento vieron llegar por el camino a Casia y sus compañeros de salida ciclista, exhaustos y felices. Se dieron abrazos y besos sudorosos, antes de que los ciclistas fueran a ducharse a un lugar discreto junto al arroyo, donde amigos solícitos habían colgado al sol unas duchas solares.&#xA;&#xA;&#x9;Antes de cenar, aprovechando el crepúsculo, levantaron rápidamente las tiendas convirtiendo en minutos el simple picnic en un auténtico campamento. Habían preferido tener las tiendas desmontadas durante el día para evitar posibles denuncias o quejas de vecinos quisquillosos.&#xA;&#xA;&#x9;Al acabar la cena, Almudena vió que Íngrid, Laura y Fabiola se disponían a fumar.&#xA;&#xA;&#x9;-Esperad chicas- las interrumpió Almudena, levantándose- os invito a un puro.&#xA;&#xA;&#x9;Le hicieron caso algo indecisas y Almudena volvió volando de su tienda con una purera con Montecristos y Vega Fina. Buscó con la mirada a Irene y a Maia y las llamó. También vió a Lorenzo, que estaba con Rebeca y sus sobrinas, pero se cortó de llamarlo para que no le vieran fumar las adolescentes.&#xA;&#xA;&#x9;-Fuma uno Irene. Maia, si te apetece...&#xA;&#xA;&#x9;Le apeteció, para disimulado disgusto de Rufo. Irene, Fabiola y Maia se atrevieron con un Montecristo, como Almudena, mientras que Íngrid y Laura eligieron un suave Vega Fina.&#xA;&#xA;&#x9;-¡Que rico!- dijo Irene, que nunca había fumado un puro Montecristo. Maia le dio la razón para satisfacción de Almudena.&#xA;&#xA;&#x9;Óliver vió a sus amigas fumando cigarros, le dió envidia y le preguntó a Almudena si le podía invitar. Almudena le dió a elegir y Óliver encendió el último Montecristo que tenía Almudena.&#xA;&#xA;&#x9;Fumadores y no fumadores se relajaron en una agradable charla, sentados en corros.&#xA;&#xA;&#x9;-Estarás horrorizada con lo del tabaco- le dijo Óliver a Berta Prada, la enérgica deportista de mediana edad.&#xA;&#x9;-¡Que va! Yo fumaba de joven. Me gustaba, pero lo dejé del todo a los treinta y dos para mejorar mi rendimiento deportivo y porque ya estaba pensando en ser madre.&#xA;&#x9;-¿Fumabas y hacías deporte?- le preguntó Casia sorprendida.&#xA;&#x9;Ya se que no es muy recomendable pero si, aunque en los últimos años fumaba poco. En aquella época no era tan raro.&#xA;&#xA;&#x9;Silvia estaba molesta porque sus sobrinas Mafalda y Antía, al ver que en el campamento había fumadores, habían sacado cigarrillos y se habían puesto a fumar abiertamente. Mafalda tenía dieciséis años, más grandona, cabello claro, sonriente y con un algo de candor infantil. Antía tenía diecisiete años y cultivaba una estética gótica, con una melena negro azabache. &#xA;&#xA;&#x9;Aparecieron algunos instrumentos musicales y empezó a sonar música. Casia tenía ganas de tocar con Óliver, pero tuvo que esperar a que este acabara su puro. Finalmente llegó su turno y tocaron. En ese momento apareció Ángela, a la que Almudena no había visto desde hacía horas.&#xA;&#x9;-¿Donde estabas?- le preguntó Almudena.&#xA;&#x9;-En el bosque, follando.&#xA;&#x9;Almudena se quedó en silencio expectante.&#xA;&#x9;-Mujer, con tantos chicos y chicas guapas no pretenderás que desperdicie la ocasión ¿no? Bien a gusto que me he quedado.&#xA;&#x9;-¿Y que fue? ¿Chico o chica?&#xA;&#x9;-Chico&#xA; &#xA; &#xA;&#xA;&#x9;A la mañana siguiente, cuando estaban preparando los desayunos, apareció una pareja de unos setenta años que vivían por a zona con aire serio. Dijeron que allí no se podía estar y se tenían que ir, con alusiones a la Guardia Civil. Irene y un chico charlaron con ellos en tono apaciguador pero los vecinos se mostraban inflexibles. Aquella situación no había sorprendido a nadie, era algo que sabían que podía pasar por lo que no se estresaron mucho. Tras la marcha de los vecinos hostiles, en una improvisada asamblea, se decidió recoger el campamento y cambiarse a otra ubicación. Sacaron mapas de la zona y barajaron diferentes lugares. Viendo que había una casa de retiro budista, Casia sugirió que sus inmediaciones podían ser un buen lugar porque, en sus salidas ciclistas, en varias ocasiones se había quedado a dormir en establecimientos religiosos y le parecía buena opción. Alguien llamó por teléfono al centro budista para ver si había donde acampar por allí y si ponían pegas, y le dijeron que había un bosquecillo despejado de maleza adecuado para acampar y que estaban encantados de tener visitantes en las inmediaciones de la casa de retiro. Se buscaron en los mapas diferentes rutas para ir hasta el centro budista, por diferentes paisajes y con diversos grados de dificultad, pensando en que era mejor separarse en grupos para evitar susceptibilidades de gente de la zona con rechazo hacia la acampada libre. Los que tenían bicicleta eligieron rutas por carretera y pista, en particular Berta Prada eligió la ruta en bici más corta porque se sentía bastante vapuleada después de estar pedaleando dos días y se le notaba que caminaba con cierta rigidez. “No me había o había quedado tan mazada desde mis primeras salidas. Es lo que tiene ser una deportista cincuentona”, dijo.&#xA;&#xA;&#x9;Así que, tras un demoroso desayuno y recoger e las cosas, se dividieron en grupos y se dispersaron por los senderos y pistas de Malplena para, hacia las cuatro de la tarde, converger en el centro budista, en una colina retirada, entre arboleda dispersa, cuyo principal acceso era una pista de tierra y lejos de cualquier caserío. Los recibieron tres monjes rapados y algún usuario laico, cuyo grado de implicación en la casa era difícil de discernir. La casa de retiro estaba construida a partir de una antigua casa de campo restaurada a la que habían añadido unas alas y anexos en madera. Los encargados de la casa les dijeron que podían dejar bultos en un cobertizo.&#xA;&#xA;&#x9;Montaron el campamento e Íngrid se relajó encendiendo un cigarrillo. En seguida se le unieron Mafalda y Antía, sentándose en corro.&#xA;&#xA;&#x9;-Le pegaste el vicio a tu hermana ¿eh? - le dijo Íngrid a Antía.&#xA;&#x9;-¡Que va! La gente piensa eso pero fue al revés, fue ella la que empezó a fumar antes, con catorce años, yo empecé hace unos meses.&#xA;&#x9;-Antía no quería nada con el tabaco y me decía que tenía que dejarlo, pero la convencí de que lo probara y acabó gustándole. A veces fumaba conmigo y le gustaba pero se resistía a fumar.&#xA;   -No quería coger el vicio, pero...&#xA;   -No tienes nada de que avergonzarte, yo también se lo rico que es fumar ¿Como decir que no a esta satisfacción?&#xA;   -Si, con Mafalda fumé de vez en cuando, pero al estar con fumadores en el instituto empecé a fumar a diario.&#xA;&#xA;   Rebeca, Irene, Artemisa, Casia y Almudena se unieron al grupo. Rebeca había oído las últimas frases y le habían sorprendido.&#xA;&#xA;   -¿Empezaste a fumar por el ambiente del instituto? ¡Pero si en los institutos ya casi no hay fumadores!&#xA;   -En mi instituto si- afirmó Antía.&#xA;   -¿Cual es tu instituto?- preguntó Almudena.&#xA;   -El &#34;Almudena Grandes&#34; ¡Anda, tocaya tuya!&#xA;&#xA;   &#34;Tenía que ser&#34;, pensó Almudena, al saber que Antía y Rebeca iban al instituto de Naira, la hija de la estanquera Agata, que junto con sus amigas las hermanas Gutiérrez se dedicaban a animar a fumar a sus compañeros.&#xA;&#xA;  -¿Conocéis a Naira o las hermanas Gutiérrez?&#xA;&#xA;  -A Naira no, pero a Rosario y Sibila Gutiérrez si- dijo Antía.&#xA;&#xA;  -Mi primer pitillo lo fumé con Sibila, es muy simpática- explicó Mafalda- No me gustó mucho pero fue interesante, Sibila me explicó como hacer para no toser mucho y me fue bastante bien. Otro día me invitó de nuevo y ya me empezó a gustar. Desde entonces fumaba de vez en cuando y me encantó. Cuando podía me hacía con una cajetilla.&#xA;&#xA;   -Una vez mis padres encontraron un paquete de tabaco en nuestro cuarto ¡Y me echaron la culpa a mi!-explicó Antía- Ni se les pasó por la cabeza que Mafaldita pudiera fumar. Me llevé yo la bronca. En una fiesta familiar le cogió un cigarrillo a un tío, se lo encendió y se puso a fumar delante de todo el mundo... y ni por esas, pensaban que era una travesura y seguían sin pensar que Mafalda pudiera ser fumadora.&#xA;&#xA;   -Si- confirmó Mafalda sonriendo al recordar la situación- ya hacía tiempo que fumaba a diario y me estaba muriendo por un pitillo, así que me encendí ese cigarrillo y que pasara lo que tuviera que pasar ¿Y tu, Irene? ¿Como empezaste?&#xA;&#xA;   A Mafalda le llamaba la atención que una joven tan centrada e intelectual como Irene fumara. Esta contó al grupo la historia que Almudena ya conocía, de como su tía Circe, descontenta con su rechazo al tabaco, le había hecho fumar cinco cigarrillos para que conociera lo que era el tabaco, con lo que Irene había aprendido la técnica de fumar, se había familiarizado con las sensaciones físicas de la inhalación de humo de tabaco y dejó se percibir el fumar como algo completamente ajeno. Circe le facilitaba el acceso a los cigarrillos con lo que la curiosidad le llevó a repetir la experiencia y adquirir gusto por fumar, empezando a hacerlo esporádicamente, hasta que en el primer curso de la universidad y con la influencia de una relación amorosa se convirtió en una adicción diaria que le resultaba más satisfactoria que problemática.&#xA;&#xA;   A las fumadoras del grupo les gustó la historia de Irene e incluso Rebeca y Casia la encontraron interesante, una explicación de como se podía coger un vicio que no tenían la menor intención de adquirir.&#xA;&#xA;   -¿Y como empezaste tu a fumar, Íngrid?- le preguntó Almudena a su amiga- La primera vez que te vi fumar fue en la fiesta de fin de curso de segundo de bachillerato, pero no debía ser la primera vez.&#xA;&#xA;   -No, en realidad empecé con catorce años- explicó Íngrid para sorpresa de Almudena y Rebeca.&#xA;&#xA;   Íngrid se dispuso a contar su historia y encendió un cigarrillo, lo que no tardaron en imitar Antía y Mafalda. A Artemisa le sugestionó el ambiente tabaquista, salió corriendo y al poco volvió con un cigarrillo electrónico de aspecto bastante parecido a los cigarrillos de verdad, pero algo más grande. &#34;Es sin nicotina. Es divertido fumarlo&#34;, explicó antes de ponerse a vapear con cierta teatralidad mientras Íngrid narraba sus primeras experiencias con el tabaco.&#xA;&#xA;CONTINUARÁ.&#xA;&#xA;        Se pueden ver los capítulos anteriores en https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar &#xA;&#xA;&#x9;Si quieres hacer algún comentario al autor de este relato, escribe a sigfrido@gmx.es.&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>Por fin terminaron la temporada de exámenes. En la tarde del viernes del último examen, Casia, desbordante de adrenalina,  se unió a Óliver, Kety, Berta y algún otro amigo ciclista y salieron de la ciudad hacia un albergue a setenta kilómeros de allí. Almudena y otros veteranos de la Ruta Viracocha llevaban tiempo hablando de salir a acampar y al final su proyecto había confluido con los deseos de Casia de hacer una ruta ciclista larga al acabar el curso, por lo que proyectaron hacer un campamento en la comarca de Malplena, una zona de interior poco habitada, a ciento y tantos kilómetros, donde podrían darse un baño de naturaleza.</p>

<p>    Evelia Villaverde había invitado a cenar a su casa a Casia, Patricia y Fabiola para ese mismo viernes. Casia excusó su presencia por razón de su compromiso deportivo, sugirió que Almudena la sustituyera, la baronesa aceptó y Casia convenció a Almudena de que asistiera, aunque esta no podría quedarse hasta tarde, dado que a la mañana siguiente salía para montar el campamento en Malplena.</p>

<p>    La velada resultó muy tranquila, la propia Evelia había acabado ese día su temporada de exámenes y estaba cansada. Fabiola y Patricia acudieron con sus parejas, Marcos y Basilio. Acudieron también otro par de estudiantes amigos de Evelia, con inquietudes artísticas, dos pintores, una clarinetista , un guitarrista de rock, una frutera y su hija.</p>

<p>    La frutera Hortensia era la suministradora habitual de frutas y verduras de Evelia, tenía un puesto en el mercado de abastos del barrio y era una mujer de unos sesenta años, de aire recio, teñida de rubio, con orígenes humildes y con aire tenaz, de mujer que pisa fuerte, una reina proletaria de barrio. La acompañaba su hija Marcela, de veintipocos años, con curvas pero no obesa, con su pelo castaño teñido al estilo californiano, con expresión dulce e inocentona, tenía un trato confiado y cercano con su madre, a pesar de que Hortensia parecía una mujer dura era protectora y respetuosa con su hija. Según avanzó la velada y la conversación, Almudena se fue dando cuenta de que Marcela tenía alguna limitación cognitiva.
 
  Con los postres sirvieron café y colocaron ceniceros en la mesa. Uno de los pintores, el guitarrista, Hortensia, Marcela y Fabiola sacaron sus cajetillas de cigarrillos. El tabaco de la frutera y su hija era de la misma marca. Encendieron cigarrillos y exhalaron humo con expresión de satisfacción.</p>

<p>    – Que bueno- celebró Fabiola tras su segunda calada.
 
   Marcela fumaba en presencia de su madre con espontaneidad, relajada y contenta , como si se sintiera amparada o quizá más conectada con su madre al fumar, dando caladas sin complejos y expulsando lentos y abundantes conos anchos de humo. Se recreaba en las sensaciones del fumar y parecía sentirse orgullosa de su dominio sobre aquella actividad adulta, que la equiparaba a su madre. Si no fuera por su dominio de la técnica del fumar parecería que hacía poco que había descubierto las satisfacciones del tabaco. En aquella situación a Almudena le dieron ganas de fumar un puro y contempló a los fumadores con envidia. El pintor fumador captó la expresión de Almudena y le ofreció un cigarrillo, pero esta rechazó la invitación.</p>

<p>    – Almudena no fuma cigarrillos, fuma puros de vez en cuando- comentó Fabiola.
    – Vaya, lo siento- dijo Evelia- no tengo puros en casa.
 
 </p>

<p>    A la mañana siguiente Almudena, Fabiola, Marcos y su hermano pequeño Tristán, Bayta, Rufo, Maia, Ingrid acompañada de dos primos adolescentes, Nissa, Ricardo, Joaquín, Ana Topisto se juntaron en la estación de tren con mochilas y tiendas de campaña para dirigirse a la comarca de Malplena, para unirse al campamento del Círculo Excursionista. Los padres de Almudena iban a usar el coche familiar ese fin de semana, por lo que habían optado por el transporte público. En la estación se juntaron con más gente de la que solía asistir a las caminatas del Círculo. Tras el tren, cogieron un autobús que les dejó en un pueblo de Malplena, junto a un polideportivo. Allí les recibieron Irene, Artemisa y Emilia, la prima de Rebeca, que habían ido a buscarles en coche para trasladarles al campamento. Tras efusivos besos y abrazos Fabiola e Íngrid sacaron sus cigarrillos, Irene le aceptó uno a Fabiola, las tres se dieron fuego y llenaron sus pulmones de humo con satisfacción. Las conductoras miraron el montón de equipaje y al grupo de viajeros con escepticismo.</p>

<p>    – Vamos a tener que hacer varios viajes- dijo Emilia. Las otras conductoras asintieron.
    – Nosotros vamos en bici- dijo Tristán, que  con Marcos y Ricardo revisaban las bicicletas que se habían traído.
    – Aun así- dijo Irene.
 
    Tras unas cuantas idas y venidas, todos estuvieron en el lugar de campamento con sus pertrechos, donde les esperaban Rebeca con sus primas adolescentes y su novio Lorenzo, Matilde, Ángela, Patricia, su novio Basilio con su hermana África y Mila, amiga de esta. Había varios de los habituales del círculo senderista, como Silvia, que se había traído a dos primas más jóvenes, y diversos veteranos de la Ruta Viracocha. Almudena se inquietó al ver que estaba Ángela, pensando en el efecto que una chica tan desinhibida sexualmente podía causar en aquel grupo. Le asustó un poco pero también sintió cierta expectación por las situaciones divertidas que podían crearse. Al acercarse Ángela a saludar besó a Almudena en los labios.
    -¿Dispuesta a pasártelo bien? – le dijo Almudena, que había dudado si preguntarle si iba a ser buena.
    -Dispuestísima.
 
    Joaquín vio el beso de Almudena y Ángela con contrariedad. Hacía unos meses que había salido de una relación de pareja, en el viaje en tren hasta Malplena había estado charlando con Almudena y su viejo interés romántico por la chica se había reavivado, por lo que encontrarse con la posibilidad de que Almudena fuera lesbiana era un jarro de agua fría.
 
    Al llegar al campamento ya se estaban encendiendo los campingases para preparar la comida y los recién llegados se unieron a los preparativos. Tras la comida los fumadores encendieron sus cigarrillos. Irene, que no solía fumar cigarrillos en las salidas del Círculo Senderista, con la presencia de más fumadoras se sintió mucho más cómoda para fumar y encendió un cigarrillo contenta.</p>

<p>    -¿Fumas? – le dijo sorprendida una prima de Rebeca de catorce años.
    -Por desgracia si. Es un asco pero estoy enganchada y no lo puedo dejar. No empieces nunca.</p>

<p>    La chica se fue a otro lado.</p>

<p>    -Mentira, no es un asco, me encanta fumar- aclaró Irene a sus acompañantes con una sonrisa traviesa, cuando se alejaron los oídos púberes, antes de dar una buena calada e inhalarla con delectación.</p>

<p>    Tras la comida, algunos se quedaron en el campamento charlando o echando la siesta y otros salieron a explorar la zona, caminando por senderos que les llevaban en distintas direcciones. Los grupos no se volvieron a reunir hasta las nueve, para la cena. Cuando Almudena volvía al campamento vieron llegar por el camino a Casia y sus compañeros de salida ciclista, exhaustos y felices. Se dieron abrazos y besos sudorosos, antes de que los ciclistas fueran a ducharse a un lugar discreto junto al arroyo, donde amigos solícitos habían colgado al sol unas duchas solares.</p>

<p>    Antes de cenar, aprovechando el crepúsculo, levantaron rápidamente las tiendas convirtiendo en minutos el simple picnic en un auténtico campamento. Habían preferido tener las tiendas desmontadas durante el día para evitar posibles denuncias o quejas de vecinos quisquillosos.</p>

<p>    Al acabar la cena, Almudena vió que Íngrid, Laura y Fabiola se disponían a fumar.</p>

<p>    -Esperad chicas- las interrumpió Almudena, levantándose- os invito a un puro.</p>

<p>    Le hicieron caso algo indecisas y Almudena volvió volando de su tienda con una purera con Montecristos y Vega Fina. Buscó con la mirada a Irene y a Maia y las llamó. También vió a Lorenzo, que estaba con Rebeca y sus sobrinas, pero se cortó de llamarlo para que no le vieran fumar las adolescentes.</p>

<p>    -Fuma uno Irene. Maia, si te apetece...</p>

<p>    Le apeteció, para disimulado disgusto de Rufo. Irene, Fabiola y Maia se atrevieron con un Montecristo, como Almudena, mientras que Íngrid y Laura eligieron un suave Vega Fina.</p>

<p>    -¡Que rico!– dijo Irene, que nunca había fumado un puro Montecristo. Maia le dio la razón para satisfacción de Almudena.</p>

<p>    Óliver vió a sus amigas fumando cigarros, le dió envidia y le preguntó a Almudena si le podía invitar. Almudena le dió a elegir y Óliver encendió el último Montecristo que tenía Almudena.</p>

<p>    Fumadores y no fumadores se relajaron en una agradable charla, sentados en corros.</p>

<p>    -Estarás horrorizada con lo del tabaco- le dijo Óliver a Berta Prada, la enérgica deportista de mediana edad.
    -¡Que va! Yo fumaba de joven. Me gustaba, pero lo dejé del todo a los treinta y dos para mejorar mi rendimiento deportivo y porque ya estaba pensando en ser madre.
    -¿Fumabas y hacías deporte?– le preguntó Casia sorprendida.
    – Ya se que no es muy recomendable pero si, aunque en los últimos años fumaba poco. En aquella época no era tan raro.</p>

<p>    Silvia estaba molesta porque sus sobrinas Mafalda y Antía, al ver que en el campamento había fumadores, habían sacado cigarrillos y se habían puesto a fumar abiertamente. Mafalda tenía dieciséis años, más grandona, cabello claro, sonriente y con un algo de candor infantil. Antía tenía diecisiete años y cultivaba una estética gótica, con una melena negro azabache.</p>

<p>    Aparecieron algunos instrumentos musicales y empezó a sonar música. Casia tenía ganas de tocar con Óliver, pero tuvo que esperar a que este acabara su puro. Finalmente llegó su turno y tocaron. En ese momento apareció Ángela, a la que Almudena no había visto desde hacía horas.
    -¿Donde estabas?– le preguntó Almudena.
    -En el bosque, follando.
    Almudena se quedó en silencio expectante.
    -Mujer, con tantos chicos y chicas guapas no pretenderás que desperdicie la ocasión ¿no? Bien a gusto que me he quedado.
    -¿Y que fue? ¿Chico o chica?
    -Chico
 
 </p>

<p>    A la mañana siguiente, cuando estaban preparando los desayunos, apareció una pareja de unos setenta años que vivían por a zona con aire serio. Dijeron que allí no se podía estar y se tenían que ir, con alusiones a la Guardia Civil. Irene y un chico charlaron con ellos en tono apaciguador pero los vecinos se mostraban inflexibles. Aquella situación no había sorprendido a nadie, era algo que sabían que podía pasar por lo que no se estresaron mucho. Tras la marcha de los vecinos hostiles, en una improvisada asamblea, se decidió recoger el campamento y cambiarse a otra ubicación. Sacaron mapas de la zona y barajaron diferentes lugares. Viendo que había una casa de retiro budista, Casia sugirió que sus inmediaciones podían ser un buen lugar porque, en sus salidas ciclistas, en varias ocasiones se había quedado a dormir en establecimientos religiosos y le parecía buena opción. Alguien llamó por teléfono al centro budista para ver si había donde acampar por allí y si ponían pegas, y le dijeron que había un bosquecillo despejado de maleza adecuado para acampar y que estaban encantados de tener visitantes en las inmediaciones de la casa de retiro. Se buscaron en los mapas diferentes rutas para ir hasta el centro budista, por diferentes paisajes y con diversos grados de dificultad, pensando en que era mejor separarse en grupos para evitar susceptibilidades de gente de la zona con rechazo hacia la acampada libre. Los que tenían bicicleta eligieron rutas por carretera y pista, en particular Berta Prada eligió la ruta en bici más corta porque se sentía bastante vapuleada después de estar pedaleando dos días y se le notaba que caminaba con cierta rigidez. “No me había o había quedado tan mazada desde mis primeras salidas. Es lo que tiene ser una deportista cincuentona”, dijo.</p>

<p>    Así que, tras un demoroso desayuno y recoger e las cosas, se dividieron en grupos y se dispersaron por los senderos y pistas de Malplena para, hacia las cuatro de la tarde, converger en el centro budista, en una colina retirada, entre arboleda dispersa, cuyo principal acceso era una pista de tierra y lejos de cualquier caserío. Los recibieron tres monjes rapados y algún usuario laico, cuyo grado de implicación en la casa era difícil de discernir. La casa de retiro estaba construida a partir de una antigua casa de campo restaurada a la que habían añadido unas alas y anexos en madera. Los encargados de la casa les dijeron que podían dejar bultos en un cobertizo.</p>

<p>    Montaron el campamento e Íngrid se relajó encendiendo un cigarrillo. En seguida se le unieron Mafalda y Antía, sentándose en corro.</p>

<p>    -Le pegaste el vicio a tu hermana ¿eh? – le dijo Íngrid a Antía.
    -¡Que va! La gente piensa eso pero fue al revés, fue ella la que empezó a fumar antes, con catorce años, yo empecé hace unos meses.
    -Antía no quería nada con el tabaco y me decía que tenía que dejarlo, pero la convencí de que lo probara y acabó gustándole. A veces fumaba conmigo y le gustaba pero se resistía a fumar.
   -No quería coger el vicio, pero...
   -No tienes nada de que avergonzarte, yo también se lo rico que es fumar ¿Como decir que no a esta satisfacción?
   -Si, con Mafalda fumé de vez en cuando, pero al estar con fumadores en el instituto empecé a fumar a diario.</p>

<p>   Rebeca, Irene, Artemisa, Casia y Almudena se unieron al grupo. Rebeca había oído las últimas frases y le habían sorprendido.</p>

<p>   -¿Empezaste a fumar por el ambiente del instituto? ¡Pero si en los institutos ya casi no hay fumadores!
   -En mi instituto si- afirmó Antía.
   -¿Cual es tu instituto?– preguntó Almudena.
   -El “Almudena Grandes” ¡Anda, tocaya tuya!</p>

<p>   “Tenía que ser”, pensó Almudena, al saber que Antía y Rebeca iban al instituto de Naira, la hija de la estanquera Agata, que junto con sus amigas las hermanas Gutiérrez se dedicaban a animar a fumar a sus compañeros.</p>

<p>  -¿Conocéis a Naira o las <a href="https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-8-reunion-de-estanqueros" rel="nofollow">hermanas Gutiérrez</a>?</p>

<p>  -A Naira no, pero a Rosario y Sibila Gutiérrez si- dijo Antía.</p>

<p>  -Mi primer pitillo lo fumé con Sibila, es muy simpática- explicó Mafalda- No me gustó mucho pero fue interesante, Sibila me explicó como hacer para no toser mucho y me fue bastante bien. Otro día me invitó de nuevo y ya me empezó a gustar. Desde entonces fumaba de vez en cuando y me encantó. Cuando podía me hacía con una cajetilla.</p>

<p>   -Una vez mis padres encontraron un paquete de tabaco en nuestro cuarto ¡Y me echaron la culpa a mi!-explicó Antía- Ni se les pasó por la cabeza que Mafaldita pudiera fumar. Me llevé yo la bronca. En una fiesta familiar le cogió un cigarrillo a un tío, se lo encendió y se puso a fumar delante de todo el mundo... y ni por esas, pensaban que era una travesura y seguían sin pensar que Mafalda pudiera ser fumadora.</p>

<p>   -Si- confirmó Mafalda sonriendo al recordar la situación- ya hacía tiempo que fumaba a diario y me estaba muriendo por un pitillo, así que me encendí ese cigarrillo y que pasara lo que tuviera que pasar ¿Y tu, Irene? ¿Como empezaste?</p>

<p>   A Mafalda le llamaba la atención que una joven tan centrada e intelectual como Irene fumara. Esta contó al grupo la historia que Almudena ya conocía, de como su tía Circe, descontenta con su rechazo al tabaco, le había hecho fumar cinco cigarrillos para que conociera lo que era el tabaco, con lo que Irene había aprendido la técnica de fumar, se había familiarizado con las sensaciones físicas de la inhalación de humo de tabaco y dejó se percibir el fumar como algo completamente ajeno. Circe le facilitaba el acceso a los cigarrillos con lo que la curiosidad le llevó a repetir la experiencia y adquirir gusto por fumar, empezando a hacerlo esporádicamente, hasta que en el primer curso de la universidad y con la influencia de una relación amorosa se convirtió en una adicción diaria que le resultaba más satisfactoria que problemática.</p>

<p>   A las fumadoras del grupo les gustó la historia de Irene e incluso Rebeca y Casia la encontraron interesante, una explicación de como se podía coger un vicio que no tenían la menor intención de adquirir.</p>

<p>   -¿Y como empezaste tu a fumar, Íngrid?– le preguntó Almudena a su amiga- La primera vez que te vi fumar fue en la fiesta de fin de curso de segundo de bachillerato, pero no debía ser la primera vez.</p>

<p>   -No, en realidad empecé con catorce años- explicó Íngrid para sorpresa de Almudena y Rebeca.</p>

<p>   Íngrid se dispuso a contar su historia y encendió un cigarrillo, lo que no tardaron en imitar Antía y Mafalda. A Artemisa le sugestionó el ambiente tabaquista, salió corriendo y al poco volvió con un cigarrillo electrónico de aspecto bastante parecido a los cigarrillos de verdad, pero algo más grande. “Es sin nicotina. Es divertido fumarlo”, explicó antes de ponerse a vapear con cierta teatralidad mientras Íngrid narraba sus primeras experiencias con el tabaco.</p>

<p>CONTINUARÁ.</p>

<p>        Se pueden ver los capítulos anteriores en <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar</a></p>

<p>    Si quieres hacer algún comentario al autor de este relato, escribe a sigfrido@gmx.es.</p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
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      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-27-campamento-en-malplena</guid>
      <pubDate>Tue, 30 May 2023 09:19:42 +0200</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Parte 10: Una boda.</title>
      <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-10-una-boda</link>
      <description>&lt;![CDATA[El siguiente sábado en que salió de noche y que sabía que coincidiría con Ingrid, llevó sus puritos. Sentadas en la terraza del &#34;Aoristo&#34;, un pub a la moda de pretensiones cool y con bastante postureo, Almudena, Ingrid y Laura fumaron en compañía de las demás chicas. A partir de entonces en muchas de las salidas de sábado noche Almudena fumaba un purito, normalmente en el &#34;Aoristo&#34; donde el purito no desentonaba mucho en un ambiente donde la gente procuraba llamar la atención.&#xA;&#xA;    En mayo Almudena fue con su familia a la boda de un familiar. A Almudena la sentaron con su hermano separada de sus padres, en una mesa de gente entre los 17 y 27 años, que aunque en general no se conocían congeniaron bien y se creó un buen ambiente. No pudiéndose fumar en el salón de banquetes se había montado una carpa abierta junto a la entrada, con elegantes muebles de jardín, estufas de exteriores y bandejas con cigarrillos Marlboro y puros Vega Fina. Como hacía buena noche y los novios fumaban, la carpa se convirtió en un lugar concurrido y animado. En la mesa de Almudena había un par de fumadores y los demás decidieron acompañarlos a la carpa de fumar, donde se fumaba a discreción. Al cabo de un rato pasó un hermano de la novia repartiendo alegremente puros a la concurrencia y Almudena, algo desinhibida por las dos copas de vino que se había tomado y animada por el ambiente nicotínico, cogió uno, causando en el grupo la traviesa diversión habitual cuando en este tipo de ocasiones una mujer comete esa excentricidad. Encendió el cigarro con seguridad ante la mirada curiosa del grupito y se puso a fumarlo con soltura. Los compañeros esperaban que la escena resultara grotescamente divertida pero bien vestida, arreglada y fumando con naturalidad, a Almudena se la veía bien fumando el cigarro. Algún familiar directo la vió, con invariable gesto de estupefacción, Almudena les sonreía con gesto de pillería y los parientes parecían aceptarlo como una travesura. Un momento más tenso para Almudena fue cuando la vieron sus padres.&#xA;&#xA; -¿Estás fumando? - le dijo su padre sin acertar a decir más que lo evidente.&#xA;&#xA;    Almudena asintió y sus padres, considerando que Almudena ya era mayor de edad y que estaban en una fiesta, lo dejaron correr. Superado el susto Almudena se relajó y siguió fumando con satisfacción, sorprendida de haber pasado aquel trance sin mayor contratiempo.&#xA;&#xA;    Tras unas horas de baile, cuando salieron a descansar sus fatigados pies, Almudena fumó otro puro mientras charlaba sentada con un chico y una chica. Era consciente de que ese segundo puro marcaba cierta diferencia para quienes la vieran, incluida su familia, un puro podía ser una simple travesura, dos ya indicaban cierto gusto por el tabaco. Había traspasado una línea en su imagen pública, roto un tabú.&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>El siguiente sábado en que salió de noche y que sabía que coincidiría con Ingrid, llevó sus puritos. Sentadas en la terraza del “Aoristo”, un pub a la moda de pretensiones cool y con bastante postureo, Almudena, Ingrid y Laura fumaron en compañía de las demás chicas. A partir de entonces en muchas de las salidas de sábado noche Almudena fumaba un purito, normalmente en el “Aoristo” donde el purito no desentonaba mucho en un ambiente donde la gente procuraba llamar la atención.</p>

<p>    En mayo Almudena fue con su familia a la boda de un familiar. A Almudena la sentaron con su hermano separada de sus padres, en una mesa de gente entre los 17 y 27 años, que aunque en general no se conocían congeniaron bien y se creó un buen ambiente. No pudiéndose fumar en el salón de banquetes se había montado una carpa abierta junto a la entrada, con elegantes muebles de jardín, estufas de exteriores y bandejas con cigarrillos Marlboro y puros Vega Fina. Como hacía buena noche y los novios fumaban, la carpa se convirtió en un lugar concurrido y animado. En la mesa de Almudena había un par de fumadores y los demás decidieron acompañarlos a la carpa de fumar, donde se fumaba a discreción. Al cabo de un rato pasó un hermano de la novia repartiendo alegremente puros a la concurrencia y Almudena, algo desinhibida por las dos copas de vino que se había tomado y animada por el ambiente nicotínico, cogió uno, causando en el grupo la traviesa diversión habitual cuando en este tipo de ocasiones una mujer comete esa excentricidad. Encendió el cigarro con seguridad ante la mirada curiosa del grupito y se puso a fumarlo con soltura. Los compañeros esperaban que la escena resultara grotescamente divertida pero bien vestida, arreglada y fumando con naturalidad, a Almudena se la veía bien fumando el cigarro. Algún familiar directo la vió, con invariable gesto de estupefacción, Almudena les sonreía con gesto de pillería y los parientes parecían aceptarlo como una travesura. Un momento más tenso para Almudena fue cuando la vieron sus padres.</p>

<p> -¿Estás fumando? – le dijo su padre sin acertar a decir más que lo evidente.</p>

<p>    Almudena asintió y sus padres, considerando que Almudena ya era mayor de edad y que estaban en una fiesta, lo dejaron correr. Superado el susto Almudena se relajó y siguió fumando con satisfacción, sorprendida de haber pasado aquel trance sin mayor contratiempo.</p>

<p>    Tras unas horas de baile, cuando salieron a descansar sus fatigados pies, Almudena fumó otro puro mientras charlaba sentada con un chico y una chica. Era consciente de que ese segundo puro marcaba cierta diferencia para quienes la vieran, incluida su familia, un puro podía ser una simple travesura, dos ya indicaban cierto gusto por el tabaco. Había traspasado una línea en su imagen pública, roto un tabú.</p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
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      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-10-una-boda</guid>
      <pubDate>Tue, 10 Jan 2023 16:30:47 +0100</pubDate>
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    <item>
      <title>Parte 9: Fumando en el campus.</title>
      <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-9-fumando-en-el-campus</link>
      <description>&lt;![CDATA[Tras las notas del primer cuatrimestre en la universidad Almudena se sintió algo más segura, ya había tomado el pulso a sus estudios universitarios y se le quitó buena parte de la ansiedad que tenía por dar la talla como estudiante, vió alejarse el temor a una catástrofe académica. Aunque las horas de trabajo le obligaban a seguir siendo disciplinada con el uso de su tiempo, se permitió algún desahogo. Empezó a ver más a los amigos, aunque no pudiera salir todos los sábados por la noche por lo menos procuraba quedar con ellos de manera más agil durante el día, de vez en cuando. También intensificó sus contactos con la Asociación de Veteranos de la Ruta Viracocha y con el Círculo Excursionista e hizo alguna salida con ellos. Incluso acompañó alguna vez a su padre al huerto que este cuidaba por afición a unos kilómetros de la ciudad. Un cultivador canario con el que le había puesto en contacto Simón, el técnico agrícola paraguayo, le había enviado unas semillas de tabaco. Almudena las plantó en un semillero en su casa para plantarlas más adelante en el huerto de su padre. &#xA;&#xA;    Los sábados por la noche que salía solía hacerlo con sus amigos del bachillerato. Rebeca estaba estudiando un ciclo de peluquería y belleza y alguna vez traía alguna de sus nuevas amigas compañeras del ciclo, como Laura, que a veces fumaba. “No fumo, solo a veces al salir”, explicó. Comentaron que el el ciclo de peluquería si que había muchas fumadoras, “como la mitad”, dijo Rebeca. Una noche coincidieron con Ingrid, que ya se había convertido en una auténtica fumadora. En una ocasión en que le dieron ganas de fumar Almudena le pidió un par de caladas a Laura, pero siguió encontrando que no le gustaba mucho el sabor del cigarrillo.&#xA;&#xA;Fumadora al aire libre  &#xA;&#xA;    Para aprovechar el tiempo de estudio y facilitar las consultas en la biblioteca, algunos días se quedaba con las amigas a comer en la universidad para ponerse pronto a estudiar en la biblioteca. Tras las comidas, junto a la entrada del comedor del campus se juntaba un buen grupo de fumadores que copaban las mesas al aire libre situadas al sol frente al edificio del comedor para fumar y tomar café. En el campus los fumadores eran franca minoría pero en ese concreto momento y lugar dominaban el ambiente. Por supuesto Valentina también iba a fumar allí, arrastrando a sus amigas a tomar café, tomar el sol (cuando lo había) y relajarse un poco antes de irse a la biblioteca. Cuando iba a fumar solía ofrecer un cigarrillo a sus amigas. Estando en aquel ambiente tan tabaquista y en compañía de Valentina, a Almudena le solía apetecer fumar, aunque había rechazado las invitaciones de Valentina cuando esta le había ofrecido. En ocasiones Valentina ofrecía cigarrillos a gente que sabía que no fumaba, en la creencia de que la condición de no fumador es una fase que lo natural es que se supere, se le hacía raro que sus amigas se abstuvieran de fumar.&#xA;&#xA;&#x9;&#xA;&#xA;    Un soleado día de marzo, en uno de esos cafés de sobremesa, Valentina se encendió un pitillo y Almudena sacó una cajita de puritos Montecristo.&#xA;&#xA;    ¿Me das fuego? - le pidió a Valentina, ante la mirada sorprendida de la pandilla.&#xA;&#xA;    Claro.&#xA;&#xA;    Almudena soltó unas bocanadas de humo tras encender el purito y enseguida dio otra para saborearlo con más atención.&#xA;&#xA;    Siendo estanquera tenías que fumar algo original – dijo Valentina dando una lenta calada a su cigarrillo, contenta de que su amiga fumara con ella.&#xA;&#xA;    Es la primera vez que fumo uno de estos, quería ver si son más como cigarrillos o como puros.&#xA;&#xA;    ¿Y que tal?&#xA;&#xA;    No es realmente como un puro pero está mucho mejor que un cigarrillo. Es rico.&#xA;&#xA;    ¿Pero fumas? - le preguntó Casia sorprendida y contrariada.&#xA;&#xA;    No, había fumado un poco hace unos meses y luego paré. Pero me gusta y quizá ahora fume de vez en cuando.&#xA;&#xA;    Fumar un purito en el campus había atraído algunas miradas pero Almudena no se encontró incómoda. No se hubiera atrevido a fumar un puro pero un purito resultaba más discreto y podía afrontar alguna mirada de extrañeza, le gustó la experiencia y pensó que podía repetirla de vez en cuando.&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>Tras las notas del primer cuatrimestre en la universidad Almudena se sintió algo más segura, ya había tomado el pulso a sus estudios universitarios y se le quitó buena parte de la ansiedad que tenía por dar la talla como estudiante, vió alejarse el temor a una catástrofe académica. Aunque las horas de trabajo le obligaban a seguir siendo disciplinada con el uso de su tiempo, se permitió algún desahogo. Empezó a ver más a los amigos, aunque no pudiera salir todos los sábados por la noche por lo menos procuraba quedar con ellos de manera más agil durante el día, de vez en cuando. También intensificó sus contactos con la Asociación de Veteranos de la Ruta Viracocha y con el Círculo Excursionista e hizo alguna salida con ellos. Incluso acompañó alguna vez a su padre al huerto que este cuidaba por afición a unos kilómetros de la ciudad. Un cultivador canario con el que le había puesto en contacto Simón, el técnico agrícola paraguayo, le había enviado unas semillas de tabaco. Almudena las plantó en un semillero en su casa para plantarlas más adelante en el huerto de su padre.</p>

<p>    Los sábados por la noche que salía solía hacerlo con sus amigos del bachillerato. Rebeca estaba estudiando un ciclo de peluquería y belleza y alguna vez traía alguna de sus nuevas amigas compañeras del ciclo, como Laura, que a veces fumaba. “No fumo, solo a veces al salir”, explicó. Comentaron que el el ciclo de peluquería si que había muchas fumadoras, “como la mitad”, dijo Rebeca. Una noche coincidieron con Ingrid, que ya se había convertido en una auténtica fumadora. En una ocasión en que le dieron ganas de fumar Almudena le pidió un par de caladas a Laura, pero siguió encontrando que no le gustaba mucho el sabor del cigarrillo.</p>

<p><img src="https://cflvdg.avoz.es/sc/B6xEsS8mcCiCZURWddEVdr_jnN0=/768x/2017/06/14/00121497474252575306276/Foto/madri.jpg" alt="Fumadora al aire libre"></p>

<p>    Para aprovechar el tiempo de estudio y facilitar las consultas en la biblioteca, algunos días se quedaba con las amigas a comer en la universidad para ponerse pronto a estudiar en la biblioteca. Tras las comidas, junto a la entrada del comedor del campus se juntaba un buen grupo de fumadores que copaban las mesas al aire libre situadas al sol frente al edificio del comedor para fumar y tomar café. En el campus los fumadores eran franca minoría pero en ese concreto momento y lugar dominaban el ambiente. Por supuesto Valentina también iba a fumar allí, arrastrando a sus amigas a tomar café, tomar el sol (cuando lo había) y relajarse un poco antes de irse a la biblioteca. Cuando iba a fumar solía ofrecer un cigarrillo a sus amigas. Estando en aquel ambiente tan tabaquista y en compañía de Valentina, a Almudena le solía apetecer fumar, aunque había rechazado las invitaciones de Valentina cuando esta le había ofrecido. En ocasiones Valentina ofrecía cigarrillos a gente que sabía que no fumaba, en la creencia de que la condición de no fumador es una fase que lo natural es que se supere, se le hacía raro que sus amigas se abstuvieran de fumar.</p>

<p>    Un soleado día de marzo, en uno de esos cafés de sobremesa, Valentina se encendió un pitillo y Almudena sacó una cajita de puritos Montecristo.</p>

<p>    – ¿Me das fuego? – le pidió a Valentina, ante la mirada sorprendida de la pandilla.</p>

<p>    – Claro.</p>

<p>    Almudena soltó unas bocanadas de humo tras encender el purito y enseguida dio otra para saborearlo con más atención.</p>

<p>    – Siendo estanquera tenías que fumar algo original – dijo Valentina dando una lenta calada a su cigarrillo, contenta de que su amiga fumara con ella.</p>

<p>    – Es la primera vez que fumo uno de estos, quería ver si son más como cigarrillos o como puros.</p>

<p>    – ¿Y que tal?</p>

<p>    – No es realmente como un puro pero está mucho mejor que un cigarrillo. Es rico.</p>

<p>    – ¿Pero fumas? – le preguntó Casia sorprendida y contrariada.</p>

<p>    – No, había fumado un poco hace unos meses y luego paré. Pero me gusta y quizá ahora fume de vez en cuando.</p>

<p>    Fumar un purito en el campus había atraído algunas miradas pero Almudena no se encontró incómoda. No se hubiera atrevido a fumar un puro pero un purito resultaba más discreto y podía afrontar alguna mirada de extrañeza, le gustó la experiencia y pensó que podía repetirla de vez en cuando.</p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
]]></content:encoded>
      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-9-fumando-en-el-campus</guid>
      <pubDate>Tue, 10 Jan 2023 16:30:05 +0100</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Parte 8: Reunión de estanqueros.</title>
      <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-8-reunion-de-estanqueros</link>
      <description>&lt;![CDATA[Ese viernes, al acabar la jornada laboral, la estanquera Galia recibió a unos colegas estanqueros, Rosendo, un tipo de aspecto relajado, algo regordete, casi sesentón; Ágata, de unos cincuenta años y Cómoda, de alrededor de treinta y cinco años. A Ágata la acompañaba si hija Naira, una chica de diecisiete años, seguramente futura heredera del estanco de su madre. Mientras Almudena recogía se sirvieron unos cafés, se sentaron y Galia, Cómoda y Naira encendieron cigarrillos para disfrutar de una agradable charla, desplegando sus cajetillas y mecheros sobre la mesa. Cómoda era una rubia, quizá no natural, guapa y con buen tipo que fumaba con estilo y satisfacción, con gestos deliberados y poco mecánicos que podían hacer pensar que no fumaba tanto, pero daba caladas abundantes. Sus chorros de humo eran coherentes y con fuerza, impulsados por pulmones que aun no parecían acusar importantes daños. Naira no se cortaba de fumar delante de su madre pero quizá por esa compañía fumaba con gestos algo solemnes.&#xA;&#xA;    ¿Por que no te sientas un con nosotras?- invitó Ágata a Almudena.&#xA;&#xA;    Vale, acabo y me siento.&#xA;&#xA;&#x9;&#xA;&#xA;    Mientras terminaba Almudena no dejó de ver como fumaban las tres mujeres y su aire satisfecho le dio envidia. Se acordó del Vegafina que tenía esperando desde hacía meses entre sus cosas en la trastienda y le apeteció muchísimo fumarlo. “Venga, por que no”, pensó.&#xA;&#xA;    Fue a por su puro y se sentó con las tres mujeres. Al verla llegar con el puro, tras tantos meses, Galia le sonrió con complicidad. Almudena se encendió el puro ante la mirada algo sorprendida de los visitantes, que dada su profesión no dejaban de ver con simpatía el gesto.&#xA;&#xA;    Se pusieron a hablar de la reciente entrada en vigor de la nueva ley anti-tabaco, que prohibía fumar en bares y en todos los lugares públicos cerrados.&#xA;&#xA;    No creo que puedan mantenerla- opinó Cómoda mientras se le escapaban unas volutas de su última calada, antes de echar un hermoso chorro de humo- todos los fumadores andan furiosos y se va a notar en las elecciones. En cuanto Rajoy gane las elecciones retirará la ley.&#xA;&#xA;    La gente no está tan molesta – le contradijo Rosendo- antes de enero los fumadores si que se quejaban y parecía que iba a ser imposible aplicar la ley, pero se está cumpliendo y parece que la gente lo va asumiendo.&#xA;&#xA;    Mientras se desarrollaba la charla Almudena iba dando lentas chupadas a su cigarro, saboreaba el humo con detenimiento y expulsaba densas nubes de humo. Estaba disfrutando su reencuentro con el tabaco. El olor del humo del puro se imponía sobre el de los cigarrillos.&#xA;&#xA;    Esta chica me está dando envidia- protestó jocosamente Rosendo refiriéndose a Almudena- Galia ¿Me vendes un puro?&#xA;&#xA;      Sírvete.&#xA;&#xA;&#x9;Al poco Rosendo volvió con un Fonseca Delicias y se lo encendió con el mechero de Cómoda.&#xA;&#xA;     No sabía que fumaras- le dijo Ágata.&#xA;&#xA;     Solo fumo un puro en ocasiones especiales.&#xA;&#xA;    Estos estanqueros que no fuman...- bromeó Naira, dirigiéndo el dardo sobre todo a su madre, que no fumaba.&#xA;&#xA;    Ágata comentó que las prohibiciones, a la larga, podían ir haciendo desaparecer “la cultura del tabaco”, perdiéndose los ritos de sociabilidad del tabaco y las ventajas sociales que se venían atribuyendo al fumar. Comentó que iba a montar un club de fumadores en un local contíguo al estanco y estaba segura de que los fumadores, expulsados de bares y cafeterías a la intemperie, acudirían en tropel.&#xA;&#xA;    Cómoda, más maquiavélica, dijo que para ella la clave era que hubiera relevo generacional.&#xA;&#xA;    Los que fuman en su mayoría seguirán fumando, pero entre la gente jóven se nota que hay menos fumadores- opinó. Explicó que en su estanco iba a poner imágenes de gente fumando, actores de cine y otros personajes atractivos, y también un expositor de golosinas y otro para revistas juveniles, para que los adolescentes se acostumbraran a ir al estanco y percibieran el tabaco como algo normal, “No como una cosa terrible y rarísima como pretenden los prohibicionistas”.&#xA;&#xA;    Ágata movíó la cabeza algo dubitativa ante el proyecto de Cómoda, Galia lo sopesó en silencio mientras daba una lenta calada a su cigarrillo y Naira asintió con aprobación.&#xA;&#xA;    ¡Que maquiavélica! - comentó Rosendo socarronamente.&#xA;&#xA;    Cómoda se encogió de hombros.&#xA;&#xA;    Hay que hacer algo para que no se impongan los prohibicionistas, hay que evitar que fumar se convierta en algo mal visto y raro.&#xA;&#xA;    A mi me parece que haces muy bien- le dijo Naira- Los fumadores somos pocos en el instituto y antes no era así ¿no? Yo, en cuanto puedo, convenzo a alguna amiga o a cualquier compañero de que lo pruebe y les animo a fumar. Ya conseguí que unos cuantos empezasen a fumar y tengo unas amigas fumadoras que me están ayudando.&#xA;&#xA;    Las hermanas Gutiérrez- intervino Ágata entre divertida y algo avergonzada por las actividades en favor del tabaco de su hija.&#xA;&#xA;    Si. La que es amiga amiga es Pandora. Sus padres fuman y su hermana Rosario también, Sibila solo está empezando.&#xA;&#xA;    Tienen diecisiete, quince y catorce años- explicó Ágata a los concurrentes, que escuchaban con interés y cierto morbo las calaveradas de Naira- Los padres fuman y son tremendamente permisivos con el tema tabaco.&#xA;&#xA;    ¿Y que hacéis exactamente? - preguntó Cómoda con curiosidad.&#xA;&#xA;    Bueno, todas animamos a fumar a nuestros compañeros cuando tenemos oportunidad, sobre todo a quienes son más populares y marcan tendencia. Y luego tenemos un sistema, “el numerito” le llamamos. Alguna vez que tenemos alguna compañera en casa, para hacer algún trabajo por ejemplo, voy yo a casa de las Gutiérrez o vienen ellas a la mía. Las que puedan se hacen pasar por no fumadoras, o sea, imagínate.... Pandora lleva una amiga a su casa a hacer los deberes, después de que acaban se reunen con las hermanas y me presento yo. Las que la invitada sabe que fumamos nos ponemos a fumar y las que la invitada no sabe que fuman empiezan a decir que nunca han fumado. Las que estén fumando les decimos que si quieren probar y les animamos un poco e incluimos a la invitada en la invitación y, si hay suerte, acabamos fumando todas.&#xA;&#xA;    ¡Vaya! ¿Y os funciona el truco? - preguntó Rosendo.&#xA;&#xA;    Ya hemos hecho alguna fumadora así- afirmó orgullosa Naira- y tenemos algún truquito más.&#xA;&#xA;    Compañeras para echar un pitillo juntas y futuras clientes del estanco- comentó Cómoda divertida.&#xA;&#xA;&#x9;Naira asintió contenta echando un buen chorro de humo triunfalmente, ante la mirada ligeramente abochornada de su madre, que trató de cambiar de tema.&#xA;&#xA;    Esto... Almudena ¿Que piensas de la ley anti-tabaco?&#xA;&#xA;    Pues... bueno, yo no fumo así que no la veo tan mal – explicó Almudena puro en ristre. Viendo que con aquel auditorio lo que había dicho no caería muy bien, matizó – Aunque deberían mantenerse sitios donde si se pueda fumar. El tabaco es parte de nuestra cultura, hace siglos que se fuma en Europa y miles de años que se fuma en América. Hay una cultura del tabaco que también es un patrimonio cultural, un patrimonio inmaterial más bien, aunque también algo material. Es como todos esos diseños preciosos de las cajas de puros, todo lo relacionado con el cultivo y el secado del tabaco, los aromas, los ritos y protocolos sociales... todas esas cosas. Es una lástima que pueda perderse aunque también haya que tener en cuenta la salud de la gente.&#xA;&#xA;    En los 70 y en los 80 el tabaco estaba en todas partes- intervino Ágata- y toda la vida social pasaba por el tabaco. En ciertas franjas de edad y grupos sociales el rollo no era si fumabas o no si no que fumabas, eso era una parte importantísima de la imagen. Negro, rubio, Celtas, Winston, incluso puros y pipa... en los bares, con nubes espesas de humo, en los colegios, en la universidad por supuesto, hasta en las aulas, en la tele. Los adolescentes empezaban a fumar y fumaban con aire de señores, muy experto, dejando muy claro que ya eran mayores. Para una chica jóven fumar era sinónimo de ser moderna.&#xA;&#xA;    De todo eso va a quedar poco, queda poco y va a quedar menos- dijo Rosendo.&#xA;&#xA;    Si.&#xA;&#xA;    ¿Entonces tu no eras una chica moderna?- le preguntó Naira a su madre con sorna.&#xA;&#xA;    Yo era una chica muy moderna y algo si que fumaba.&#xA;&#xA;    ¿En serio?&#xA;&#xA;    Lo suficiente para que se notara la modernez, pero no me adentré mucho en el vicio antes de dejarlo.&#xA;&#xA;    Naira quedó pensativa imaginando como sería si su madre hubiera seguido fumando o en como sería fumar con su madre adolescente.&#xA;&#xA;    Seguramente debamos cuidar más el aspecto de nuestros negocios- comentó Galia- con estas leyes parece que quieran hacer del tabaco una cosa un poco marginal así que tenemos que esforzarnos en hacer ver que no lo es. Por eso les he puesto un uniforme bonito a las chicas, para darle más cara al negocio.&#xA;&#xA;    ¿Que te parece el uniforme? - Le preguntó Cómoda a Almudena.&#xA;&#xA;    Me gusta, es un traje-chaqueta con estilo.&#xA;&#xA;    La cosa es marcar la idea de que fumar es un hábito normal, sociable y agradable, incluso una tradición, una cultura como dice Almudena- explicó Galia.&#xA;&#xA;    Siguieron charlando y fumando animadamente. Ágata llamó la atención de su hija Naira cuando esta intentó encenderse un tercer cigarrillo, sintiéndose respaldada por el ambiente. Al poco de acabar sus puros Almudena y Rosendo, nuestra protagonista se dio cuenta de que se le hacía tarde y anunció que se iba. Eso sirvió de toque de campana para que todos decidieran dar por terminado el conciliábulo. Almudena quedó satisfecha de su reencuentro con el tabaco.&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>Ese viernes, al acabar la jornada laboral, la estanquera Galia recibió a unos colegas estanqueros, Rosendo, un tipo de aspecto relajado, algo regordete, casi sesentón; Ágata, de unos cincuenta años y Cómoda, de alrededor de treinta y cinco años. A Ágata la acompañaba si hija Naira, una chica de diecisiete años, seguramente futura heredera del estanco de su madre. Mientras Almudena recogía se sirvieron unos cafés, se sentaron y Galia, Cómoda y Naira encendieron cigarrillos para disfrutar de una agradable charla, desplegando sus cajetillas y mecheros sobre la mesa. Cómoda era una rubia, quizá no natural, guapa y con buen tipo que fumaba con estilo y satisfacción, con gestos deliberados y poco mecánicos que podían hacer pensar que no fumaba tanto, pero daba caladas abundantes. Sus chorros de humo eran coherentes y con fuerza, impulsados por pulmones que aun no parecían acusar importantes daños. Naira no se cortaba de fumar delante de su madre pero quizá por esa compañía fumaba con gestos algo solemnes.</p>

<p>    – ¿Por que no te sientas un con nosotras?– invitó Ágata a Almudena.</p>

<p>    – Vale, acabo y me siento.</p>

<p>    Mientras terminaba Almudena no dejó de ver como fumaban las tres mujeres y su aire satisfecho le dio envidia. Se acordó del Vegafina que tenía esperando desde hacía meses entre sus cosas en la trastienda y le apeteció muchísimo fumarlo. “Venga, por que no”, pensó.</p>

<p>    Fue a por su puro y se sentó con las tres mujeres. Al verla llegar con el puro, tras tantos meses, Galia le sonrió con complicidad. Almudena se encendió el puro ante la mirada algo sorprendida de los visitantes, que dada su profesión no dejaban de ver con simpatía el gesto.</p>

<p>    Se pusieron a hablar de la reciente entrada en vigor de la nueva ley anti-tabaco, que prohibía fumar en bares y en todos los lugares públicos cerrados.</p>

<p>    – No creo que puedan mantenerla- opinó Cómoda mientras se le escapaban unas volutas de su última calada, antes de echar un hermoso chorro de humo- todos los fumadores andan furiosos y se va a notar en las elecciones. En cuanto Rajoy gane las elecciones retirará la ley.</p>

<p>    – La gente no está tan molesta – le contradijo Rosendo- antes de enero los fumadores si que se quejaban y parecía que iba a ser imposible aplicar la ley, pero se está cumpliendo y parece que la gente lo va asumiendo.</p>

<p>    Mientras se desarrollaba la charla Almudena iba dando lentas chupadas a su cigarro, saboreaba el humo con detenimiento y expulsaba densas nubes de humo. Estaba disfrutando su reencuentro con el tabaco. El olor del humo del puro se imponía sobre el de los cigarrillos.</p>

<p>    – Esta chica me está dando envidia- protestó jocosamente Rosendo refiriéndose a Almudena- Galia ¿Me vendes un puro?</p>

<p>      – Sírvete.</p>

<p>    Al poco Rosendo volvió con un Fonseca Delicias y se lo encendió con el mechero de Cómoda.</p>

<p>     – No sabía que fumaras- le dijo Ágata.</p>

<p>     – Solo fumo un puro en ocasiones especiales.</p>

<p>    – Estos estanqueros que no fuman...– bromeó Naira, dirigiéndo el dardo sobre todo a su madre, que no fumaba.</p>

<p>    Ágata comentó que las prohibiciones, a la larga, podían ir haciendo desaparecer “la cultura del tabaco”, perdiéndose los ritos de sociabilidad del tabaco y las ventajas sociales que se venían atribuyendo al fumar. Comentó que iba a montar un club de fumadores en un local contíguo al estanco y estaba segura de que los fumadores, expulsados de bares y cafeterías a la intemperie, acudirían en tropel.</p>

<p>    Cómoda, más maquiavélica, dijo que para ella la clave era que hubiera relevo generacional.</p>

<p>    – Los que fuman en su mayoría seguirán fumando, pero entre la gente jóven se nota que hay menos fumadores- opinó. Explicó que en su estanco iba a poner imágenes de gente fumando, actores de cine y otros personajes atractivos, y también un expositor de golosinas y otro para revistas juveniles, para que los adolescentes se acostumbraran a ir al estanco y percibieran el tabaco como algo normal, “No como una cosa terrible y rarísima como pretenden los prohibicionistas”.</p>

<p>    Ágata movíó la cabeza algo dubitativa ante el proyecto de Cómoda, Galia lo sopesó en silencio mientras daba una lenta calada a su cigarrillo y Naira asintió con aprobación.</p>

<p>    – ¡Que maquiavélica! – comentó Rosendo socarronamente.</p>

<p>    Cómoda se encogió de hombros.</p>

<p>    – Hay que hacer algo para que no se impongan los prohibicionistas, hay que evitar que fumar se convierta en algo mal visto y raro.</p>

<p>    – A mi me parece que haces muy bien- le dijo Naira- Los fumadores somos pocos en el instituto y antes no era así ¿no? Yo, en cuanto puedo, convenzo a alguna amiga o a cualquier compañero de que lo pruebe y les animo a fumar. Ya conseguí que unos cuantos empezasen a fumar y tengo unas amigas fumadoras que me están ayudando.</p>

<p>    – Las hermanas Gutiérrez- intervino Ágata entre divertida y algo avergonzada por las actividades en favor del tabaco de su hija.</p>

<p>    – Si. La que es amiga amiga es Pandora. Sus padres fuman y su hermana Rosario también, Sibila solo está empezando.</p>

<p>    – Tienen diecisiete, quince y catorce años- explicó Ágata a los concurrentes, que escuchaban con interés y cierto morbo las calaveradas de Naira- Los padres fuman y son tremendamente permisivos con el tema tabaco.</p>

<p>    – ¿Y que hacéis exactamente? – preguntó Cómoda con curiosidad.</p>

<p>    – Bueno, todas animamos a fumar a nuestros compañeros cuando tenemos oportunidad, sobre todo a quienes son más populares y marcan tendencia. Y luego tenemos un sistema, “el numerito” le llamamos. Alguna vez que tenemos alguna compañera en casa, para hacer algún trabajo por ejemplo, voy yo a casa de las Gutiérrez o vienen ellas a la mía. Las que puedan se hacen pasar por no fumadoras, o sea, imagínate.... Pandora lleva una amiga a su casa a hacer los deberes, después de que acaban se reunen con las hermanas y me presento yo. Las que la invitada sabe que fumamos nos ponemos a fumar y las que la invitada no sabe que fuman empiezan a decir que nunca han fumado. Las que estén fumando les decimos que si quieren probar y les animamos un poco e incluimos a la invitada en la invitación y, si hay suerte, acabamos fumando todas.</p>

<p>    – ¡Vaya! ¿Y os funciona el truco? – preguntó Rosendo.</p>

<p>    – Ya hemos hecho alguna fumadora así- afirmó orgullosa Naira- y tenemos algún truquito más.</p>

<p>    – Compañeras para echar un pitillo juntas y futuras clientes del estanco- comentó Cómoda divertida.</p>

<p>    Naira asintió contenta echando un buen chorro de humo triunfalmente, ante la mirada ligeramente abochornada de su madre, que trató de cambiar de tema.</p>

<p>    – Esto... Almudena ¿Que piensas de la ley anti-tabaco?</p>

<p>    – Pues... bueno, yo no fumo así que no la veo tan mal – explicó Almudena puro en ristre. Viendo que con aquel auditorio lo que había dicho no caería muy bien, matizó – Aunque deberían mantenerse sitios donde si se pueda fumar. El tabaco es parte de nuestra cultura, hace siglos que se fuma en Europa y miles de años que se fuma en América. Hay una cultura del tabaco que también es un patrimonio cultural, un patrimonio inmaterial más bien, aunque también algo material. Es como todos esos diseños preciosos de las cajas de puros, todo lo relacionado con el cultivo y el secado del tabaco, los aromas, los ritos y protocolos sociales... todas esas cosas. Es una lástima que pueda perderse aunque también haya que tener en cuenta la salud de la gente.</p>

<p>    – En los 70 y en los 80 el tabaco estaba en todas partes- intervino Ágata- y toda la vida social pasaba por el tabaco. En ciertas franjas de edad y grupos sociales el rollo no era si fumabas o no si no que fumabas, eso era una parte importantísima de la imagen. Negro, rubio, Celtas, Winston, incluso puros y pipa... en los bares, con nubes espesas de humo, en los colegios, en la universidad por supuesto, hasta en las aulas, en la tele. Los adolescentes empezaban a fumar y fumaban con aire de señores, muy experto, dejando muy claro que ya eran mayores. Para una chica jóven fumar era sinónimo de ser moderna.</p>

<p>    – De todo eso va a quedar poco, queda poco y va a quedar menos- dijo Rosendo.</p>

<p>    – Si.</p>

<p>    – ¿Entonces tu no eras una chica moderna?– le preguntó Naira a su madre con sorna.</p>

<p>    – Yo era una chica muy moderna y algo si que fumaba.</p>

<p>    – ¿En serio?</p>

<p>    – Lo suficiente para que se notara la modernez, pero no me adentré mucho en el vicio antes de dejarlo.</p>

<p>    Naira quedó pensativa imaginando como sería si su madre hubiera seguido fumando o en como sería fumar con su madre adolescente.</p>

<p>    – Seguramente debamos cuidar más el aspecto de nuestros negocios- comentó Galia- con estas leyes parece que quieran hacer del tabaco una cosa un poco marginal así que tenemos que esforzarnos en hacer ver que no lo es. Por eso les he puesto un uniforme bonito a las chicas, para darle más cara al negocio.</p>

<p>    – ¿Que te parece el uniforme? – Le preguntó Cómoda a Almudena.</p>

<p>    – Me gusta, es un traje-chaqueta con estilo.</p>

<p>    – La cosa es marcar la idea de que fumar es un hábito normal, sociable y agradable, incluso una tradición, una cultura como dice Almudena- explicó Galia.</p>

<p>    Siguieron charlando y fumando animadamente. Ágata llamó la atención de su hija Naira cuando esta intentó encenderse un tercer cigarrillo, sintiéndose respaldada por el ambiente. Al poco de acabar sus puros Almudena y Rosendo, nuestra protagonista se dio cuenta de que se le hacía tarde y anunció que se iba. Eso sirvió de toque de campana para que todos decidieran dar por terminado el conciliábulo. Almudena quedó satisfecha de su reencuentro con el tabaco.</p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
]]></content:encoded>
      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-8-reunion-de-estanqueros</guid>
      <pubDate>Tue, 10 Jan 2023 16:29:31 +0100</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Parte 7: Almudena empieza en la universidad.</title>
      <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-7-almudena-empieza-en-la-universidad</link>
      <description>&lt;![CDATA[De vuelta en casa Almudena pronto se incorporó a sus nuevos estudios y volvió a su trabajo a tiempo parcial en el estanco. Empezaba la carrera de Historia en la universidad. Como su familia no nadaba en la abundancia había dudado mucho en estudiar esa carrera porque no es de las que parecen facilitar más el encontrar trabajo, pero sentía una gran atracción por la materia de manera que finalmente se decidió, pero poniéndose ciertas condiciones. El primer año lo dedicaría al cien por cien a la carrera, pero el segundo trataría de compatibilizarlo con algunos módulos de un ciclo formativo con más bazas de darle trabajo a medio plazo.&#xA;&#xA;&#x9;Los primeros meses Almudena estuvo muy centrada en los estudios, tomando el pulso a la carrera y acostumbrándose al nuevo nivel de exigencia. Añadiendo a eso el trabajo en el estanco el tiempo libre que le quedaba era escasísimo.&#xA;&#xA;&#x9;Seguía procesando las experiencias del viaje. Se acordaba de Isidro pero, dando por imposible su relación veraniega se habían comunicado poco. Almudena se acordaba del sexo, que superada la torpeza de principiantes al final había sido muy satisfactorio. Tras aquellas experiencias lo echaba bastante de menos, pero solucionaba la cuestión solita.&#xA;&#xA;&#x9;Habiendo hecho ya la Ruta Viracocha el fumar era agua pasada. Su investigación sobre el mundo del tabaco estaba terminada y las fumadas del viaje parecían una travesura de las que se hacen estando lejos de casa.&#xA;&#xA;&#x9;Se puso en contacto con ella el grupo local de Asociación de Veteranos de la Ruta Viracocha y no tuvo que hacerles hueco en su agenda para participar en una de sus reuniones y la convencieron para ir de excursión con ellos un domingo. Los Veteranos de la Viracocha de la provincia no eran tantos como para organizar muchas actividades por si solos, por lo que participaban en actividades de otros grupos. Esta excursión en la que participó Almudena la organizaba el Círculo Excursionista, una alianza informal entre los viracochistas, el smial local de la Sociedad Tolkien, un grupo cristiano juvenil y alguno más.&#xA;&#xA;&#x9;En noviembre Almudena cumplió dieciocho años. Al felicitarle Galia la estanquera comentó que ya podía vender tabaco abiertamente. Estando prohibida la venta de tabaco por menores de edad, hasta ese momento Almudena oficialmente solo estaba contratada para vender otros artículos como revistas y objetos de regalo que vendían en el estanco, y cuando Almudena iba a buscar tabaco que le pedía un cliente, se lo pasaba a Galia o Vicente para que lo cobrara en caja, un sistema que, como nunca llegaron a tener una inspección, no supieron si era realmente legal. Vicente celebró que ya tenía edad para comprar tabaco legalmente.&#xA;&#xA;&#x9;-Se acabó el fumar de tapadillo- añadió Vicente festivamente.&#xA;&#xA;&#x9;-¡Bah!- protestó Almudena sonriendo ante lo que parecía una broma de Vicente, que hablaba como si Almudena fumara a menudo.&#xA;&#xA;&#x9;Sin embargo Almudena pensó que antes del viaje le habían invitado a tabaco durante bastantes meses y que siendo mayor de edad era correcto poner un fin simbólico a esa fase de gorrona.&#xA;&#xA;&#x9;-Pues ya que puedo comprar tabaco... Galia ¿Me vendes un Coronitas de Vega Fina?&#xA;&#xA;&#x9;Estudiando en la biblioteca de la facultad se encontró con una alusión al comercio de tabaco en el siglo XVIII. Reencontrarse con el tema de su trabajo para la Ruta Viracocha le despertó la curiosidad por el tema y fue a buscar algún libro citado como bibliografía. Cuando se dio cuenta llevaba más de una hora curioseando sobre la historia del comercio de tabaco en diversos libros y se dio cuenta de que se había disipado demasiado. “Disciplina, hay que volver al temario”, se dijo cerrando los libros intrusos y devolviéndolos. Volvió a lo que tenía que estudiar pero se le volvió a activar el interés por la historia del tabaco, su comercio y su cultivo.&#xA;&#xA;    Recuperado el interés por la cultura del tabaco escribió a Simón, el técnico agrícola que en la plantación de tabaco en Paraguay le había dado su correo electrónico. Este le fue proporcionando información y le puso en contacto con colegas de plantaciones canarias.&#xA;&#xA;    En la facultad Almudena fue formando un círculo de amistades. Las primeras semanas se había juntado con alguna chica de clase con la que se había topado y que le parecían simpáticas, formando un grupillo, pero el pasar de los meses la fue poniendo en relación con compañeras con las que tenía más afinidad, casi todas de fuera de la ciudad. Había muy pocos compañeros que fumaran, como dos de cada diez, pero entre las amigas que fue haciendo había una fumadora, Valentina.&#xA;&#xA;    A principio de curso Valentina se había empezado a juntar con un par de chicas y un chico fumadores de la clase por encontrárselos fuera del edificio cuando salían a fumar, a Valentina le gustaba la compañía de otros fumadores por lo que era lo más natural cultivar esa relación. Sin embargo con el paso de las semanas el trío empezó a resultarle menos simpático, le fueron pareciendo personas poco naturales, el tipo de gente que vive muy centrada en la apariencia, en la movida del fin de semana y en quien es quien, con pocos temas de conversación y aun menos temas de conversación que le interesaran a Valentina, así que empezó a frecuentar menos aquel grupito algo absorvente y empezó a tratar con todos los compañeros de manera indiscriminada, abierta y algo exploratoria. En esta fase de sociabilidad abierta conectó bien con Almudena y congeniaron. &#xA;&#xA;    Coincidió que Almudena tardó en saber que Valentina fumaba. Ya eran buenas camaradas cuando saliendo de la facultad Almudena se sorprendió cuando Valentina le ofreció un cigarrillo.&#xA;&#xA;    -No fumo, gracias.&#xA;&#xA;    Una expresión de cierta extrañeza cruzó el rostro de Valentina antes de encenderse un cigarrillo con aire desenvuelto.&#xA;&#xA;      -¿En serio?- insistió Valentina.&#xA;&#xA;      -¿El que?&#xA;&#xA;      -Que no fumas.&#xA;&#xA;      -Si. Fumé alguna vez pero ya no.&#xA;&#xA;    -Lourdes dice que eres estanquera- dijo Valentina mientras caminaban hacia la parada del autobús, ocultando que en el grupillo de Lourdes habían apodado a Almudena como La Estanquera. Almudena había vendido tabaco a Lourdes un par de veces.&#xA;&#xA;     -Solo soy dependienta, ya me gustaría ser la estanquera.&#xA;&#xA;    A Valentina le había sorprendido que vendiendo tabaco Almudena no fumara. El que Almudena no hubiera descubierto antes el vicio de Valentina había sido la pura casualidad de no haber pasado por la puerta de la facultad en ninguna de las ocasiones en que Valentina iba allí a fumar, pues Valentina era una auténtica fumadora que fumaba pública y habitualmente, con una sólida adicción a la nicotina. Además Valentina era una fumadora satisfecha, sabía que estaba enganchada pero no le importaba, le gustaba ser fumadora y fumaba desinhibidamente, sin importarle nada estar en franca minoría. Pensaba que realmente no era tan nocivo y se notaba que, como era normal en otros tiempos, pensaba que el tabaco favorecía la sociabilidad. Le parecía estupendo y completamente adecuado acompañar la charla y el trato amistoso con tabaco, incluso cuando trataba con gente que no fumaba. Por lo demás Valentina era una chica de buen trato y agradable, de cabello castaño claro y liso que solía llevar en una melenita de chica ordenada, ojos castaños, rasgos armoniosos, expresión animosa y en general alegre y franca, un metro sesenta y siete, silueta flexible y razonablemente buena estudiante, que comparía piso con otras tres estudiantes porque su familia vivía en un pueblo a ochenta kilómetros. Sus períodos históricos favoritos eran la Ilustración, la Revolución Francesa y el Egipto antíguo. Al verla fumar con tanta soltura a Valentina le pareció que su apariencia cambiaba, Valentina conservaba cierto aire de frescura puber realzado por su caracter abierto, pero Almudena no podía evitar encontrarle a Valentina una imagen de mujer más definida y adulta cuando fumaba.&#xA;&#xA;    También formaban parte de la nueva pandilla Casia y Matilde. Casia es una chica de otra ciudad dotada de una imaginación romántica y unos gustos algo frikis que se traducían en su preferencia por la Edad Media, el neolítico y la India antigua como períodos históricos, rubia de cabello ondulado en el que solía aparecer alguna cuenta o adorno similar, un metro sesenta, bien dotada de curvas y con un sentido del humor travieso. &#xA;&#xA;    Matilde es una chica de pelo negro y piel clara, mirada unas veces distraida y otras inquisitiva, mirando al interlocutor hasta el alma. Es una estudiante de primera clase y muy disciplinada, no duda de que el estudio es el centro de su vida y está totalmente enfocada a la eficacia académica. Junto con sus estudios de historia estudia inglés y francés para dar a su futura carrera un enfoque completamente profesional. Hace aeróbic dos o tres veces por semana para descargar energía física y centrarse mejor en el estudio, a pesar de que no parece una persona ansiosa, todo lo contrario, da la sensación de tener pleno control de su estado de ánimo e incluso de cierta frialdad que quizá solo sea un carácter distraido que le genera cierta distancia con los demás, unido a estar enfocada en la eficiencia académica. A pesar de no tener que trabajar como lo hace Almudena, Matilde tiene una vida social tan escasa como ella, sin embargo tiene novio, Raúl, un ex-compañero de colegio que ahora está estudiando una ingeniería con el que se junta sobre todo a estudiar, aunque, como acabaría confesando a Almudena y las demás, también para una práctica sexual frecuente. Matilde considera muy conveniente para liberar tensión sexual y poderse centrar mejor en el estudio, una opinión que nadie le atribuiría, mucha gente tiene la idea de que es una mojigata y en general da imágen de frialdad.&#xA;&#xA;    A pesar de haber comprado un puro el día de su cumpleaños, Almudena había seguido sin fumar, teniendo por cerrada sus experiencias con el tabaco. El cigarro había quedado en donde dejaba sus cosas en el trabajo. Un día de finales de febrero, al llegar al estanco se cambió de ropa, un bonito traje chaqueta de aire ejecutivo que recientemente había incorporado Galia como uniforme de dependientas, para dar un poco más de estilo al negocio. Mientras se vestía Almudena vió el Vegafina en el cajón de sus cosas y se acordó de un texto que había leido sobre el proceso de maduración de las hojas de tabaco que, aunque técnico, le había parecido que describía un proceso bonito, parte de la compleja transformación de unas plantas exóticas en un producto muy elaborado. “Y ahí está el resultado”, pensó con satisfacción.&#xA;&#xA;CONTINUARÁ...&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>De vuelta en casa Almudena pronto se incorporó a sus nuevos estudios y volvió a su trabajo a tiempo parcial en el estanco. Empezaba la carrera de Historia en la universidad. Como su familia no nadaba en la abundancia había dudado mucho en estudiar esa carrera porque no es de las que parecen facilitar más el encontrar trabajo, pero sentía una gran atracción por la materia de manera que finalmente se decidió, pero poniéndose ciertas condiciones. El primer año lo dedicaría al cien por cien a la carrera, pero el segundo trataría de compatibilizarlo con algunos módulos de un ciclo formativo con más bazas de darle trabajo a medio plazo.</p>

<p>    Los primeros meses Almudena estuvo muy centrada en los estudios, tomando el pulso a la carrera y acostumbrándose al nuevo nivel de exigencia. Añadiendo a eso el trabajo en el estanco el tiempo libre que le quedaba era escasísimo.</p>

<p>    Seguía procesando las experiencias del viaje. Se acordaba de Isidro pero, dando por imposible su relación veraniega se habían comunicado poco. Almudena se acordaba del sexo, que superada la torpeza de principiantes al final había sido muy satisfactorio. Tras aquellas experiencias lo echaba bastante de menos, pero solucionaba la cuestión solita.</p>

<p>    Habiendo hecho ya la Ruta Viracocha el fumar era agua pasada. Su investigación sobre el mundo del tabaco estaba terminada y las fumadas del viaje parecían una travesura de las que se hacen estando lejos de casa.</p>

<p>    Se puso en contacto con ella el grupo local de Asociación de Veteranos de la Ruta Viracocha y no tuvo que hacerles hueco en su agenda para participar en una de sus reuniones y la convencieron para ir de excursión con ellos un domingo. Los Veteranos de la Viracocha de la provincia no eran tantos como para organizar muchas actividades por si solos, por lo que participaban en actividades de otros grupos. Esta excursión en la que participó Almudena la organizaba el Círculo Excursionista, una alianza informal entre los viracochistas, el smial local de la Sociedad Tolkien, un grupo cristiano juvenil y alguno más.</p>

<p>    En noviembre Almudena cumplió dieciocho años. Al felicitarle Galia la estanquera comentó que ya podía vender tabaco abiertamente. Estando prohibida la venta de tabaco por menores de edad, hasta ese momento Almudena oficialmente solo estaba contratada para vender otros artículos como revistas y objetos de regalo que vendían en el estanco, y cuando Almudena iba a buscar tabaco que le pedía un cliente, se lo pasaba a Galia o Vicente para que lo cobrara en caja, un sistema que, como nunca llegaron a tener una inspección, no supieron si era realmente legal. Vicente celebró que ya tenía edad para comprar tabaco legalmente.</p>

<p>    -Se acabó el fumar de tapadillo- añadió Vicente festivamente.</p>

<p>    -¡Bah!– protestó Almudena sonriendo ante lo que parecía una broma de Vicente, que hablaba como si Almudena fumara a menudo.</p>

<p>    Sin embargo Almudena pensó que antes del viaje le habían invitado a tabaco durante bastantes meses y que siendo mayor de edad era correcto poner un fin simbólico a esa fase de gorrona.</p>

<p>    -Pues ya que puedo comprar tabaco... Galia ¿Me vendes un Coronitas de Vega Fina?</p>

<p>    Estudiando en la biblioteca de la facultad se encontró con una alusión al comercio de tabaco en el siglo XVIII. Reencontrarse con el tema de su trabajo para la Ruta Viracocha le despertó la curiosidad por el tema y fue a buscar algún libro citado como bibliografía. Cuando se dio cuenta llevaba más de una hora curioseando sobre la historia del comercio de tabaco en diversos libros y se dio cuenta de que se había disipado demasiado. “Disciplina, hay que volver al temario”, se dijo cerrando los libros intrusos y devolviéndolos. Volvió a lo que tenía que estudiar pero se le volvió a activar el interés por la historia del tabaco, su comercio y su cultivo.</p>

<p>    Recuperado el interés por la cultura del tabaco escribió a Simón, el técnico agrícola que en la plantación de tabaco en Paraguay le había dado su correo electrónico. Este le fue proporcionando información y le puso en contacto con colegas de plantaciones canarias.</p>

<p>    En la facultad Almudena fue formando un círculo de amistades. Las primeras semanas se había juntado con alguna chica de clase con la que se había topado y que le parecían simpáticas, formando un grupillo, pero el pasar de los meses la fue poniendo en relación con compañeras con las que tenía más afinidad, casi todas de fuera de la ciudad. Había muy pocos compañeros que fumaran, como dos de cada diez, pero entre las amigas que fue haciendo había una fumadora, Valentina.</p>

<p>    A principio de curso Valentina se había empezado a juntar con un par de chicas y un chico fumadores de la clase por encontrárselos fuera del edificio cuando salían a fumar, a Valentina le gustaba la compañía de otros fumadores por lo que era lo más natural cultivar esa relación. Sin embargo con el paso de las semanas el trío empezó a resultarle menos simpático, le fueron pareciendo personas poco naturales, el tipo de gente que vive muy centrada en la apariencia, en la movida del fin de semana y en quien es quien, con pocos temas de conversación y aun menos temas de conversación que le interesaran a Valentina, así que empezó a frecuentar menos aquel grupito algo absorvente y empezó a tratar con todos los compañeros de manera indiscriminada, abierta y algo exploratoria. En esta fase de sociabilidad abierta conectó bien con Almudena y congeniaron.</p>

<p>    Coincidió que Almudena tardó en saber que Valentina fumaba. Ya eran buenas camaradas cuando saliendo de la facultad Almudena se sorprendió cuando Valentina le ofreció un cigarrillo.</p>

<p>    -No fumo, gracias.</p>

<p>    Una expresión de cierta extrañeza cruzó el rostro de Valentina antes de encenderse un cigarrillo con aire desenvuelto.</p>

<p>      -¿En serio?– insistió Valentina.</p>

<p>      -¿El que?</p>

<p>      -Que no fumas.</p>

<p>      -Si. Fumé alguna vez pero ya no.</p>

<p>    -Lourdes dice que eres estanquera- dijo Valentina mientras caminaban hacia la parada del autobús, ocultando que en el grupillo de Lourdes habían apodado a Almudena como La Estanquera. Almudena había vendido tabaco a Lourdes un par de veces.</p>

<p>     -Solo soy dependienta, ya me gustaría ser la estanquera.</p>

<p>    A Valentina le había sorprendido que vendiendo tabaco Almudena no fumara. El que Almudena no hubiera descubierto antes el vicio de Valentina había sido la pura casualidad de no haber pasado por la puerta de la facultad en ninguna de las ocasiones en que Valentina iba allí a fumar, pues Valentina era una auténtica fumadora que fumaba pública y habitualmente, con una sólida adicción a la nicotina. Además Valentina era una fumadora satisfecha, sabía que estaba enganchada pero no le importaba, le gustaba ser fumadora y fumaba desinhibidamente, sin importarle nada estar en franca minoría. Pensaba que realmente no era tan nocivo y se notaba que, como era normal en otros tiempos, pensaba que el tabaco favorecía la sociabilidad. Le parecía estupendo y completamente adecuado acompañar la charla y el trato amistoso con tabaco, incluso cuando trataba con gente que no fumaba. Por lo demás Valentina era una chica de buen trato y agradable, de cabello castaño claro y liso que solía llevar en una melenita de chica ordenada, ojos castaños, rasgos armoniosos, expresión animosa y en general alegre y franca, un metro sesenta y siete, silueta flexible y razonablemente buena estudiante, que comparía piso con otras tres estudiantes porque su familia vivía en un pueblo a ochenta kilómetros. Sus períodos históricos favoritos eran la Ilustración, la Revolución Francesa y el Egipto antíguo. Al verla fumar con tanta soltura a Valentina le pareció que su apariencia cambiaba, Valentina conservaba cierto aire de frescura puber realzado por su caracter abierto, pero Almudena no podía evitar encontrarle a Valentina una imagen de mujer más definida y adulta cuando fumaba.</p>

<p>    También formaban parte de la nueva pandilla Casia y Matilde. Casia es una chica de otra ciudad dotada de una imaginación romántica y unos gustos algo frikis que se traducían en su preferencia por la Edad Media, el neolítico y la India antigua como períodos históricos, rubia de cabello ondulado en el que solía aparecer alguna cuenta o adorno similar, un metro sesenta, bien dotada de curvas y con un sentido del humor travieso.</p>

<p>    Matilde es una chica de pelo negro y piel clara, mirada unas veces distraida y otras inquisitiva, mirando al interlocutor hasta el alma. Es una estudiante de primera clase y muy disciplinada, no duda de que el estudio es el centro de su vida y está totalmente enfocada a la eficacia académica. Junto con sus estudios de historia estudia inglés y francés para dar a su futura carrera un enfoque completamente profesional. Hace aeróbic dos o tres veces por semana para descargar energía física y centrarse mejor en el estudio, a pesar de que no parece una persona ansiosa, todo lo contrario, da la sensación de tener pleno control de su estado de ánimo e incluso de cierta frialdad que quizá solo sea un carácter distraido que le genera cierta distancia con los demás, unido a estar enfocada en la eficiencia académica. A pesar de no tener que trabajar como lo hace Almudena, Matilde tiene una vida social tan escasa como ella, sin embargo tiene novio, Raúl, un ex-compañero de colegio que ahora está estudiando una ingeniería con el que se junta sobre todo a estudiar, aunque, como acabaría confesando a Almudena y las demás, también para una práctica sexual frecuente. Matilde considera muy conveniente para liberar tensión sexual y poderse centrar mejor en el estudio, una opinión que nadie le atribuiría, mucha gente tiene la idea de que es una mojigata y en general da imágen de frialdad.</p>

<p>    A pesar de haber comprado un puro el día de su cumpleaños, Almudena había seguido sin fumar, teniendo por cerrada sus experiencias con el tabaco. El cigarro había quedado en donde dejaba sus cosas en el trabajo. Un día de finales de febrero, al llegar al estanco se cambió de ropa, un bonito traje chaqueta de aire ejecutivo que recientemente había incorporado Galia como uniforme de dependientas, para dar un poco más de estilo al negocio. Mientras se vestía Almudena vió el Vegafina en el cajón de sus cosas y se acordó de un texto que había leido sobre el proceso de maduración de las hojas de tabaco que, aunque técnico, le había parecido que describía un proceso bonito, parte de la compleja transformación de unas plantas exóticas en un producto muy elaborado. “Y ahí está el resultado”, pensó con satisfacción.</p>

<p>CONTINUARÁ...</p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
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      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-7-almudena-empieza-en-la-universidad</guid>
      <pubDate>Tue, 10 Jan 2023 16:25:54 +0100</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Parte 6: El final del viaje:</title>
      <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-6-el-final-del-viaje</link>
      <description>&lt;![CDATA[La ruta continuó. En otro vivaqueo Almudena dormía cuando un contacto la despertó.&#xA;&#xA;    -Soy yo, Almu- le susurró Isidro tranquilizándola, tras echarse a su lado con su saco de dormir.&#xA;&#xA;&#x9;Adormilada Almudena le sonrió. Se miraron, besaron y acariciaron lo que buenamente permitían sus sacos de dormir, hasta que Isidro le propuso con una sonrisa dar un paseo. Se alejaron de los durmientes con extremo sigilo y encontraron un lugar tranquilo donde echarse y hacerse arrumacos con feliz dedicación. Hicieron el amor más relajados que la otra vez, Isidro dedicó más tiempo a los preliminares y ambos tuvieron potentes orgasmos. Quedaron juntos, boca arriba, respirando profundamente y cadenciosamente el aire de la sabana. Almudena estaba impresionada por la intensa explosión de placer que había experimentado en amoroso abrazo con Isidro. Abrió los ojos y encontró los de él, se miraron con amoroso asombro.&#xA;&#xA;&#x9;Tras acabar su expedición fluvial en Asunción, conocer otros interesantes lugares y realizar muchas interesantes actividades, la Ruta Viracocha terminó en Buenos Aires. Al día siguiente todos los expedicionarios cogerían aviones a sus respectivos lugares de origen y celebraron una fiesta de despedida en el albergue de juventud donde se hospedaban, a la que se unió todo el equipo tñecnico de la expedición e incluso algún antiguo expedicionario argentino, uruguayo e incluso chileno y argentino.&#xA;&#xA;&#x9;Todos tenían emociones encontradas, alegres por haber culminado la expedición y tristes por separarse de los amigos que habían hecho, especialmente los que habían tenido romances. En los últimos días Almudena e Isidro se habían tratado con cautela, era evidente que se gustaban y atraían pero, dado que sabían que no podrian permanecer juntos, evitaron dar rienda suelta a sus sentimientos. Pero en la fiesta no fueron capaces de separarse, en ocasiones tomados de la mano y con el corazón encogido.&#xA;&#xA;       -Mira a Efron- dijo Magda.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena miró hacia donde indicaba Magda y vió a Efron fumando un cigarrillo y ofreciendo a una chica, que aceptó la invitación. Almudena se rio del desparpajo del compañero. Se acercaron Milca y Kemuel comentando divertidos la travesura de su amigo.&#xA;&#xA;&#x9;-El viaje ya se ha acabado así que ya no se puede castigar a nadie con trabajos adicionales o enviándolo a casa- comentó Kemuel- mira, los monitores  se hacen los locos.&#xA;&#xA;&#x9;A la vista de aquello, Milca sacó de su bolsito un paquete de Virginia Slim One y ofreció. Kemuel se cortó de fumar un cigarrillo tan femenino, “mariconadas las justas” argumentó. Almudena dudó, porque los cigarrillos no eran lo suyo, pero a la vista de la situación le apeteció fumar y era más fácil fumar uno de esos que ir a su habitación a por un puro, además le apetecía probar uno de esos pitillos largos y finos bajísimos en nicotina, así que aceptó la invitación, extrajo el largo cigarrillo y dejó que Milca le diera fuego.&#xA;&#xA;&#x9;Las dos chicas atrajeron un montón de miradas al fumar aquellos cigarrillos tan teatrales, transfiguradas a los ojos de buena parte de sus compañeros, por arte de magia tabaquera, en unas atrevidas #fumadoras felinas y frívolas, aunque a Almudena el sabor del cigarrillo le pareció algo ruin, conociendo el sabor de los puros. Más tarde Almudena se escapó de la fiesta a su cuarto y volvió con puros. Invitó a Lala a Kemuel y a Efrón. Al verlos fumar otros compañeros (e incluso un monitor) se animaron, de manera que Almudena pronto se quedó sin puros, pero no le importó. Incluso Isidro y Magda se animaron a dar alguna calada.&#xA;&#xA;&#x9;Al final de la fiesta la música se fue suavizando. Almudena e Isidro bailaron juntos y apretados, besándose y saboreando sus lágrimas saladas.&#xA;&#xA;&#x9;En el aeropuerto de Ezeiza los expedicionarios se separaron tomando aviones a sus respectivos destinos. Unos pocos compraron cartones de tabaco en las tiendas libres de impuestos del aeropuerto como souvenir para algún allegado. Hubo lagrimillas y promesas de mantenerse en contacto.&#xA;&#xA;Fiesta con VSlim&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>La ruta continuó. En otro vivaqueo Almudena dormía cuando un contacto la despertó.</p>

<p>    -Soy yo, Almu- le susurró Isidro tranquilizándola, tras echarse a su lado con su saco de dormir.</p>

<p>    Adormilada Almudena le sonrió. Se miraron, besaron y acariciaron lo que buenamente permitían sus sacos de dormir, hasta que Isidro le propuso con una sonrisa dar un paseo. Se alejaron de los durmientes con extremo sigilo y encontraron un lugar tranquilo donde echarse y hacerse arrumacos con feliz dedicación. Hicieron el amor más relajados que la otra vez, Isidro dedicó más tiempo a los preliminares y ambos tuvieron potentes orgasmos. Quedaron juntos, boca arriba, respirando profundamente y cadenciosamente el aire de la sabana. Almudena estaba impresionada por la intensa explosión de placer que había experimentado en amoroso abrazo con Isidro. Abrió los ojos y encontró los de él, se miraron con amoroso asombro.</p>

<p>    Tras acabar su expedición fluvial en Asunción, conocer otros interesantes lugares y realizar muchas interesantes actividades, la Ruta Viracocha terminó en Buenos Aires. Al día siguiente todos los expedicionarios cogerían aviones a sus respectivos lugares de origen y celebraron una fiesta de despedida en el albergue de juventud donde se hospedaban, a la que se unió todo el equipo tñecnico de la expedición e incluso algún antiguo expedicionario argentino, uruguayo e incluso chileno y argentino.</p>

<p>    Todos tenían emociones encontradas, alegres por haber culminado la expedición y tristes por separarse de los amigos que habían hecho, especialmente los que habían tenido romances. En los últimos días Almudena e Isidro se habían tratado con cautela, era evidente que se gustaban y atraían pero, dado que sabían que no podrian permanecer juntos, evitaron dar rienda suelta a sus sentimientos. Pero en la fiesta no fueron capaces de separarse, en ocasiones tomados de la mano y con el corazón encogido.</p>

<p>       -Mira a Efron- dijo Magda.</p>

<p>    Almudena miró hacia donde indicaba Magda y vió a Efron fumando un cigarrillo y ofreciendo a una chica, que aceptó la invitación. Almudena se rio del desparpajo del compañero. Se acercaron Milca y Kemuel comentando divertidos la travesura de su amigo.</p>

<p>    -El viaje ya se ha acabado así que ya no se puede castigar a nadie con trabajos adicionales o enviándolo a casa- comentó Kemuel- mira, los monitores  se hacen los locos.</p>

<p>    A la vista de aquello, Milca sacó de su bolsito un paquete de Virginia Slim One y ofreció. Kemuel se cortó de fumar un cigarrillo tan femenino, “mariconadas las justas” argumentó. Almudena dudó, porque los cigarrillos no eran lo suyo, pero a la vista de la situación le apeteció fumar y era más fácil fumar uno de esos que ir a su habitación a por un puro, además le apetecía probar uno de esos pitillos largos y finos bajísimos en nicotina, así que aceptó la invitación, extrajo el largo cigarrillo y dejó que Milca le diera fuego.</p>

<p>    Las dos chicas atrajeron un montón de miradas al fumar aquellos cigarrillos tan teatrales, transfiguradas a los ojos de buena parte de sus compañeros, por arte de magia tabaquera, en unas atrevidas <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a> felinas y frívolas, aunque a Almudena el sabor del cigarrillo le pareció algo ruin, conociendo el sabor de los puros. Más tarde Almudena se escapó de la fiesta a su cuarto y volvió con puros. Invitó a Lala a Kemuel y a Efrón. Al verlos fumar otros compañeros (e incluso un monitor) se animaron, de manera que Almudena pronto se quedó sin puros, pero no le importó. Incluso Isidro y Magda se animaron a dar alguna calada.</p>

<p>    Al final de la fiesta la música se fue suavizando. Almudena e Isidro bailaron juntos y apretados, besándose y saboreando sus lágrimas saladas.</p>

<p>    En el aeropuerto de Ezeiza los expedicionarios se separaron tomando aviones a sus respectivos destinos. Unos pocos compraron cartones de tabaco en las tiendas libres de impuestos del aeropuerto como souvenir para algún allegado. Hubo lagrimillas y promesas de mantenerse en contacto.</p>

<p><img src="https://s2.qwant.com/thumbr/0x380/d/a/3a76af1d100fe23669fff5fce9817ff080a42103e7cd1149b62894269f0f2b/5d8b0ef1bc66293a779059e8094f11d4.jpg?u=https%3A%2F%2Fi.pinimg.com%2Foriginals%2F5d%2F8b%2F0e%2F5d8b0ef1bc66293a779059e8094f11d4.jpg&amp;q=0&amp;b=1&amp;p=0&amp;a=0" alt="Fiesta con VSlim"></p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
]]></content:encoded>
      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-6-el-final-del-viaje</guid>
      <pubDate>Thu, 22 Dec 2022 13:00:54 +0100</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Parte 5: Viajando a América con la Ruta Viracocha.</title>
      <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-5-viajando-a-america-con-la-ruta-viracocha</link>
      <description>&lt;![CDATA[Pocos días después de acabar el curso, Almudena hizo sus maletas y viajó a Huelva a incorporarse a la expedición de la Ruta Viracocha. Tras unos primeros días de viaje por Huelva y Cádiz durante los que los expedicionarios se conocieron entre si y visitaron algunos lugares relacionados con el tráfico naval entre España y América, chicos y monitores tomaron un avión en Madrid y volaron hasta Uruguay, iniciando la fase americana de su periplo. En la capital ya visitaron un museo y algunos sitios históricos de Asunción y sus alrededores. &#xA;&#xA;&#x9;Una de las visitas cerca de la capital les llevó a una fábrica de tabacos en el valle del río Santa Lucía, donde el director del establecimiento y una guía de visitantes les pasearon por la plantación, les explicaron los orígenes del cultivo y les mostraron el proceso de fabricación. Como el trabajo que había hecho Almudena para entrar en la Ruta Viracocha había tratado sobre la historia del tabaco, reservaron unos minutos para que Almudena, como &#34;experta&#34; de la expedición en el tema, diera una pequeña charla a sus compañeros. Al final del recorrido, que en realidad era el habitual de las visitas guiadas de turistas a la fábrica, llegaron a la sala de degustación y venta. La guía de la visita vaciló, normalmente en esta parte final del recorrido ofrecían algún puro a los visitantes y les daban la posibilidad de comprar algunos productos, ya situada la guía junto a la mesa de puros para degustación pero viendo que esta vez los visitantes eran adolescentes, no supo que hacer.&#xA;&#xA;   -Y finalizando la visita llegamos a la sala de degustación, eh, aquí solemos invitar a los visitantes a probar alguno de nuestros cigarros...- se interrumpió dirigiendo una mirada interrogativa al director de la planta que la acompañaba, pero este tampoco tuvo claro que hacer.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena, que desde su charla sobre historia del tabaco andaba cerca de la guía, el director de la planta y el monitor del grupo, estaba mirando con curiosidad los puros expuestos sobre la mesa.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Todos están hechos a mano?&#xA;&#xA;&#x9;El director contestó la pregunta de Almudena contento de que se rompiera el breve pero incómodo silencio. Otro chico preguntó en que se diferenciaban unos de otros los puros que les mostraban y la guía continuó su explicación con satisfecha profesionalidad. Acabada la explicación, pensó que lo correcto era continuar con el programa habitual de las visitas ofreciendo un puro al único adulto hecho y derecho que había entre los visitantes, el monitor. Este rechazó cortesmente la invitación de la guía, levemente contrariada en su celo profesional, pero antes de que le diera tiempo a dar por hecha la fase de la degustación e invitar a los visitantes a echar un vistazo a los souvenirs, Almudena le pidió probar uno. Al fin y al cabo era la experta en tabaco del grupo, pensó, así que lo normal era que participara de todas las actividades de la visita.&#xA;&#xA;&#x9;Todos se sorprendieron un poco.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Eres mayor de edad?- le preguntó el director de la planta.&#xA;&#x9;-Si - mintió Almudena.&#xA;&#xA;&#x9;El director y la guía sonrieron. El tabaco era su trabajo así que no iban a ser ellos quienes cuestionaran que una chica de dieciocho años fumara uno de sus puros, en realidad les parecía estupendo. El monitor del grupo tenía sus dudas de que Almudena no tuviera diecisiete pero en la duda no dijo nada, por supuesto tampoco dijeron nada los compañeros de Almudena, divertidamente escandalizados de que una chica tranquila como Almudena se fuera a fumar un puro. Una vez roto el hielo algún compañero se unió a la desgustación para espanto del monitor, que pensó que la cosa se le estaba escapando un poco de las manos pero, no acordándose de memoria de quien era mayor de edad y quien no, optó por callar, esperando que aquello no trascendiera. Se formó un pequeño grupo de fumadores de puros inexpertos y circunstanciales.&#xA;&#xA;&#x9;A la salida de la visita a la fábrica el monitor se dirigió al grupo.&#xA;&#xA;&#x9;-Quiero recordaros que en la Ruta Viracocha está prohibido fumar, lo de antes no cambia nada, fue una excepción puntual por estar donde estábamos, pero que nadie se lleve la idea equivocada de que ahora está permitido fumar.&#xA;&#xA;&#x9;Luego, en un aparte, le dijo a Almudena que en la Ruta Quetzal se hubiera metido en un buen lío por lo del cigarro, pero que en la Viracocha no eran tan estrictos y que, teniendo en cuenta que el tabaco era el tema de la visita y que Almudena era una buena expedicionaria, podían pasar por alto el incidente.&#xA;&#xA;    La expedición de la Ruta Viracocha continuó por tierras uruguayas. Visitaron lugares históricos, remontaron un río siguiendo los pasos de una antigua expedición y montaron a caballo, atravesando así sobre cuatro patas la frontera con Brasil donde conocieron algunas ciudades fronterizas. Según avanzaba el viaje los lazos de compañerismo y las amistades se iban desarrollando, la gente se agrupaba por afinidades y se esbozaban parejas. Los emparejamientos no tendían a convertirse en noviazgos formales porque al tener un régimen de vida muy colectivo y con una agenda de actividades muy intensa no había ocasiones suficientemente íntimas para pasar de una &#34;amistad especial&#34; a algo más. Almudena también fue haciendo pandilla y desarrolló una de esas amistades especiales con Isidro, un chico ecuatoriano.&#xA;&#xA;&#x9;La ruta les llevó a la intersección de las fronteras entre Brasil, Paraguay y Argentina, visitaron el lugar más espectacular de la expedición, las cataratas de Iguazú y un espacio protegido en la selva. También hubo hueco para una visita al un centro comercial &#34;duty free&#34; en Puerto Iguazú, donde se podían hacer compras a precios baratos, libres de impuestos. Los expedicionarios se esparcieron por las tiendas en pequeños grupos, curioseando por todas partes. Al pasar por delante de una tienda de tabaco Almudena le llamó la atención ver dentro a unos pocos de sus compañeros, un par de chicos y tres chicas.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Y estos? A ver que hacen - les dijo a Isidro y a Magda, otra compañera que les acompañaba, que asintieron.&#xA;&#xA;&#x9;Entraron en la tienda y se reunieron con Milca, Lala, Agar, Kemuel y Efrón. Los chicos y Lala eran de los que habían fumado en el incidente de la fábrica de puros.&#xA;&#x9;&#xA;&#x9;&#x9;&#xA;    -Vamos a comprar tabaco- les explicó Milca, una rubia de rasgos delgados y afilados de aire ordenado y responsable, con algo de nerviosa. Lala la ratificó con una sonrisa traviesa, llevándose el índice a los labios en gesto cómplice de silencio.&#xA;&#x9;&#x9;&#xA;   -No sabía que fumarais- les dijo Magda.&#xA;&#x9;&#x9;&#xA;   -Yo no fumo, solo a veces, saliendo y eso – contestó Milca. &#xA;&#xA;&#x9;Sus compañeros compradores de tabaco, menos Agar, asintieron, compartiendo la respuesta. En realidad ninguno de los participantes de la Ruta Viracocha era fumador, al menos fumador habitual, porque la prohibición de fumar para los expedicionarios era conocida desde un comienzo y eso disuadía a los fumadores de apuntarse a la ruta, como mucho se apuntaba a la ruta algún fumador ocasional.&#xA;&#xA;&#x9;-Solo nos apetece fumar un poco sin que se enteren los monitores.- les explicó Lala, una morocha deportista de melena ondulada, con un cuerpo elástico de un metro sententa y tantos y rasgos suaves que le daban un aire como de niña grandona- Hace un huevo que ni lo pruebo.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Os apuntáis? Compraremos entre todos y luego repartiremos, no venden paquetes sueltos, solo cartones- les explicó Efrón.&#xA;&#xA;&#x9;Magda e Isidro rechazaron la oferta automáticamente.&#xA;&#xA;&#x9;&#x9;-Los cigarrillos no me van mucho- contestó Almudena.&#xA;&#x9;&#x9;&#xA;&#x9;&#x9;-Eres más de puros- bromeó Kemuel recordando el incidente de la fábrica de tabacos.&#xA;&#x9;&#x9;&#xA;&#x9;&#x9;-Si - admitió Almudena para sorpresa de Kemuel. Echó un vistazo a la zona de los puros- ¿Vais a comprar algún puro?&#xA;&#x9;&#x9;&#xA;&#x9;&#x9;-Creo que no- contestó Agar sorprendida, mirando a sus acompañantes como para confirmar su postura.&#xA;&#x9;&#x9;&#xA;&#x9;&#x9;-Pero creo que los puros si que los venden sueltos- dijo Efrón.&#xA;&#x9;&#xA;&#xA;&#x9;Almudena se decidió y se fue a los estantes de puros y al humidor. Finalmente los cinco fumadores ocasionales compraron un cartón de Camel Blue, otro de Velmont Light y otro de Virginia Slim One. Almudena compró cuatro puros hechos a mano y un mazo de puros más pequeños hechos a máquina, más baratos. Compraron más de lo que pensaban fumar porque tenían intención de compartir.&#xA;&#xA;&#x9;Se fueron a una zona ajardinada cercana al centro comercial, convenientemente oculta por la vegetación de la vista desde las inmediaciones del centro comercial. Por el camino dos compañeros más, Tomás y Casimiro, se habían incorporado a la reunión clandestina. Tras tomar un banco abrieron sus tesoros y ofrecieron a los que no habían comprado. Tomás y Efrón le aceptaron a Almudena sendos cigarros, Lala, Kemuel, Milca y Casimiro prefirieron cigarrillos. Magda, Isidro y Agar se abstuvieron.&#xA;&#xA;&#x9;-¿En serio no queréis uno?- Insistió Lala ofreciendo su paquete de Camel, mientras los demás eventuales fumadores encendían sus tabacos - Nadie se va a enterar.&#xA;&#xA;&#x9;Los tres rechazaron el ofrecimiento y Lala se encendió un cigarrillo uniéndose a los demás, que ya echaban humo alegremente. Pronto se encontraron envueltos en el olor del humo del tabaco, con bastante protagonismo del intenso aroma de los puros, y el rincón quedó adornado de los penachos de humo que se elevaban desde los cigarrillos, los chorros de humo que exhalaban y difusos hilos de humo a modo de neblina que cruzaban el ambiente. &#xA;&#xA;&#x9;Otro día me gustaría fumar uno de esos- le dijo Lala a Almudena señalando su puro.&#xA;&#xA;&#x9;Claro, ya encontraremos el momento.&#xA;&#xA;&#x9;Sentados en el banco y a su alrededor disfrutaron de aquella interrupción del intenso ritmo del programa de actividades de la Ruta Viracocha, fumando y charlando despreocupados y animados.&#xA;&#xA;   Después pasaron a Paraguay, donde el programa de visitas y actividades les condujo a una comunidad indígena, a una misión jesuita y a una plantación de fruta y tabaco. En la visita a la misión jesuita los monitores pillaron a un par de expedicionarias que habían aprovechado que los ruteros se habían dispersado por las ruinas para fumar en un lugar discreto. Las castigaron con una buena carga de trabajos de campamento.&#xA;&#xA;    -Me libré por poco- explicó Efrón a Almudena y Magda- fui yo quien les había pasado el tabaco y si me hubieran dicho hubiera ido a fumar con ellas.&#xA;&#xA;    En la plantación les enseñaron los procesos de cultivo de fruta, bastante industrializados. Antes había sido una gran plantación de tabaco pero ahora habían dedicado buena parte de la superficie a la fruta. A Almudena le encantó la parte de los cultivos de tabaco. En la preparación de su trabajo para la Ruta Viracocha había tocado levemente el tema del cultivo y ahora estaba fascinada viendo como era realmente una plantación de tabaco, las plantas y su proceso de cultivo. Viendo su interés la persona de la plantación que le servía de guía la dejó en manos de Simón, un técnico agrícola que le enseñó con más detenimiento la plantación de tabaco junto con tres expedicionarios más y una de las monitoras, mientras el resto de los expedicionarios seguían por la plantación de frutas.&#xA;&#xA;    -En ese galpón antes hacían los puros a mano.&#xA;&#xA;    Entraron en el amplio taller donde ahora se acumulaban todo tipo de trastos, herramientas y máquinas en desuso, pero en la que aun se encontraban las mesas de madera donde se armaban los puros.&#xA;&#xA;      -Me hubiera gustado ver como se hacían- comentó Almudena.&#xA;&#xA;    -Aquí ya no hacemos, pero déjame tu e-mail y quizá pueda darte más información- le contestó el técnico.&#xA;&#xA;    Los expedicionarios viajaron en autobús hasta Fuerte Olimpo y allí subieron a unos lanchones para descender por el río Paraguay, entre las fronteras de Brasil y Paraguay, atravesando el Pantanal. Por las tardes desembarcaban para acampar en una de las orillas, a veces cerca de alguna aldea o posada y a veces en plena naturaleza. En la tarde se repartían en grupos rotativos: tareas de campamento, deporte y paseos naturalistas. Cenaban en el crepúsculo y se relajaban. La oscuridad impedía hacer tareas por lo que no había más ocupaciones que alguna misa que celebró el capellán de la expedición, las interpretaciones musicales de los rutistas músicos y la conversación. Esos momentos de conversación nocturna en las acampadas en el pantanal fueron las mejores ocasiones en todo el viaje para el romanticismo y el flirteo, durante el resto del viaje el denso programa de actividades no dejaba mucho tiempo esas cosas. Se formaban parejas que charlaban sonrientes donde la luz de los faroles de gas empezaba a dar paso a las sombras. Por la noche ocasionalmente se oía que alguno de los expedicionarios se levantaba del lugar donde vivaqueaba para alejarse del campamento, quizá para “ir al baño” o quizá no.&#xA;&#xA;    Almudena- oyó esta que le susurraban cuando ya estaba envuelta en su saco de dormir y había cerrado los ojos, casi dormida.&#xA;&#xA;    -Hola Isidro- susurró sonriendo tras un instante de confusión. Se alegró de ver al chico, con el que aquella sobremesa había estado charlando a solas en una atmósfera de deliciosa complicidad y ternura.&#xA;&#xA;    -¿Vienes a ver las estrellas?&#xA;&#xA;    “¿Las estrellas? ¿A que viene lo de las estrellas?” pensó Almudena, con la parte racional y cartesiana de su cerebro.&#xA;&#xA;    -Vale- contestó sin embargo antes de que le diera tiempo a pensarlo, sin importarle la falta de motivos racionales para interrumpir el descanso por una observación astronómica.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena se levantó en silencio, recogió su mochila pequeña, tomó de la mano a Isidro y se alejaron a hurtadillas de la zona de vivaqueo internándose en la llanura. A unos cientos de metros se sentaron sobre un poncho de lona y contemplaron la bóveda celeste, sobrecogedoramente abarrotada de estrellas, rodeados del profundo zumbar del canto nocturno de los insectos de la llanura, que parecía el acompañamiento musical idóneo para el espectáculo estelar. Tras un minuto con la boca abierta se miraron y se sonrieron. Isidro arriesgó un beso y Almudena lo recibió contenta. Lo rodeo con sus brazos y le besó. Siguió una riada de besos y caricias, cada vez más imparable, el deseo creciendo más y más hasta que se desnudaron e hicieron el amor entre la hierba torpe y tiernamente. &#xA;&#xA;&#x9;Quedaron abrazados, estremecidos de emoción. Como suele pasar las primeras veces el sexo había ido regular, Almudena no llegó a tener un orgasmo y el de Isidro fue bastante precario, pero el encuentro sexual había sido tierno y conmovedor. Almudena se puso una compresa para evitar mancharse de sangre, aquella había sido su primera vez. También la de Isidro. Se abrazaron y quedaron dormidos.&#xA;&#xA;&#x9;Isidro, previsor, había traído preservativos por si acaso, aunque si hubiera tenido que apostar si el encuentro nocturno iba a acabar en sexo con coito hubiera apostado a que no. En el equipo de higiene personal que se entregaba a todos los rutistas se incluían preservativos. Esta inclusión parecía un poco absurda, casi irónica, porque el denso programa de actividades en grupo de la expedición y el dormir en grupo parecía imposibilitar las relaciones sexuales, pero los organizadores del grupo, juiciosamente, por más que sabían que su sistema de organización de las actividades y el sueño eran una buena barrera contra el sexo, la cabra tira al monte y tal concentración de hormonas adolescentes hacían muy probable que algunos expedicionarios desarrollaran vínculos románticos y que incidentalmente se las ingeniaran para tener sexo a pesar de todo.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena se despertó con la primera luminosidad del alba.&#xA;&#xA;&#x9;-Isidro, Isidro – le susurró.&#xA;&#xA;&#x9;-Que...- despertó él confuso.&#xA;&#xA;&#x9;-Se va a hacer de día, vamos con el grupo antes de que despierte alguien- explicó Almudena cogiendo sus cosas- Espera  un momento antes de volver para que no nos vean volver juntos.&#xA;&#xA;&#x9;Isidro asintió mientras Almudena, tras besarle en la mejilla. se levantaba para irse.&#xA;&#xA;&#x9;La expedición llegó al pequeño pueblo ribereño de San Lázaro a tiempo para comer. Por la tarde se dividieron en grupos de actividades. A Almudena le tocó grupo de deportes, carrera en grupo por la llanura. A Isidro le tocó tareas, limpieza y ordenado de las barcas. A Magda también le tocó deportes pero en su caso bicicleta, una suerte porque había pocas bicicletas en la expedición y era mucho más fácil que a uno le tocara carrera campo a través. Almudena se encontró con que Lala también estaba en su grupo. Corrieron juntas y charlaron entrecortadamante con el poco aliento que les quedaba. Almudena notó que Lala corría con más facilidad que ella, lo que acreditaba que el fumar ocasionalmente no le había hecho mella, por lo menos de momento, en sus capacidades deportivas y que quizá Almudena era demasiado sedentaria.&#xA;&#xA;    -Almu ¿Te acuerdas que en Puerto Iguazú quedaste en invitarme a un puro?&#xA;&#xA;    -Si.&#xA;&#xA;    Me gustaría probarlo.&#xA;&#xA;    A ver si esta noche... puedo invitarte.&#xA;&#xA;&#x9;Regresaron al pueblo cansadas, cubiertas de sudor polvoriento y felices. Tras las duchas todos cenaron voraces y pronto empezaron las interpreteaciones musicales de los expedicionarios músicos en la plaza principal de San Lázaro, que atrajeron a un buen número de curiosos del pueblo, en especial jóvenes. Muchos expedicionarios se quedaron en la plaza a escuchar los conciertos mientras descansaban sus fatigados músculos, unos con más atención y otros, en el perímetro externo, charlando con sus compañeros. En cambio otra buena parte de los expedicionarios se dispersó por el pueblo, poco iluminado.&#xA;&#xA;&#x9;Lala estaba en la plaza escuchando a una compañera que cantaba acompañada a la guitarra por otro rutista. Se le acercó Almudena.&#xA;&#xA;&#x9;-Te debo un cigarro y es un buen momento. Mira, todos los monitores están en la plaza y no están al tanto de la gente que anda por el pueblo. &#xA;&#xA;&#x9;Lala echó un vistazo alrededor y vió que efectivamente los monitores parecían muy acomodados en la plaza. La ocasión era propicia para una agradable travesura.&#xA;&#xA;    -Aprovechemos, en la noche todos los gatos son pardos.- le dijo a Almudena levantándose.&#xA;&#xA;    -¿A donde vas? - le preguntó Marcela, una de las chicas con la que estaba Lala.&#xA;&#xA;&#x9;Lala se acuclilló.&#xA;&#xA;    A dar una vuelta- le dijo a Marcela y a Dorotea, y añadió en un susurro- y a fumar ¿Venís?&#xA;&#xA;    -Paso – dijo Marcela con la anuencia de Dorotea.&#xA;&#xA;&#x9;Se alejaron por la plaza. Almudena buscaba con la mirada.&#xA;&#xA;       -¿A quien buscas? - le preguntó Lala.&#xA;&#xA;    -Podría ser bueno llevar a algún chico que nos acompañara e Isidro quedó hablando con unos chicos.&#xA;&#xA;&#x9;Lala estuvo de acuerdo, en el pueblo había tipos con aspecto de machito a la antigua.&#xA;&#xA;&#x9;Se encontraron a Milca, que estaba de conversación con un chico grande y pacífico que iba a estudiar una ingeniería.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Vienes a fumar?- le cuchicheó Lala a Milca.&#xA;&#xA;&#x9;Milca lo pensó un instante antes de asentir.&#xA;&#xA;    -Traete a tu amigo.&#xA;&#xA;    -No fuma.&#xA;&#xA;    -Pero nos vendrá bien para contra los moscones.&#xA;&#xA;&#x9;Milca le dijo al chico, Cardenio, si se iba con ellas a dar un paseo y este dijo que si. Los cuatro se separaron del bullicio y caminaron junto al río hasta un embarcadero que descendía a las aguas. Sentados junto al río Almudena sacó unos puros de su morral, dos hechos a mano y otros de máquina, de menor tamaño, ofreció a las chicas y tras un instante de duda también a Cardenio, sobre todo por cortesía. El chico rechazó el ofrecimiento sorprendido y Lala vaciló, no sabiendo si podía coger uno de los hechos a mano, más caros.&#xA;&#xA;   -¿No tenéis cigarrillos?- preguntó Milca desolada.&#xA;&#xA;    -Huy, no – lamentó Almudena.&#xA;&#xA;&#x9;Milca hizo un mohín de contrariedad.&#xA;&#xA;    Espera, creo que tengo- djo Lala rebuscando en su pequeña mochila.&#xA;&#xA;    ¿Tu fumas? - Le preguntó Cardenio a Milca.&#xA;&#xA;    Solo a veces.&#xA;&#xA;&#x9;Lala triunfante sacó una cajetilla de Cámel y un mechero. &#xA;&#xA;    -De todas maneras podrías probar un puro- sugirió Almudena.&#xA;&#xA;    -Me apetece un pitillo, luego ya veré.&#xA;&#xA;&#x9;Milca extrajo un cigarrillo de la cajetilla de Lala y lo encendió con eficacia. Expelió satisfecha un torrente de humo y compuso una impecablemente elegante pose de fumadora.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena y Lala encendieron sus cigarros soltando pequeñas bocanadas hasta tenerlo bien encendido.&#xA;&#xA;    -Recuerda no tragar el humo- le dijo Almudena a Lala, antes de tomar ya una buena bocanada.&#xA;&#xA;    -Ya- contestó Lala, que saboreaba el humo con cautela y curiosidad.&#xA;&#xA;&#x9;Las chicas fumaron y se relajaron, dejando atrás los nervios del carácter clandestino de la fumada, succionando y expeliendo humo satisfechas, conversando en el espacio delimitado por las fugaces nubes de tabaco. También Cardenio acabó sintiéndose cómodo en el cenáculo de fumadoras, a pesar de lo inesperado de la situación.&#xA;&#xA;&#x9;Un rato después de acabar su cigarrillo, Milca probó alguna calada de los cigarros de Lala y Almudena, con bastante excepticismo.&#xA;&#xA;    -No estuvo mal el puro – le dijo Lala a Almudena cuando ya volvían a la plaza- Es distinto pero alguna vez me gustará repetir la experiencia.&#xA;&#xA;Fumadora al aire libre&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>Pocos días después de acabar el curso, Almudena hizo sus maletas y viajó a Huelva a incorporarse a la expedición de la Ruta Viracocha. Tras unos primeros días de viaje por Huelva y Cádiz durante los que los expedicionarios se conocieron entre si y visitaron algunos lugares relacionados con el tráfico naval entre España y América, chicos y monitores tomaron un avión en Madrid y volaron hasta Uruguay, iniciando la fase americana de su periplo. En la capital ya visitaron un museo y algunos sitios históricos de Asunción y sus alrededores.</p>

<p>    Una de las visitas cerca de la capital les llevó a una fábrica de tabacos en el valle del río Santa Lucía, donde el director del establecimiento y una guía de visitantes les pasearon por la plantación, les explicaron los orígenes del cultivo y les mostraron el proceso de fabricación. Como el trabajo que había hecho Almudena para entrar en la Ruta Viracocha había tratado sobre la historia del tabaco, reservaron unos minutos para que Almudena, como “experta” de la expedición en el tema, diera una pequeña charla a sus compañeros. Al final del recorrido, que en realidad era el habitual de las visitas guiadas de turistas a la fábrica, llegaron a la sala de degustación y venta. La guía de la visita vaciló, normalmente en esta parte final del recorrido ofrecían algún puro a los visitantes y les daban la posibilidad de comprar algunos productos, ya situada la guía junto a la mesa de puros para degustación pero viendo que esta vez los visitantes eran adolescentes, no supo que hacer.</p>

<p>   -Y finalizando la visita llegamos a la sala de degustación, eh, aquí solemos invitar a los visitantes a probar alguno de nuestros cigarros...– se interrumpió dirigiendo una mirada interrogativa al director de la planta que la acompañaba, pero este tampoco tuvo claro que hacer.</p>

<p>    Almudena, que desde su charla sobre historia del tabaco andaba cerca de la guía, el director de la planta y el monitor del grupo, estaba mirando con curiosidad los puros expuestos sobre la mesa.</p>

<p>    -¿Todos están hechos a mano?</p>

<p>    El director contestó la pregunta de Almudena contento de que se rompiera el breve pero incómodo silencio. Otro chico preguntó en que se diferenciaban unos de otros los puros que les mostraban y la guía continuó su explicación con satisfecha profesionalidad. Acabada la explicación, pensó que lo correcto era continuar con el programa habitual de las visitas ofreciendo un puro al único adulto hecho y derecho que había entre los visitantes, el monitor. Este rechazó cortesmente la invitación de la guía, levemente contrariada en su celo profesional, pero antes de que le diera tiempo a dar por hecha la fase de la degustación e invitar a los visitantes a echar un vistazo a los souvenirs, Almudena le pidió probar uno. Al fin y al cabo era la experta en tabaco del grupo, pensó, así que lo normal era que participara de todas las actividades de la visita.</p>

<p>    Todos se sorprendieron un poco.</p>

<p>    -¿Eres mayor de edad?– le preguntó el director de la planta.
    -Si – mintió Almudena.</p>

<p>    El director y la guía sonrieron. El tabaco era su trabajo así que no iban a ser ellos quienes cuestionaran que una chica de dieciocho años fumara uno de sus puros, en realidad les parecía estupendo. El monitor del grupo tenía sus dudas de que Almudena no tuviera diecisiete pero en la duda no dijo nada, por supuesto tampoco dijeron nada los compañeros de Almudena, divertidamente escandalizados de que una chica tranquila como Almudena se fuera a fumar un puro. Una vez roto el hielo algún compañero se unió a la desgustación para espanto del monitor, que pensó que la cosa se le estaba escapando un poco de las manos pero, no acordándose de memoria de quien era mayor de edad y quien no, optó por callar, esperando que aquello no trascendiera. Se formó un pequeño grupo de fumadores de puros inexpertos y circunstanciales.</p>

<p>    A la salida de la visita a la fábrica el monitor se dirigió al grupo.</p>

<p>    -Quiero recordaros que en la Ruta Viracocha está prohibido fumar, lo de antes no cambia nada, fue una excepción puntual por estar donde estábamos, pero que nadie se lleve la idea equivocada de que ahora está permitido fumar.</p>

<p>    Luego, en un aparte, le dijo a Almudena que en la Ruta Quetzal se hubiera metido en un buen lío por lo del cigarro, pero que en la Viracocha no eran tan estrictos y que, teniendo en cuenta que el tabaco era el tema de la visita y que Almudena era una buena expedicionaria, podían pasar por alto el incidente.</p>

<p>    La expedición de la Ruta Viracocha continuó por tierras uruguayas. Visitaron lugares históricos, remontaron un río siguiendo los pasos de una antigua expedición y montaron a caballo, atravesando así sobre cuatro patas la frontera con Brasil donde conocieron algunas ciudades fronterizas. Según avanzaba el viaje los lazos de compañerismo y las amistades se iban desarrollando, la gente se agrupaba por afinidades y se esbozaban parejas. Los emparejamientos no tendían a convertirse en noviazgos formales porque al tener un régimen de vida muy colectivo y con una agenda de actividades muy intensa no había ocasiones suficientemente íntimas para pasar de una “amistad especial” a algo más. Almudena también fue haciendo pandilla y desarrolló una de esas amistades especiales con Isidro, un chico ecuatoriano.</p>

<p>    La ruta les llevó a la intersección de las fronteras entre Brasil, Paraguay y Argentina, visitaron el lugar más espectacular de la expedición, las cataratas de Iguazú y un espacio protegido en la selva. También hubo hueco para una visita al un centro comercial “duty free” en Puerto Iguazú, donde se podían hacer compras a precios baratos, libres de impuestos. Los expedicionarios se esparcieron por las tiendas en pequeños grupos, curioseando por todas partes. Al pasar por delante de una tienda de tabaco Almudena le llamó la atención ver dentro a unos pocos de sus compañeros, un par de chicos y tres chicas.</p>

<p>    -¿Y estos? A ver que hacen – les dijo a Isidro y a Magda, otra compañera que les acompañaba, que asintieron.</p>

<p>    Entraron en la tienda y se reunieron con Milca, Lala, Agar, Kemuel y Efrón. Los chicos y Lala eran de los que habían fumado en el incidente de la fábrica de puros.</p>

<p>    -Vamos a comprar tabaco- les explicó Milca, una rubia de rasgos delgados y afilados de aire ordenado y responsable, con algo de nerviosa. Lala la ratificó con una sonrisa traviesa, llevándose el índice a los labios en gesto cómplice de silencio.</p>

<p>   -No sabía que fumarais- les dijo Magda.</p>

<p>   -Yo no fumo, solo a veces, saliendo y eso – contestó Milca.</p>

<p>    Sus compañeros compradores de tabaco, menos Agar, asintieron, compartiendo la respuesta. En realidad ninguno de los participantes de la Ruta Viracocha era fumador, al menos fumador habitual, porque la prohibición de fumar para los expedicionarios era conocida desde un comienzo y eso disuadía a los fumadores de apuntarse a la ruta, como mucho se apuntaba a la ruta algún fumador ocasional.</p>

<p>    -Solo nos apetece fumar un poco sin que se enteren los monitores.– les explicó Lala, una morocha deportista de melena ondulada, con un cuerpo elástico de un metro sententa y tantos y rasgos suaves que le daban un aire como de niña grandona- Hace un huevo que ni lo pruebo.</p>

<p>    -¿Os apuntáis? Compraremos entre todos y luego repartiremos, no venden paquetes sueltos, solo cartones- les explicó Efrón.</p>

<p>    Magda e Isidro rechazaron la oferta automáticamente.</p>

<p>        -Los cigarrillos no me van mucho- contestó Almudena.</p>

<p>        -Eres más de puros- bromeó Kemuel recordando el incidente de la fábrica de tabacos.</p>

<p>        -Si – admitió Almudena para sorpresa de Kemuel. Echó un vistazo a la zona de los puros- ¿Vais a comprar algún puro?</p>

<p>        -Creo que no- contestó Agar sorprendida, mirando a sus acompañantes como para confirmar su postura.</p>

<p>        -Pero creo que los puros si que los venden sueltos- dijo Efrón.</p>

<p>    Almudena se decidió y se fue a los estantes de puros y al humidor. Finalmente los cinco fumadores ocasionales compraron un cartón de Camel Blue, otro de Velmont Light y otro de Virginia Slim One. Almudena compró cuatro puros hechos a mano y un mazo de puros más pequeños hechos a máquina, más baratos. Compraron más de lo que pensaban fumar porque tenían intención de compartir.</p>

<p>    Se fueron a una zona ajardinada cercana al centro comercial, convenientemente oculta por la vegetación de la vista desde las inmediaciones del centro comercial. Por el camino dos compañeros más, Tomás y Casimiro, se habían incorporado a la reunión clandestina. Tras tomar un banco abrieron sus tesoros y ofrecieron a los que no habían comprado. Tomás y Efrón le aceptaron a Almudena sendos cigarros, Lala, Kemuel, Milca y Casimiro prefirieron cigarrillos. Magda, Isidro y Agar se abstuvieron.</p>

<p>    -¿En serio no queréis uno?– Insistió Lala ofreciendo su paquete de Camel, mientras los demás eventuales fumadores encendían sus tabacos – Nadie se va a enterar.</p>

<p>    Los tres rechazaron el ofrecimiento y Lala se encendió un cigarrillo uniéndose a los demás, que ya echaban humo alegremente. Pronto se encontraron envueltos en el olor del humo del tabaco, con bastante protagonismo del intenso aroma de los puros, y el rincón quedó adornado de los penachos de humo que se elevaban desde los cigarrillos, los chorros de humo que exhalaban y difusos hilos de humo a modo de neblina que cruzaban el ambiente.</p>

<p>    – Otro día me gustaría fumar uno de esos- le dijo Lala a Almudena señalando su puro.</p>

<p>    – Claro, ya encontraremos el momento.</p>

<p>    Sentados en el banco y a su alrededor disfrutaron de aquella interrupción del intenso ritmo del programa de actividades de la Ruta Viracocha, fumando y charlando despreocupados y animados.</p>

<p>   Después pasaron a Paraguay, donde el programa de visitas y actividades les condujo a una comunidad indígena, a una misión jesuita y a una plantación de fruta y tabaco. En la visita a la misión jesuita los monitores pillaron a un par de expedicionarias que habían aprovechado que los ruteros se habían dispersado por las ruinas para fumar en un lugar discreto. Las castigaron con una buena carga de trabajos de campamento.</p>

<p>    -Me libré por poco- explicó Efrón a Almudena y Magda- fui yo quien les había pasado el tabaco y si me hubieran dicho hubiera ido a fumar con ellas.</p>

<p>    En la plantación les enseñaron los procesos de cultivo de fruta, bastante industrializados. Antes había sido una gran plantación de tabaco pero ahora habían dedicado buena parte de la superficie a la fruta. A Almudena le encantó la parte de los cultivos de tabaco. En la preparación de su trabajo para la Ruta Viracocha había tocado levemente el tema del cultivo y ahora estaba fascinada viendo como era realmente una plantación de tabaco, las plantas y su proceso de cultivo. Viendo su interés la persona de la plantación que le servía de guía la dejó en manos de Simón, un técnico agrícola que le enseñó con más detenimiento la plantación de tabaco junto con tres expedicionarios más y una de las monitoras, mientras el resto de los expedicionarios seguían por la plantación de frutas.</p>

<p>    -En ese galpón antes hacían los puros a mano.</p>

<p>    Entraron en el amplio taller donde ahora se acumulaban todo tipo de trastos, herramientas y máquinas en desuso, pero en la que aun se encontraban las mesas de madera donde se armaban los puros.</p>

<p>      -Me hubiera gustado ver como se hacían- comentó Almudena.</p>

<p>    -Aquí ya no hacemos, pero déjame tu e-mail y quizá pueda darte más información- le contestó el técnico.</p>

<p>    Los expedicionarios viajaron en autobús hasta Fuerte Olimpo y allí subieron a unos lanchones para descender por el río Paraguay, entre las fronteras de Brasil y Paraguay, atravesando el Pantanal. Por las tardes desembarcaban para acampar en una de las orillas, a veces cerca de alguna aldea o posada y a veces en plena naturaleza. En la tarde se repartían en grupos rotativos: tareas de campamento, deporte y paseos naturalistas. Cenaban en el crepúsculo y se relajaban. La oscuridad impedía hacer tareas por lo que no había más ocupaciones que alguna misa que celebró el capellán de la expedición, las interpretaciones musicales de los rutistas músicos y la conversación. Esos momentos de conversación nocturna en las acampadas en el pantanal fueron las mejores ocasiones en todo el viaje para el romanticismo y el flirteo, durante el resto del viaje el denso programa de actividades no dejaba mucho tiempo esas cosas. Se formaban parejas que charlaban sonrientes donde la luz de los faroles de gas empezaba a dar paso a las sombras. Por la noche ocasionalmente se oía que alguno de los expedicionarios se levantaba del lugar donde vivaqueaba para alejarse del campamento, quizá para “ir al baño” o quizá no.</p>

<p>    Almudena- oyó esta que le susurraban cuando ya estaba envuelta en su saco de dormir y había cerrado los ojos, casi dormida.</p>

<p>    -Hola Isidro- susurró sonriendo tras un instante de confusión. Se alegró de ver al chico, con el que aquella sobremesa había estado charlando a solas en una atmósfera de deliciosa complicidad y ternura.</p>

<p>    -¿Vienes a ver las estrellas?</p>

<p>    “¿Las estrellas? ¿A que viene lo de las estrellas?” pensó Almudena, con la parte racional y cartesiana de su cerebro.</p>

<p>    -Vale- contestó sin embargo antes de que le diera tiempo a pensarlo, sin importarle la falta de motivos racionales para interrumpir el descanso por una observación astronómica.</p>

<p>    Almudena se levantó en silencio, recogió su mochila pequeña, tomó de la mano a Isidro y se alejaron a hurtadillas de la zona de vivaqueo internándose en la llanura. A unos cientos de metros se sentaron sobre un poncho de lona y contemplaron la bóveda celeste, sobrecogedoramente abarrotada de estrellas, rodeados del profundo zumbar del canto nocturno de los insectos de la llanura, que parecía el acompañamiento musical idóneo para el espectáculo estelar. Tras un minuto con la boca abierta se miraron y se sonrieron. Isidro arriesgó un beso y Almudena lo recibió contenta. Lo rodeo con sus brazos y le besó. Siguió una riada de besos y caricias, cada vez más imparable, el deseo creciendo más y más hasta que se desnudaron e hicieron el amor entre la hierba torpe y tiernamente.</p>

<p>    Quedaron abrazados, estremecidos de emoción. Como suele pasar las primeras veces el sexo había ido regular, Almudena no llegó a tener un orgasmo y el de Isidro fue bastante precario, pero el encuentro sexual había sido tierno y conmovedor. Almudena se puso una compresa para evitar mancharse de sangre, aquella había sido su primera vez. También la de Isidro. Se abrazaron y quedaron dormidos.</p>

<p>    Isidro, previsor, había traído preservativos por si acaso, aunque si hubiera tenido que apostar si el encuentro nocturno iba a acabar en sexo con coito hubiera apostado a que no. En el equipo de higiene personal que se entregaba a todos los rutistas se incluían preservativos. Esta inclusión parecía un poco absurda, casi irónica, porque el denso programa de actividades en grupo de la expedición y el dormir en grupo parecía imposibilitar las relaciones sexuales, pero los organizadores del grupo, juiciosamente, por más que sabían que su sistema de organización de las actividades y el sueño eran una buena barrera contra el sexo, la cabra tira al monte y tal concentración de hormonas adolescentes hacían muy probable que algunos expedicionarios desarrollaran vínculos románticos y que incidentalmente se las ingeniaran para tener sexo a pesar de todo.</p>

<p>    Almudena se despertó con la primera luminosidad del alba.</p>

<p>    -Isidro, Isidro – le susurró.</p>

<p>    -Que...– despertó él confuso.</p>

<p>    -Se va a hacer de día, vamos con el grupo antes de que despierte alguien- explicó Almudena cogiendo sus cosas- Espera  un momento antes de volver para que no nos vean volver juntos.</p>

<p>    Isidro asintió mientras Almudena, tras besarle en la mejilla. se levantaba para irse.</p>

<p>    La expedición llegó al pequeño pueblo ribereño de San Lázaro a tiempo para comer. Por la tarde se dividieron en grupos de actividades. A Almudena le tocó grupo de deportes, carrera en grupo por la llanura. A Isidro le tocó tareas, limpieza y ordenado de las barcas. A Magda también le tocó deportes pero en su caso bicicleta, una suerte porque había pocas bicicletas en la expedición y era mucho más fácil que a uno le tocara carrera campo a través. Almudena se encontró con que Lala también estaba en su grupo. Corrieron juntas y charlaron entrecortadamante con el poco aliento que les quedaba. Almudena notó que Lala corría con más facilidad que ella, lo que acreditaba que el fumar ocasionalmente no le había hecho mella, por lo menos de momento, en sus capacidades deportivas y que quizá Almudena era demasiado sedentaria.</p>

<p>    -Almu ¿Te acuerdas que en Puerto Iguazú quedaste en invitarme a un puro?</p>

<p>    -Si.</p>

<p>    – Me gustaría probarlo.</p>

<p>    – A ver si esta noche... puedo invitarte.</p>

<p>    Regresaron al pueblo cansadas, cubiertas de sudor polvoriento y felices. Tras las duchas todos cenaron voraces y pronto empezaron las interpreteaciones musicales de los expedicionarios músicos en la plaza principal de San Lázaro, que atrajeron a un buen número de curiosos del pueblo, en especial jóvenes. Muchos expedicionarios se quedaron en la plaza a escuchar los conciertos mientras descansaban sus fatigados músculos, unos con más atención y otros, en el perímetro externo, charlando con sus compañeros. En cambio otra buena parte de los expedicionarios se dispersó por el pueblo, poco iluminado.</p>

<p>    Lala estaba en la plaza escuchando a una compañera que cantaba acompañada a la guitarra por otro rutista. Se le acercó Almudena.</p>

<p>    -Te debo un cigarro y es un buen momento. Mira, todos los monitores están en la plaza y no están al tanto de la gente que anda por el pueblo.</p>

<p>    Lala echó un vistazo alrededor y vió que efectivamente los monitores parecían muy acomodados en la plaza. La ocasión era propicia para una agradable travesura.</p>

<p>    -Aprovechemos, en la noche todos los gatos son pardos.– le dijo a Almudena levantándose.</p>

<p>    -¿A donde vas? – le preguntó Marcela, una de las chicas con la que estaba Lala.</p>

<p>    Lala se acuclilló.</p>

<p>    – A dar una vuelta- le dijo a Marcela y a Dorotea, y añadió en un susurro- y a fumar ¿Venís?</p>

<p>    -Paso – dijo Marcela con la anuencia de Dorotea.</p>

<p>    Se alejaron por la plaza. Almudena buscaba con la mirada.</p>

<p>       -¿A quien buscas? – le preguntó Lala.</p>

<p>    -Podría ser bueno llevar a algún chico que nos acompañara e Isidro quedó hablando con unos chicos.</p>

<p>    Lala estuvo de acuerdo, en el pueblo había tipos con aspecto de machito a la antigua.</p>

<p>    Se encontraron a Milca, que estaba de conversación con un chico grande y pacífico que iba a estudiar una ingeniería.</p>

<p>    -¿Vienes a fumar?– le cuchicheó Lala a Milca.</p>

<p>    Milca lo pensó un instante antes de asentir.</p>

<p>    -Traete a tu amigo.</p>

<p>    -No fuma.</p>

<p>    -Pero nos vendrá bien para contra los moscones.</p>

<p>    Milca le dijo al chico, Cardenio, si se iba con ellas a dar un paseo y este dijo que si. Los cuatro se separaron del bullicio y caminaron junto al río hasta un embarcadero que descendía a las aguas. Sentados junto al río Almudena sacó unos puros de su morral, dos hechos a mano y otros de máquina, de menor tamaño, ofreció a las chicas y tras un instante de duda también a Cardenio, sobre todo por cortesía. El chico rechazó el ofrecimiento sorprendido y Lala vaciló, no sabiendo si podía coger uno de los hechos a mano, más caros.</p>

<p>   -¿No tenéis cigarrillos?– preguntó Milca desolada.</p>

<p>    -Huy, no – lamentó Almudena.</p>

<p>    Milca hizo un mohín de contrariedad.</p>

<p>    – Espera, creo que tengo- djo Lala rebuscando en su pequeña mochila.</p>

<p>    – ¿Tu fumas? – Le preguntó Cardenio a Milca.</p>

<p>    – Solo a veces.</p>

<p>    Lala triunfante sacó una cajetilla de Cámel y un mechero.</p>

<p>    -De todas maneras podrías probar un puro- sugirió Almudena.</p>

<p>    -Me apetece un pitillo, luego ya veré.</p>

<p>    Milca extrajo un cigarrillo de la cajetilla de Lala y lo encendió con eficacia. Expelió satisfecha un torrente de humo y compuso una impecablemente elegante pose de fumadora.</p>

<p>    Almudena y Lala encendieron sus cigarros soltando pequeñas bocanadas hasta tenerlo bien encendido.</p>

<p>    -Recuerda no tragar el humo- le dijo Almudena a Lala, antes de tomar ya una buena bocanada.</p>

<p>    -Ya- contestó Lala, que saboreaba el humo con cautela y curiosidad.</p>

<p>    Las chicas fumaron y se relajaron, dejando atrás los nervios del carácter clandestino de la fumada, succionando y expeliendo humo satisfechas, conversando en el espacio delimitado por las fugaces nubes de tabaco. También Cardenio acabó sintiéndose cómodo en el cenáculo de fumadoras, a pesar de lo inesperado de la situación.</p>

<p>    Un rato después de acabar su cigarrillo, Milca probó alguna calada de los cigarros de Lala y Almudena, con bastante excepticismo.</p>

<p>    -No estuvo mal el puro – le dijo Lala a Almudena cuando ya volvían a la plaza- Es distinto pero alguna vez me gustará repetir la experiencia.</p>

<p><img src="https://www.foroambiental.net/archivo/images/cigarrillo-cordoba.jpg" alt="Fumadora al aire libre"></p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
]]></content:encoded>
      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-5-viajando-a-america-con-la-ruta-viracocha</guid>
      <pubDate>Thu, 22 Dec 2022 12:35:57 +0100</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Parte 4: Fiesta de fin de curso con Rebeca, Nissa y la fumadora Íngrid.</title>
      <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-4-fiesta-de-fin-de-curso-con-rebeca-ingrid-y-la-fumadora-nissa</link>
      <description>&lt;![CDATA[Las amigas de Almudena la avisaron de la fiesta de fin de curso que los compañeros del instituto habían organizado en una discoteca. Como ya habréis visto, entre sus estudios y su trabajo complementario Almudena tenía una agenda muy completa incompatible con una intensa vida social, de manera que Almudena, a sus diecisiete años, tenía poca experiencia en salir por la noche. Sin embargo era una ocasión especial y sus amigas de la pandilla estaban ilusionadísimas con el evento, por lo que Almudena no podía faltar.&#xA;&#xA;&#x9;La fiesta fue muy alegre, con la facilidad de ser todos conocidos, compañeros de colegio. La fiesta pronto se desdobló en dos nucleos, uno detro de la discoteca y otro fuera, en forma de mini-botellón, entre los cuales la gente circulaba constantemente. Almudena salió con sus amigas Nissa y Rebeca a la fiesta de afuera, a ver quien estaba por allí. Se sorprendió de ver a alguno de sus compañeros ya borracho y a alguna de sus compañeras con una claramente perceptible euforia etílica (otra en cambio, también algo colorada, estaba sentada en un bordillo lloriqueando bajo los cuidados de dos amigas con gesto dramático y solidario), nunca había visto a sus compañeros en esa situación. También le sorprendió ver a bastante gente fumando, no solo a la gente que habitualmente fumaba a las puertas del instituto.&#xA;&#xA;&#x9;Departieron con unas y con otros alegremente. Ver fumando como si tal cosa a compañeros de los que ni había sospechado esa inclinación, le hizo recordar sus puros. &#34;Ahora estaría encantada de poder fumar un puro&#34;, pensó fugazmente.&#xA;&#xA;&#x9;Volvieron a entrar en la disco, bailaron y como una hora después volvieron a salir, por si fuera se estaban perdiendo algo. Se les acercó Ingrid, otra compañera medio amiga de ellas, traía una shandy en una mano y le asomaba de un bolsillo una cajetilla de tabaco.&#xA;&#xA;&#x9;-¡Que hay chicas!- las saludó calurosamente- aun no nos habíamos visto- dijo abrazándolas alegremente- Allá tienen un poco de alcohol ¿No os apetece tomar algo?&#xA;&#x9;-Mmm, no se- dudó Nissa.&#xA;&#x9;-Estas shandys son suavitas, son como una clara ¿os animáis?&#xA;&#x9;-Bueno, asintió Rebeca por todas.&#xA;&#xA;&#x9;Las tres amigas abrieron sus botellines y sorbieron cautelosamente la clara embotellada. Preguntadas por Ingrid confesaron que estaban buenas. Ingrid abrió su cajetilla, sacó un cigarrillo y se lo encendió con gesto algo amateur.&#xA;&#xA;&#x9;-No me riñáis chicas- les dijo Ingrid ante sus miradas entre sorprendidas y reprobadoras, tras echar un chorro de humo.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena se preguntó como de parecido sería un cigarrillo a un puro, sabía que eran más adictivos y más simples que los puros pero, por consejo de Vicente y Gladia no había incluido los cigarrillos en sus experimentos con el tabaco. Le dio un poco de envidia ver a Ingrid echando humo.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Me das uno?- le dijo finalmente a Ingrid.&#xA;&#x9;-¿Un pitillo? Claro&#xA;&#xA;&#x9;Si Nissa y Rebeca se habían sorprendido de ver a Ingrid fumando, más se sorprendieron al ver a Almudena coger uno de los cigarrillos que Ingrid le tendía.&#xA;&#xA;&#x9;-Almudena, me dejas flipada- confesó Rebeca.&#xA;&#x9;-Es solo por probar, chicas.&#xA;&#xA;&#x9;Ingrid le dio fuego y Almudena expulsó una nube de humo. Ingrid ofreció tabaco a Nissa y Rebeca y estas rechazaron la invitación. Almudena saboreó el humo, lo encontró menos áspero que el de los puros pero también con un sabor menos intenso y más químico que le hizo pensar en cartón y aromatizantes.&#xA;&#xA;&#x9;Se unieron de nuevo a ellas Ricardo, Joaquín y Óliver, amigos de su pandilla. Se les pusieron los ojos como platos al ver a su serena y ordenada amiga Almudena sosteniendo un cigarrillo airosamente, jamás se les hubiera ocurrido. Almudena los saludó con una sonrisa divertida y culpable.&#xA;&#xA;&#x9;&#34;¡Oh no, Almudena no!&#34;, pensó Joaquín, tratando de mantener una diplomática sonrisa. &#34;Que no resulte ser otra bobita superficial&#34;&#xA;&#xA;&#x9;&#34;¡Ay Dios, está fantástica, creo que me va a dar algo!&#34;, pensó Ricardo, que tenía debilidad por las fumadoras. Sintió como le sobrevenía una rápida erección y se giró, haciendo como que contemplaba ociosamente el panorama de la fiesta, para que no le vieran colocarse discretamente el pene en una posición menos incómoda y más disimulada. Tras la operación se giró de nuevo hacia las chicas. A sus ojos, con el cigarrillo en ristre, Almudena parecía otra, más mujer, más intensa, mucho más sensual. Su tierna amiga se había convertido de repente en una pin-up por la misteriosa influencia del tabaco. La vió llevarse el cigarrillo a sus frescos labios, que se sellaron alrededor del filtro, y expeler un algodonoso chorro de humo. Ricardo se esforzó en apartar la mirada, temiendo parecer raro.&#xA;&#xA;&#x9;-¿No tragas el humo?- le dijo Ingrid a Almudena por lo bajinis.&#xA;&#x9;-No, es que hasta ahora solo había fumado puros, que no se inhala su humo.&#xA;&#x9;-¿Puros?- se extrañó Ingrid manteniendo la conversación en un tono que solo ellas dos podían oir.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena asintió. Ingrid no supo si estaba de broma o no.&#xA;&#xA;&#x9;-Yo tampoco aspiro mucho el humo, pero si quieres probar, coge un poquito de humo en la boca y después aspira aire.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena probó a hacerlo así. Sintió un intenso cosquilleo en el gaznate y a duras penas consiguió no toser.&#xA;&#xA;&#x9;-Échalo despacio- le susurró Ingrid.&#xA;&#xA;&#x9;Así lo hizo, el fino cono de aliento exhalado se hizo visible, mezclado con el humo de tabaco, mientras Almudena sintió una suave ola de vértigo en su cabeza y espina dorsal.&#xA;&#x9;&#x9;&#xA;&#x9;&#x9;-¿Que tal?&#xA;&#x9;&#x9;&#xA;&#x9;&#x9;-Creo que bien- dudó Almudena.&#xA;&#x9;&#xA;&#xA;&#x9;Almudena siguió fumando el cigarrillo, ante bastantes miradas sorprendidas, alternando caladas simples con alguna calada tragando el humo, experimentando con esa otra manera de fumar. En una de esas no pudo evitar toser un poco. Acabó el cigarrillo, charlaron un poco más con unos y otros y volvieron a dentro a bailar. Almudena sintió en su boca el sabor residual del cigarrillo y le pareció bastante malo, le recordaba al olor de los ceniceros. &#34;El sabor que dejan los puros no es así&#34;, pensó.&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>Las amigas de Almudena la avisaron de la fiesta de fin de curso que los compañeros del instituto habían organizado en una discoteca. Como ya habréis visto, entre sus estudios y su trabajo complementario Almudena tenía una agenda muy completa incompatible con una intensa vida social, de manera que Almudena, a sus diecisiete años, tenía poca experiencia en salir por la noche. Sin embargo era una ocasión especial y sus amigas de la pandilla estaban ilusionadísimas con el evento, por lo que Almudena no podía faltar.</p>

<p>    La fiesta fue muy alegre, con la facilidad de ser todos conocidos, compañeros de colegio. La fiesta pronto se desdobló en dos nucleos, uno detro de la discoteca y otro fuera, en forma de mini-botellón, entre los cuales la gente circulaba constantemente. Almudena salió con sus amigas Nissa y Rebeca a la fiesta de afuera, a ver quien estaba por allí. Se sorprendió de ver a alguno de sus compañeros ya borracho y a alguna de sus compañeras con una claramente perceptible euforia etílica (otra en cambio, también algo colorada, estaba sentada en un bordillo lloriqueando bajo los cuidados de dos amigas con gesto dramático y solidario), nunca había visto a sus compañeros en esa situación. También le sorprendió ver a bastante gente fumando, no solo a la gente que habitualmente fumaba a las puertas del instituto.</p>

<p>    Departieron con unas y con otros alegremente. Ver fumando como si tal cosa a compañeros de los que ni había sospechado esa inclinación, le hizo recordar sus puros. “Ahora estaría encantada de poder fumar un puro”, pensó fugazmente.</p>

<p>    Volvieron a entrar en la disco, bailaron y como una hora después volvieron a salir, por si fuera se estaban perdiendo algo. Se les acercó Ingrid, otra compañera medio amiga de ellas, traía una shandy en una mano y le asomaba de un bolsillo una cajetilla de tabaco.</p>

<p>    -¡Que hay chicas!– las saludó calurosamente- aun no nos habíamos visto- dijo abrazándolas alegremente- Allá tienen un poco de alcohol ¿No os apetece tomar algo?
    -Mmm, no se- dudó Nissa.
    -Estas shandys son suavitas, son como una clara ¿os animáis?
    -Bueno, asintió Rebeca por todas.</p>

<p>    Las tres amigas abrieron sus botellines y sorbieron cautelosamente la clara embotellada. Preguntadas por Ingrid confesaron que estaban buenas. Ingrid abrió su cajetilla, sacó un cigarrillo y se lo encendió con gesto algo amateur.</p>

<p>    -No me riñáis chicas- les dijo Ingrid ante sus miradas entre sorprendidas y reprobadoras, tras echar un chorro de humo.</p>

<p>    Almudena se preguntó como de parecido sería un cigarrillo a un puro, sabía que eran más adictivos y más simples que los puros pero, por consejo de Vicente y Gladia no había incluido los cigarrillos en sus experimentos con el tabaco. Le dio un poco de envidia ver a Ingrid echando humo.</p>

<p>    -¿Me das uno?– le dijo finalmente a Ingrid.
    -¿Un pitillo? Claro</p>

<p>    Si Nissa y Rebeca se habían sorprendido de ver a Ingrid fumando, más se sorprendieron al ver a Almudena coger uno de los cigarrillos que Ingrid le tendía.</p>

<p>    -Almudena, me dejas flipada- confesó Rebeca.
    -Es solo por probar, chicas.</p>

<p>    Ingrid le dio fuego y Almudena expulsó una nube de humo. Ingrid ofreció tabaco a Nissa y Rebeca y estas rechazaron la invitación. Almudena saboreó el humo, lo encontró menos áspero que el de los puros pero también con un sabor menos intenso y más químico que le hizo pensar en cartón y aromatizantes.</p>

<p>    Se unieron de nuevo a ellas Ricardo, Joaquín y Óliver, amigos de su pandilla. Se les pusieron los ojos como platos al ver a su serena y ordenada amiga Almudena sosteniendo un cigarrillo airosamente, jamás se les hubiera ocurrido. Almudena los saludó con una sonrisa divertida y culpable.</p>

<p>    “¡Oh no, Almudena no!”, pensó Joaquín, tratando de mantener una diplomática sonrisa. “Que no resulte ser otra bobita superficial”</p>

<p>    “¡Ay Dios, está fantástica, creo que me va a dar algo!”, pensó Ricardo, que tenía debilidad por las fumadoras. Sintió como le sobrevenía una rápida erección y se giró, haciendo como que contemplaba ociosamente el panorama de la fiesta, para que no le vieran colocarse discretamente el pene en una posición menos incómoda y más disimulada. Tras la operación se giró de nuevo hacia las chicas. A sus ojos, con el cigarrillo en ristre, Almudena parecía otra, más mujer, más intensa, mucho más sensual. Su tierna amiga se había convertido de repente en una pin-up por la misteriosa influencia del tabaco. La vió llevarse el cigarrillo a sus frescos labios, que se sellaron alrededor del filtro, y expeler un algodonoso chorro de humo. Ricardo se esforzó en apartar la mirada, temiendo parecer raro.</p>

<p>    -¿No tragas el humo?– le dijo Ingrid a Almudena por lo bajinis.
    -No, es que hasta ahora solo había fumado puros, que no se inhala su humo.
    -¿Puros?– se extrañó Ingrid manteniendo la conversación en un tono que solo ellas dos podían oir.</p>

<p>    Almudena asintió. Ingrid no supo si estaba de broma o no.</p>

<p>    -Yo tampoco aspiro mucho el humo, pero si quieres probar, coge un poquito de humo en la boca y después aspira aire.</p>

<p>    Almudena probó a hacerlo así. Sintió un intenso cosquilleo en el gaznate y a duras penas consiguió no toser.</p>

<p>    -Échalo despacio- le susurró Ingrid.</p>

<p>    Así lo hizo, el fino cono de aliento exhalado se hizo visible, mezclado con el humo de tabaco, mientras Almudena sintió una suave ola de vértigo en su cabeza y espina dorsal.</p>

<p>        -¿Que tal?</p>

<p>        -Creo que bien- dudó Almudena.</p>

<p>    Almudena siguió fumando el cigarrillo, ante bastantes miradas sorprendidas, alternando caladas simples con alguna calada tragando el humo, experimentando con esa otra manera de fumar. En una de esas no pudo evitar toser un poco. Acabó el cigarrillo, charlaron un poco más con unos y otros y volvieron a dentro a bailar. Almudena sintió en su boca el sabor residual del cigarrillo y le pareció bastante malo, le recordaba al olor de los ceniceros. “El sabor que dejan los puros no es así”, pensó.</p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
]]></content:encoded>
      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-4-fiesta-de-fin-de-curso-con-rebeca-ingrid-y-la-fumadora-nissa</guid>
      <pubDate>Mon, 12 Dec 2022 13:35:21 +0100</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Parte 3: Conociendo la cultura del tabaco.</title>
      <link>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-3-conociendo-la-cultura-del-tabaco</link>
      <description>&lt;![CDATA[El sábado y el fin de semana siguiente pasaron sin más novedad, Almudena trabajó como de costumbre, aunque sintiéndose más segura por conocer mejor el producto que estaba vendiendo, y al acabar su jornada se marchó a casa o a reunirse con amigas y algún amigo. Almudena no parecía muy centrada en el tema chicos pero lo cierto es que, sin pretender tener citas ni practicar el flirteo, en su pandilla solía estar ún chico que incluso en alguna ocasión le fue a buscar al salir del trabajo.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Ese chico del otro día es tu novio?- le preguntó Galia.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Joaquin? Nooo, es solo un amigo de la pandilla- explicó la formal Almudena como si eso de los novios no fuese con ella.&#xA;&#xA;&#x9;&#xA;&#x9;-¿No sales con él?&#xA;&#x9;&#xA;&#x9;-Solo en plan amigos.&#xA;&#x9;&#xA;&#x9;-En plan de amigos...esas amistades adolescentes tan tiernas suelen ser muy emocionantes. No dejes de tener amigos como ese- le dijo Galia con un tonillo cómplice que indicaba que no se creía eso de la pura amistad.&#xA;&#xA;&#x9;Un par de fines de semana después de su experiencia tabáquica, Almudena preguntó si podía repetirla.&#xA;&#xA;&#x9;&#xA;&#x9;-Bueno. Creía que ya habías perdido el interés.&#xA;&#x9;&#xA;&#x9;-No, me gustaría experimentar un poco más.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena fumó un Vega Fina mientras comprobaban la facturación en el ordenador y, tras acabar esa tarea, mientras charlaba un rato con Galia. A Galia le dio envidia de fumador y se encendió un cigarrillo.&#xA;&#xA;&#x9;En las siguientes semanas Almudena continuó consultando libros sobre la historia del tabaco en América y España, redactando su trabajo para la Ruta Viracocha y complementando su estudio teórico sobre el tema con el estudio práctico. Prefería fumar al cierre del estanco cuando estaba Vicente, que le acompañaba en la fumada, porque si solo estaba Galia se agobiaba un poco al pensar que esta podía estar retrasando el abandono de la tienda por esperar a que Almudena acabara su cigarro, aunque Galia nunca le hizo ningún reproche. No todas las semanas tenía ocasión. Fumó diversos cigarros, de diferentes tamaños y de diferentes calidades, reales o presuntas. Vicente no creía que los puros hechos a máquina fueran necesariamente peores que los hechos a mano, consideraba que lo realmente relevante era la materia prima, así que también fumaron puros mecanizados. También probó puritos e incluso tuvo un par de sesiones de pipa. Al familiarizarse con el sabor de los puros lo fue encontrando más agradable. Enseguida fue consciente de las diferencias en el sabor de los diferentes puros pero encontró que, aunque unos le gustaban más que otros, con excepción de algún purito las fumadas siempre resultaban interesantes y entretenidas.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena acabó su trabajo para la Ruta Viracocha, lo envió por correo y dio por terminada su investigación teórica y práctica sobre el tabaco. Ya en enero recibió una carta en la que se le informaba de que había sido seleccionada como participante de la Ruta Viracocha. &#xA;&#xA;&#x9;Una vez acabada su investigación Almudena ya fue capaz en alguna ocasión de aconsejar sobre puros a algún comprador lego en la materia. Le satisfacía ser capaz de hablar sobre puros con clientes, la cultura del tabaco le resultaba interesante. A principìos de febrero un sábado al mediodía se quedó a comer con Gladia y su amiga Jacinta en una casa de comidas cercana al estanco. Al acabar de comer no se quedaron a tomar café, se fueron al estanco para tomárselo, ahorrándose unos eurillos y pudiendo acompañarlo con un cigarrillo a salvo del frío, aun faltaba más de una hora para abrir el estanco al público.&#xA;&#xA;&#x9;Se sentaron en el estanco, tras la persiana metálica medio cerrada y se sirvieron tres cafés de la máquina. Gladia siempre presumía de que el café de su máquina era tan bueno como el de cualquier cafetería. Las dos adultas encendieron sus cigarrillos con alivio continuando la alegre charla. Almudena era una más en la reunión. Una vez entregado su trabajo para la Ruta Viracocha, Almudena ya había dado por terminada su investigación sobre el tabaco, pero viendo a las dos mujeres aspirando y echando humo alegremente a Almudena le dio envidia y sintió deseos de fumar, pero lo que se le antojaba no era un cigarrillo si no un cigarro.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Puedo coger un Guahiro?- preguntó tras un minuto de duda a la estanquera.&#xA;&#xA;&#x9;Esta asintió antes de añadir que podía coger un habano si lo prefería.&#xA;&#xA;&#x9;Almudena declinó la deferencia y no queriendo hacerle a Gladia mucho gasto se conformó con un modesto Guahiro, que además era bastante rápido de fumar, adecuado para el momento.&#xA;&#xA;&#x9;Jacinta la miraba entre incrédula y sorprendida mientras Almudena iba a buscar el puro y se lo traía a la mesa. Mientras Almudena se encendía el puro Jacinta inhaló una gran bocanada de humo de su cigarrillo que retuvo largos segundos, mientras observaba a la chica, antes de expulsar lentamente un prieto chorro de humo. Almudena se aseguró de que el cigarro quedara bien encendido dándole unas buenas caladas. Le encantó saborear humo de tabaco de nuevo.&#xA;&#xA;&#x9;-¿Y hace mucho que fumas puros?- preguntó finalmente Jacinta.&#xA;&#x9;-No, en realidad no fumo- contestó Almudena sosteniendo femeninamente el puro, con el codo apoyado en la mesa. Dándose cuenta de que la contestación sonaría poco creíble añadió- He fumado alguno en los últimos meses.&#xA;&#xA;&#x9;Las dos adultas acabaron sus cigarrillos y después de unos minutos se encendieron otros dos, algo inevitable en una atmósfera tan tabaquista como el que había creado el puro de Almudena.&#xA;&#xA;&#xD;&#xA;CW: smoking fetish, capnolagnia.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la #capnolagnia, el fetichismo del tabaco (#smokingfetish) o fetichismo de #fumadoras, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.&#xD;&#xA;&#xD;&#xA;Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando aquí. &#xD;&#xA;&#xD;&#xA;sigfrido@gmx.es]]&gt;</description>
      <content:encoded><![CDATA[<p>El sábado y el fin de semana siguiente pasaron sin más novedad, Almudena trabajó como de costumbre, aunque sintiéndose más segura por conocer mejor el producto que estaba vendiendo, y al acabar su jornada se marchó a casa o a reunirse con amigas y algún amigo. Almudena no parecía muy centrada en el tema chicos pero lo cierto es que, sin pretender tener citas ni practicar el flirteo, en su pandilla solía estar ún chico que incluso en alguna ocasión le fue a buscar al salir del trabajo.</p>

<p>    -¿Ese chico del otro día es tu novio?– le preguntó Galia.</p>

<p>    -¿Joaquin? Nooo, es solo un amigo de la pandilla- explicó la formal Almudena como si eso de los novios no fuese con ella.</p>

<p>    -¿No sales con él?</p>

<p>    -Solo en plan amigos.</p>

<p>    -En plan de amigos...esas amistades adolescentes tan tiernas suelen ser muy emocionantes. No dejes de tener amigos como ese- le dijo Galia con un tonillo cómplice que indicaba que no se creía eso de la pura amistad.</p>

<p>    Un par de fines de semana después de su experiencia tabáquica, Almudena preguntó si podía repetirla.</p>

<p>    -Bueno. Creía que ya habías perdido el interés.</p>

<p>    -No, me gustaría experimentar un poco más.</p>

<p>    Almudena fumó un Vega Fina mientras comprobaban la facturación en el ordenador y, tras acabar esa tarea, mientras charlaba un rato con Galia. A Galia le dio envidia de fumador y se encendió un cigarrillo.</p>

<p>    En las siguientes semanas Almudena continuó consultando libros sobre la historia del tabaco en América y España, redactando su trabajo para la Ruta Viracocha y complementando su estudio teórico sobre el tema con el estudio práctico. Prefería fumar al cierre del estanco cuando estaba Vicente, que le acompañaba en la fumada, porque si solo estaba Galia se agobiaba un poco al pensar que esta podía estar retrasando el abandono de la tienda por esperar a que Almudena acabara su cigarro, aunque Galia nunca le hizo ningún reproche. No todas las semanas tenía ocasión. Fumó diversos cigarros, de diferentes tamaños y de diferentes calidades, reales o presuntas. Vicente no creía que los puros hechos a máquina fueran necesariamente peores que los hechos a mano, consideraba que lo realmente relevante era la materia prima, así que también fumaron puros mecanizados. También probó puritos e incluso tuvo un par de sesiones de pipa. Al familiarizarse con el sabor de los puros lo fue encontrando más agradable. Enseguida fue consciente de las diferencias en el sabor de los diferentes puros pero encontró que, aunque unos le gustaban más que otros, con excepción de algún purito las fumadas siempre resultaban interesantes y entretenidas.</p>

<p>    Almudena acabó su trabajo para la Ruta Viracocha, lo envió por correo y dio por terminada su investigación teórica y práctica sobre el tabaco. Ya en enero recibió una carta en la que se le informaba de que había sido seleccionada como participante de la Ruta Viracocha.</p>

<p>    Una vez acabada su investigación Almudena ya fue capaz en alguna ocasión de aconsejar sobre puros a algún comprador lego en la materia. Le satisfacía ser capaz de hablar sobre puros con clientes, la cultura del tabaco le resultaba interesante. A principìos de febrero un sábado al mediodía se quedó a comer con Gladia y su amiga Jacinta en una casa de comidas cercana al estanco. Al acabar de comer no se quedaron a tomar café, se fueron al estanco para tomárselo, ahorrándose unos eurillos y pudiendo acompañarlo con un cigarrillo a salvo del frío, aun faltaba más de una hora para abrir el estanco al público.</p>

<p>    Se sentaron en el estanco, tras la persiana metálica medio cerrada y se sirvieron tres cafés de la máquina. Gladia siempre presumía de que el café de su máquina era tan bueno como el de cualquier cafetería. Las dos adultas encendieron sus cigarrillos con alivio continuando la alegre charla. Almudena era una más en la reunión. Una vez entregado su trabajo para la Ruta Viracocha, Almudena ya había dado por terminada su investigación sobre el tabaco, pero viendo a las dos mujeres aspirando y echando humo alegremente a Almudena le dio envidia y sintió deseos de fumar, pero lo que se le antojaba no era un cigarrillo si no un cigarro.</p>

<p>    -¿Puedo coger un Guahiro?– preguntó tras un minuto de duda a la estanquera.</p>

<p>    Esta asintió antes de añadir que podía coger un habano si lo prefería.</p>

<p>    Almudena declinó la deferencia y no queriendo hacerle a Gladia mucho gasto se conformó con un modesto Guahiro, que además era bastante rápido de fumar, adecuado para el momento.</p>

<p>    Jacinta la miraba entre incrédula y sorprendida mientras Almudena iba a buscar el puro y se lo traía a la mesa. Mientras Almudena se encendía el puro Jacinta inhaló una gran bocanada de humo de su cigarrillo que retuvo largos segundos, mientras observaba a la chica, antes de expulsar lentamente un prieto chorro de humo. Almudena se aseguró de que el cigarro quedara bien encendido dándole unas buenas caladas. Le encantó saborear humo de tabaco de nuevo.</p>

<p>    -¿Y hace mucho que fumas puros?– preguntó finalmente Jacinta.
    -No, en realidad no fumo- contestó Almudena sosteniendo femeninamente el puro, con el codo apoyado en la mesa. Dándose cuenta de que la contestación sonaría poco creíble añadió- He fumado alguno en los últimos meses.</p>

<p>    Las dos adultas acabaron sus cigarrillos y después de unos minutos se encendieron otros dos, algo inevitable en una atmósfera tan tabaquista como el que había creado el puro de Almudena.</p>

<p><em>CW: smoking fetish, capnolagnia.</em></p>

<p><em>Este relato no pretende ser una apología del tabaquismo ni una negación de sus indudables efectos tóxicos y adictivos, ni del lógico derecho a disfrutar de ambientes libres de humo. La única intención de este cuento es lúdica, es un relato que juega con la <a href="/haciendo-camino/tag:capnolagnia" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">capnolagnia</span></a>, el fetichismo del tabaco (<a href="/haciendo-camino/tag:smokingfetish" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">smokingfetish</span></a>) o fetichismo de <a href="/haciendo-camino/tag:fumadoras" class="hashtag" rel="nofollow"><span>#</span><span class="p-category">fumadoras</span></a>, y sus descripciones de la experiencia tabaquista y sus consecuencias no son necesariamente realistas.</em></p>

<p><em>Podéis encontrar una versión más completa de este relato en Scribd, clicando <a href="https://es.scribd.com/document/461561444/El-mundo-del-sabor-Almudena-descubre-el-encanto-de-fumar" rel="nofollow">aquí</a>.</em></p>

<p><a href="sigfrido@gmx.es" rel="nofollow">sigfrido@gmx.es</a></p>
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      <guid>https://blog.liberta.vip/haciendo-camino/parte-3-conociendo-la-cultura-del-tabaco</guid>
      <pubDate>Mon, 12 Dec 2022 13:28:40 +0100</pubDate>
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